Se cumplieron 150 años de la llegada del Perito Moreno al lago Nahuel Huapi
Francisco Pascasio “Perito” Moreno, hace ciento cincuenta años, el 22 de enero de 1876, llegó por primera vez al lago Nahuel Huapi, donde, a su orilla, izó la bandera argentina. Aquel momento fue recordado en el Museo de la Patagonia, sitio en el que se resguarda aquella insignia patria que flameó en la zona gracias al explorador.
En ese espacio tradicional del Centro Cívico de Bariloche, se realizó un encuentro simbólico, del que participaron el intendente del Parque Nacional Nahuel Huapi, Dámaso Larraburu; los coordinadores Mariano Dalla Cia y Soledad Tomas, y el directo del museo, Eduardo Pérez. Asimismo, estuvo presente el presidente del Colegio de Profesionales en Turismo de Río Negro, Andrés Diehl.
Encuentro simbólico para recordar al Perito Moreno.
Tras un breve acto, Eduardo Pérez, “alma” del Museo de la Patagonia, explicó el significado que tiene la figura del científico para Parques Nacionales: “Moreno es una persona muy importante para la Administración, porque, a través de su donación, es el fundador de los parques. Hay que recordar que recibió veinticinco leguas, de las cuales destinó tres para crear un parque nacional. Ese fue el origen de Parques Nacionales”.
En cuanto a su llegada a la región, explicó: “Moreno salió de Buenos Aires el 25 de septiembre de 1875. Su plan era llegar hasta Valdivia. Pidió ayuda a la Sociedad Científica Argentina. Le dijeron que sí y, con ese aval, partió en tren hasta Las Flores, de ahí a Azul en galera —carro— y después siguió hasta Carmen de Patagones a caballo, con unas pocas personas que lo ayudaban”.
“En el viaje la pasó mal, porque la gente que venía con él se cansó, consumieron todos los víveres, no querían saber más nada… Todo se demoró mucho más tiempo de lo que pensaba, las personas se cansaron, le consumieron todos los víveres, perdían los caballos… Pero recibió ayuda (por ejemplo, el apoyo de Liborio Bernal) y pudo llegar acá, después de reunirse con Saihueque y otros caciques que le permitieron acercarse sólo hasta el Nahuel Huapi y luego regresar, cosa que él aceptó. Vino, estuvo tres días y, cuando se enteró de que iba a pasar un malón, emprendió el regreso. El 11 de marzo de 1976 arribó a Buenos Aires”.
Eduardo destacó la cantidad de elementos que pertenecieron al explorador que se exhiben en el Museo de la Patagonia.
El director del Museo de la Patagonia destacó: “Moreno fue el primer explorador que llegó desde el lado del Atlántico, porque el resto, hasta ese momento, había venido de Chile”.
“Aquel fue el inicio de todos los viajes que realizó a la región, y de todo lo que emprendió luego”, expresó Eduardo Pérez, quien hizo hincapié en la gran cantidad de objetos que pertenecieron al explorador que se encuentran en el museo: “Acá está gran parte de su colección. Cosas relacionadas con su historia, con los sucesos y eventos que atravesaron su vida. Porque, aparte de la relevancia de sus viajes, él creó el Museo de la Plata y fue jefe de la Comisión de Límites entre Argentina y Chile, por ejemplo”.
En tal sentido, debe resaltarse que al ingresar al Museo de la Patagonia, apenas se sube la escalera que lleva hacia la planta alta, el visitante se topa con dos banderas argentinas. Una de ellas, precisamente, es la que izó Moreno a orillas del lago Nahuel Huapi, en un sector cercano al ingreso de la zona del río Limay.
Luego está el “pabellón Moreno”, donde, entre otras cosas, según indicó Eduardo Pérez, destaca “el revólver que trajo en su primer viaje, un Russian 44”. En tal sentido, detalló: “Sobre el lateral del arma, está escrito el itinerario de aquella expedición”.
Pérez también mencionó “una palangana, los binoculares, los lentes, un lápiz, boletos de ferrocarril…”.
Además, claro, se exhibe una reproducción del documento de donación de las tierras que dieron origen al primer parque nacional de Latinoamérica. El original (con las hojas separadas por papel de seda con una cartulina libre de ácido), según recalcó Eduardo –como si fuera una broma, pero, a la vez, bastante en serio– “está guardado bajo diez llaves”.