Navegar educativo: los chicos hicieron barquitos en el Puerto San Carlos
El Puerto San Carlos funcionó como tal, despidiendo a barcos que se lanzaron al lago… pero, claro, hablamos de embarcaciones diminutas, de unos pocos centímetros, creadas por las manos también pequeñas de niños que asistieron a la propuesta que Guadalupe Gómez Kajihara y Cristian Parano, en el marco de su proyecto Territorios conscientes, presentaron en Bariloche bajo el nombre de Astillero.
Ambos son docentes, y hace alrededor de diez años comenzaron con Territorios conscientes, una idea tendiente al “diseño, armado y puesta en acción de espacios educativos”, según explica Cristian.
Los inicios fueron de la mano de Ana Pahn, también docente, quien luego falleció. “Ahora está en otro plano, enviándonos fuerzas”, dice el joven, quien añade: “Trabajamos con una pedagogía alternativa que ella nos acercó”.
De tal forma, señala que han desarrollado la labor trabajando “en conjunto con el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires”, y detalla que se desempeñan “con escuelas públicas, articulando proyectos, todo en un predio del Estado, el Parque de la Ciudad, al sur de la capital”.
“Ahora comenzamos a hacer una gira, rodando por las provincias”, señala, explicando, de ese modo, el paso por Bariloche.
Los creadores junto a sus invenciones.
“Para este viaje armamos cuatro talleres”, cuenta, y puntualiza que uno está dedicado al yoga; otro, a la creación de arte con elementos que se encuentran en la naturaleza, lo que lleva a pinceles hechos con plumas y el uso de pigmentos naturales; el tercero tiene que ver con un circuito de caños para jugar con agua, presentando una especie de laboratorio que permite abordar conceptos básicos. El cuarto, en tanto, es el que desembarcó en Bariloche, con la construcción de barquitos con materiales que se encuentran en la naturaleza.
Materiales para "fabricar" barcos.
“Se trata de mostrar otra forma de abordar conceptos educativos a través del juego, repensando el rol de las infancias. Nosotros vamos por otro lado del que ofrece el concepto viejo que apunta a que los chicos están vacíos y hay que meterles conocimientos, porque, en realidad, ellos ya vienen con sus ganas de explorar, incluso sus saberes… No dirigimos la actividad, sino que somos guías. Los niños exploran los materiales de manera libre, y se mueven de acuerdo con su curiosidad y potencialidades”, expresa Cristian.
Mente creando.
“No hay un modelo de barco, no se pretende que sean todos iguales, sino que charlamos de lo que necesita cada embarcación para flotar y navegar; después, cada uno lo arma como quiere”, agrega, aclarando que para la fabricación cuentan con diversas herramientas.
Momento de pintar.
Además, suma: “En esta gira, por los incendios que se han generado en la Patagonia, estamos hablando mucho de la concientización ambiental. Por ejemplo, explicamos qué materiales pueden usar para los barquitos sin contaminar, y destacamos que no debe generarse basura en los lugares que se visitan”.
De tal forma, los chicos, con Astillero, utilizan cortezas, ramas, plumas, hojas de diversos árboles, piñas…
Imaginando un barco fantasma.
Cabe remarcar que, de tres años en adelante, todos pueden participar. Por ejemplo, en Bariloche, más allá de los niños, las familias se acoplaron y colaboraron para la creación de las pequeñas embarcaciones.
La próxima parada de la gira de Territorios conscientes será Villa La Angostura. Luego, quizá Esquel. La propuesta, en gran parte, se va armando en el camino. Quienes deseen seguir el derrotero de estos jóvenes educadores pueden visitarlos en Instagram, donde se encuentran como @territorios.conscientes; allí van colocando las novedades de la travesía.
Un modo distinto de jugar y aprender.
Cuando se le consulta qué lo motiva a desarrollar este concepto pedagógico alternativo, e incluso a viajar para difundirlo, Cristian aprecia: “Hay un estancamiento en la educación, y los chicos, a medida que van creciendo en la escuela, van perdiendo las ganas de estar ahí. Se coarta mucho la cuestión de la curiosidad, del querer saber. Y uno, a partir de la curiosidad que tiene de chico, después elige qué ser de adulto. En la educación media se ven chicos que no saben qué estudiar luego, y eso tiene que ver con que, durante el transcurso de la escuela, se van apagando las ganas de saber”.
Asimismo, considera: “En la actualidad, existe una competencia con internet, y el desafío es mantener las ganas de estar en la escuela en lugar de querer quedarse en la casa con la computadora”.