2026-01-14

Artes marciales en las plazas de Bariloche: para que todos puedan disfrutar de la experiencia

Una forma de aprender a tener mayor seguridad en la manera de transitar la vida.

La escena podría remitir a un paisaje oriental, pero no, se trata de Bariloche. En una de las tantas plazas de la ciudad, durante enero, cualquiera que se cruce con un grupo de gente practicando artes marciales no debería sorprenderse. Se trata de una propuesta que invita a realizar esa actividad al aire libre y de manera gratuita.

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“Este es el tercer verano en que lo hacemos”, cuenta Melina Borgese, maestra de la escuela Wu Shu Tao.

De tal forma, Melina señala que la propuesta se vincula a los inicios de la entidad: “La escuela nació en una plaza hace unos quince años, cuando vino mi maestro, Javier López, y no tenía un lugar para dar clases, así que, con la sed de compartir lo que hacía, comenzó a brindarlas en la plaza Belgrano”.

“Con lluvia o frío, los encuentros se realizaban en ese ámbito”, explica la representante de la institución.

 

Una propuesta distinta.

Luego, con el tiempo, pudieron contar con instalaciones para desarrollar el arte marcial, e incluso la institución abrió espacios en otras ciudades, tanto de Argentina como de países vecinos. A manera simbólica en recuerdo de sus comienzos, y a la vez como forma de agradecimiento a la gente que acompañó el proyecto durante sus pasos iniciales, surgió la idea de llevar a cabo encuentros gratuitos en diversas plazas de Bariloche. Este año, la propuesta se desarrollará durante enero, y quizá continúe en febrero, en las plazas Belgrano, Virgen de las Nieves y Nahuel Malal, además del Paseo del Este y otros espacios (los días, lugares y horarios pueden consultarse en las redes sociales de la entidad).

Al aire libre.

En cuanto a la actividad que realizan habitualmente en la escuela, Melina reflexiona: “Lo que hacemos no queda sólo en una práctica, porque, para nosotros, esto es un reflejo de la vida, ya que la adaptabilidad que generamos practicando la llevamos a la existencia diaria, donde atravesamos momentos buenos y malos, y tenemos que saber ajustarnos a esas cosas”. Y añade: “Creemos que entrenar nos hace personas más flexibles”.

Melina, durante una clase.

Melina es oriunda de Buenos Aires. En 2013 llegó a Bariloche en pos de conseguir mayor tranquilidad, en el marco de una búsqueda personal. “Cuando vine, caminaba mucho, tratando de ordenar mis pensamientos”, sonríe. Y varias veces, como si el destino la empujara, llegó a distintos recintos de la escuela, hasta que un día ingresó a uno de ellos. En aquella misma jornada comenzó a tomar clases, y en la actualidad es instructora.

Sobre su experiencia con el arte marcial, señala: “Me enseñó a ir sin tanto miedo por la vida, a hacer cosas que, de no contar con la seguridad que esto me otorgó, no me hubiese animado, desde viajar sola por Centroamérica a renunciar a un trabajo”.

“Las clases abiertas son una manera de devolver todo lo que la gente nos da, porque en la escuela tenemos un ida y vuelta valioso, con familias que se acercan y ayudan, apoyando distintas campañas que hacemos”, apunta Melina, en relación con acciones solidarias que llevan adelante en la entidad, como recolectar juguetes en fechas como Navidad y Reyes para destinarlos a diversos merenderos, o, en estos momentos, en brindar un espacio para que la asociación civil Circuito Verde recolecte insumos destinados a la gente afectada por los incendios. 

De tal forma, la joven recalca que “la escuela tiene una base social muy fuerte, y se produce un sentido de comunidad importante”.  

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