SU FAMILIA
La historia familiar menos conocida de Christian Petersen: hijos, amor y segundas oportunidades
Cuando se nombra a Christian Petersen, la mayoría piensa en su trayectoria como chef, los programas de televisión y los proyectos gastronómicos que llevan su apellido. Sin embargo, la parte más íntima de su historia se fue escribiendo puertas adentro, en torno a la familia, los afectos y una forma de vivir la cocina que atraviesa generaciones. Ese universo, discreto y muy cuidado, explica tanto como su carrera.
En el plano personal, Christian Petersen volvió a apostar al amor. Se casó con Sofía Zelaschi, colega del medio gastronómico, con quien comparte no solo trabajo, sino también una dinámica cotidiana donde la cocina es parte de la conversación diaria. Sofía llegó con un hijo de una relación anterior, y ese vínculo sumó una nueva capa a un esquema familiar ensamblado que creció de manera natural.
Pero la historia de Christian Petersen también se escribe a través de sus propios hijos. Es padre de tres varones fruto de su primer matrimonio con Mercedes Cristiani. Hans, el mayor, ya transita su camino adulto; Lars comenzó a acercarse de a poco al oficio que vio desde siempre; y Francis sigue atravesando la adolescencia, con la mirada puesta en ese modelo de trabajo, disciplina y pasión que rodeó su crecimiento. Para el chef, cada uno representa un orgullo distinto y la certeza de que el legado no es solo profesional.
En paralelo, los hermanos ocupan un rol clave. Roberto y Lucas forman, junto a Christian Petersen, un bloque que combina roles distintos pero complementarios. Con Roberto se los ve más seguido en pantalla y en emprendimientos visibles; Lucas eligió un perfil más administrativo y estratégico, sosteniendo el andamiaje que no siempre se ve, pero que resulta imprescindible para que todo funcione.
Ese entramado tiene raíces claras. La madre, Tatana Castro Videla, fue quien impulsó la primera experiencia gastronómica familiar al hacerse cargo de una concesión. Y antes aún, la figura de la abuela Susana aportó el costado emocional: el sabor como encuentro, la mesa como refugio, el trabajo como gesto de amor. Nada de eso fue casual; todo fue marcando el ADN de la casa.
Con el tiempo, esa lógica derivó en un proyecto mayor: restaurantes, catering, televisión y una marca que resume un modo de estar juntos. Bajo el paraguas de Los Petersen Cocineros, la familia convirtió la cocina en empresa, pero sin perder la sensación de clan que decide en equipo y se acompaña incluso en los momentos difíciles.
Hoy, ese círculo íntimo vuelve a ser sostén y compañía. Hijos, hermanos y pareja rodean a Christian Petersen con una cercanía que trasciende la fama y el éxito. Porque detrás de las luces y los fuegos de las cocinas profesionales, su historia más importante sigue siendo la misma: una familia que se elige, se cuida y encuentra, alrededor de la mesa, el lugar donde todo vuelve a empezar.