TERRIBLE
El Mono de Kapanga confesó que estuvo al borde de la muerte y lo que sintió en ese momento
Hay relatos que te dejan sin aire, y el del Mono de Kapanga es uno de esos. A fines del año pasado atravesó un episodio cardíaco que cambió su mapa emocional para siempre. El infarto no solo frenó su ritmo vertiginoso: lo obligó a mirar la vida desde otro lugar. Y hoy, ya de pie, puede contar qué sintió cuando la muerte le respiró cerca.
El músico recordó ese instante límite con una honestidad que desacomoda. Describió el impacto físico y la angustia que lo invadió mientras los médicos lo evaluaban. “Es un dolor muy intenso, esa sensación de decir -me tocó-, mientras te monitorean y te hacen estudios constantemente. Cuando preguntás cómo estás y te responden -estás delicado-, se llena la cabeza de preguntas”, reveló, dejando expuesto su lado más vulnerable.
En esa habitación, lejos de la euforia de los escenarios, surgió una preocupación todavía más profunda: su hijo. Martín Alejandro Fabio 'su nombre real' sintió un golpe emocional adicional cuando pensó en él. “Tobías estaba de viaje tocando y, aun así, me cayó la ficha de que no quería irme todavía”, confesó, marcando uno de los momentos más crudos de toda la experiencia.
La recuperación lo obligó a reordenar prioridades y a revisar cada hábito que antes daba por hecho. Desde el alta médica aprendió a administrar mejor su energía, regular los shows y permitirse pausas que antes no consideraba. Y aun así, el recuerdo de ese filo entre la vida y la muerte sigue presente, recordándole que nada es eterno.
Entre las reflexiones que compartió, una frase quedó resonando por su fuerza y por lo que revela del miedo atravesado. “La gente dice 'me quiero morir', pero uno no sabe lo feo que es cuando realmente estás tan cerca”, advirtió, sintetizando el impacto emocional del episodio y el cambio radical que le dejó su paso por el hospital.
Hoy el Mono de Kapanga se mueve con otro ritmo. No renuncia a la música ni a su esencia, pero ya no negocia los límites que su cuerpo le impone. La intensidad sigue ahí, aunque ahora convive con chequeos, descansos obligados y una conciencia distinta sobre lo frágil que puede ser todo en cuestión de segundos.
Y aun en ese registro tan íntimo, no perdió el humor que lo identifica. Con esa mezcla de picardía y crudeza que solo él maneja, cerró su relato con una línea que impactó por igual a fans y colegas: “No vi la luz, pero estuve cerca de levantar la perilla.. y no tenía ganas de morirme todavía”. Una síntesis perfecta de miedo, alivio y una segunda oportunidad que piensa aprovechar.