LA DEJÓ MAL PARADA
La Reini habló de sus retoques estéticos y expuso los de Wanda Nara
La gala de MasterChef Celebrity tuvo un condimento inesperado: un sincericidio estético que terminó revelando más de lo que la producción imaginaba. La Reini, siempre frontal y rápida para reírse de sí misma, tomó el centro de la escena y dejó en claro que su transformación no es ningún secreto. Y, de paso, arrastró a Wanda Nara a reconocer los suyos en plena grabación.
Todo empezó cuando la influencer presentó su plato y recordó su pasado como camarera en San Justo. El recuerdo, contado con humor, abrió un clima distendido que permitió que las bromas se deslizaran sin filtro. Wanda recogió el guante y lanzó su típica pregunta pícara: “¿Podría tener un lugar en Tegui esta camarera, Germán?”. Martitegui no se quedó atrás.
La respuesta del chef sorprendió a todos: “Ella estuvo en Tegui, cocinó conmigo y fue un éxito”. La Reini lo confirmó sin dudar: “Sí, es verdad y emplaté los helados de mandarina”. Hasta ahí, pura anécdota. Pero el tono cambió cuando Germán, con su sello ácido, disparó: “No sé si en la época de camarera tenía toda esta producción”. Y ahí, Sofía abrió la puerta.
Con la naturalidad que la caracteriza, soltó la frase que encendió la conversación estética: “No, fue seis caras atrás”. La mesa explotó en risas, pero el comentario dejó flotando una verdad: La Reini no solo acepta sus retoques, sino que los transforma en parte de su personaje, sin tapujos, sin vergüenza y con humor propio.
Wanda Nara, atrapada en esa sinceridad tan directa, terminó acompañando la declaración. “Bueno, todos éramos otros un par de años atrás”, agregó, reconociendo entre líneas que ella también tuvo sus cambios, aunque sin detalle. Un comentario liviano, pero que dejó claro que la conversación la incomodó más de lo que dejó ver.
El intercambio cerró con esa mezcla tan particular del programa: humor, pinchazos y verdades que salen sin querer. La Reini terminó quedándose con el centro de la escena no solo por su plato, sino por la manera en que expuso sus retoques con elegancia y picardía, y de paso empujó a Wanda a ponerse bajo la misma luz.
En un ciclo donde todo se analiza: platos, técnicas, actitudes, esta vez lo que quedó al descubierto fue la estética. Y La Reini lo manejó como siempre: sin filtro, con humor y con la seguridad suficiente como para que admitir un retoque sea tan natural como presentar un postre.