SU PEOR MOMENTO
Araceli González confesó qué hecho traumático le despertó fobia al agua
La visita de Araceli González al ciclo de Mario Pergolini dejó una de las revelaciones más inesperadas de la semana. Entre charla y recuerdos, la actriz terminó contando una anécdota de su infancia que marcó su vida para siempre y que explicó el motivo de una fobia que muy pocos conocían.
Todo surgió cuando Pergolini le preguntó por su relación con el agua, y Araceli González no esquivó el tema. “Le tengo fobia a las piletas, al mar”, admitió en Otro Día Perdido, sorprendiendo a todos en el estudio. La confesión dio pie a un relato que dejó en claro cuán profundo fue el impacto de aquel episodio.
La actriz recordó el origen de ese miedo con detalles que helaron al conductor. “A mi mamá le costaba mucho pagarme la chapita para ir a un club a la pileta. El único día que la pagó, casi me matan…”, relató, describiendo cómo un chico la empujó sabiendo que no sabía nadar. Desde entonces, su vínculo con el agua quedó completamente bloqueado.
Pergolini, intrigado, quiso saber si esa sensación había cambiado con los años. “¿Hasta el día de hoy nunca más te metiste? ¿Evitás piletas o mar?”, le preguntó. Y aunque Araceli reconoció que todavía siente temor, no tardó en contar que hubo un motivo laboral que la obligó a enfrentar esa fobia de manera inesperada.
Aquella situación ocurrió durante la grabación de Nano, la telenovela que protagonizó junto a Gustavo Bermúdez. Para una de las escenas, tuvo que ingresar a un acuario lleno de delfines. “No, con la novela Nano y con delfines me tuve que meter”, recordó, dejando claro que no había tenido alternativa frente a la exigencia del guion.
La experiencia fue intensa desde el primer momento. “Me tuvieron que ‘acuatizar’ en dos días para hacer una escena…”, explicó al contar cómo la prepararon para soportar el agua y el movimiento de los animales. Según relató, los delfines nadaban a gran velocidad y generaban oleajes fuertes porque no querían que hubiera gente dentro de su pileta.
A pesar de todo, Araceli González terminó quedándose con el lado positivo de aquella jornada. “Me tuvieron que acuatizar, que sería adaptarme al agua, pero fue una experiencia hermosa”, concluyó. Un cierre inesperado para una historia marcada por el miedo, pero también por la voluntad de superar viejos fantasmas.