TERRIBLE MOMENTO
Ricardo Darín reveló cómo fue el día que salvó a su hijo de un incendio: “Estaba desmayado”
Aunque suele mantener la calma y el humor aún en los momentos más tensos, Ricardo Darín confesó que hubo una noche que lo marcó para siempre. En una charla íntima con Julio Leiva, el actor relató el día en que una simple rutina antes de dormir terminó por salvarle la vida a su hijo, El Chino Darín.
Todo comenzó como una jornada común en su casa familiar. “Se fueron a dormir todos, los perros, Florencia, el Chino, Clara, y yo, que soy más tardero, empecé a recorrer para apagar unas luces de la casa”, recordó. Ese hábito de revisar cada rincón antes de descansar se transformó, sin saberlo, en un gesto decisivo.
Mientras apagaba los focos, Darín sintió algo fuera de lugar. “De pronto digo qué raro, un olor a quemado. Pero era como de goma o plástico quemado”, relató. Intrigado, comenzó a caminar por los pasillos tratando de identificar de dónde provenía el olor, sin imaginar que a metros de allí su hijo dormía en medio de un peligro real.
Al llegar a la habitación del Chino, el panorama fue alarmante. “Se le estaba prendiendo fuego el cuarto. Se había prendido fuego toda una instalación eléctrica, y estaba tomando el fuego por el corcho de la pared”, contó el protagonista de Argentina, 1985. El humo ya había invadido el ambiente y las llamas comenzaban a trepar por los cables.
Con reflejos inmediatos, Darín reaccionó y logró controlar la situación antes de que se propagara. Lo que más lo impactó fue ver a su hijo totalmente ajeno al caos. “Estaba desmayado, tal como suele ocurrir con los adolescentes”, dijo, dejando en claro que el humo había afectado el aire de la habitación.
El actor admitió que su costumbre de repasar puertas, llaves y luces antes de dormir fue lo que hizo la diferencia esa noche. “Yo hago eso, ¿viste? De revisar las llaves, las luces, todo apagado”, explicó, subrayando que esa simple manía terminó convirtiéndose en su mayor salvavidas.
Años después, Ricardo Darín cuenta la anécdota con serenidad, pero también con gratitud. No solo por el desenlace, sino porque aquel susto le recordó la fragilidad de lo cotidiano y el valor de los pequeños hábitos que, sin buscarlo, pueden cambiarlo todo.