Aníbal, un chef de “oro”
El chef Aníbal Ramírez demostró una originalidad de notable buen gusto —y sabor— a la hora de presentar un plato especial en el marco de Bariloche a la carta (BALC), lo que propició que se quedara con el “oro” en el podio gastronómico.
Su propuesta, la más votada por la gente, se denominó Cordillera secreta, y estaba conformada por cordero, morillas y langostinos, nube de ciprés, cous cous tostado, panacota de queso azul y fondo oscuro de cacao.
De tal manera, el chef del restaurant Brazarte, del hotel Sheraton Bariloche, fue distinguido con el “plato de oro” en el BALC 2025.
"Cordillera secreta".
“Mi idea, desde un principio, era que los productos que integraran el plato fueran de Río Negro”, señala Aníbal, para luego ahondar: “La intención tenía que ver con revalidar la importancia de los pequeños productores, como así también los insumos ‘estrellas’ que tenemos, como el cordero de la zona del Limay, el langostino del Golfo de San Matías, o las morillas de El Bolsón”.
“En Brazarte ofrecimos el menú con muy buena repercusión. A los comensales que se acercaron desde ‘la calle’ les gustó, y los huéspedes también lo probaron y dieron una muy buena devolución”, señala.
"Espuma" sobre la cordillera gastronómica ideada por Aníbal.
Sobre el galardón, aprecia: “Es una distinción a un trabajo de meses. Fueron muchas horas pensando de qué manera reflejar mi querida provincia en un plato. Así, se me ocurrió utilizar un gigot de cordero, rellenarlo con morillas y langostinos y acompañarlo con cous cous tostado, panacota de queso azul y un fondo de cordero bien concentrado y un toque de chocolate barilochense al setenta por ciento de cacao”.
“Tengo un equipo de trabajo detrás del que estoy muy orgulloso. Me cuidan la espalda todo el tiempo. Y siempre están interesados en lo que hacemos”, sostiene, a la vez que anuncia: “Es muy probable que la propuesta que presentamos se incluya como ‘plato estrella’ de una nueva carta en Brazarte”.
Un toque de chocolate.
Aníbal califica los días del BALC como “una semana intensa”. En tal sentido, resalta que, más allá de la elaboración del plato que finalmente resultaría ganador, participó de un “pop up”, es decir,, de un evento gastronómico único el viernes en el Sheraton, donde cocinó junto a Martín Altamirano, quien llegó desde Córdoba, donde tiene su restaurant, La Torgnole. “Él trajo ideas e insumos de las sierras chicas cordobesas, e hicimos una especie de fusión con los productos de la zona. Usamos quesos frescos del Valle; también miel de panal de Catriel. En uno de los pasos utilizamos nitrógeno, para hacer, frente al comensal, un helado a base de vainilla que quedaba súper frío por fuera y cremoso por dentro”, cuenta Aníbal.
Al día siguiente de esa experiencia, el chef de Brazarte fue a la feria gastronómica que se ubicó en el Centro Cívico. “Estuve con un stand del Sheraton, ofreciendo dos opciones. Una era un sándwich en pan bao, estilo oriental, que incluía hongos de pino y un toque de curry, y un relleno de trucha curada, encurtidos y lactonesa de palta. La segunda alternativa fue un pan brioche relleno de cuello de cordero braseado, rúcula, queso azul y un alioli de berenjenas al rescoldo”.
“Tuvieron mucho éxito”, destaca el chef, quien revela que “hubo que cerrar antes de que llegara el final de la jornada, porque se vendió todo”.
En busca de la "alquimia".
Aníbal nació en El Bolsón, y desde hace quince años reside en Bariloche. Cuenta con una experiencia de más de una década en hoteles cinco estrellas (estuvo durante mucho tiempo en el Llao Llao, por ejemplo). Curiosamente, su camino laboral en la gastronomía se inició en una panchería, donde, con quince años, comenzó a desempeñarse como bachero. Luego, al finalizar la secundaria, como se percataba de que le agradaba el ámbito de la cocina, comenzó a averiguar opciones que estuvieran relacionadas con tal interés y, finalmente, se decidió por Celia Escuela Integral de Gastronomía, en Córdoba. También en la capital de aquella provincia, obtuvo un postítulo en el Instituto Superior Mariano Moreno. A la par que estudiaba, trabajaba para restaurants y casas de eventos.
Luego, a su regreso al sur, fue puliendo cada vez más un estilo con el que ya, a sus treinta y cuatro años, se lo identifica. Su impronta de tratar con delicadeza extrema los diversos productos que ofrece la provincia, en combinaciones gourmets de una calidad que hace parecer a los platos casi como si de joyas gastronómicas se tratara, lo ha transformado en un orfebre de la cocina, o como dice él, en un alquimista. Porque, para Aníbal, la gastronomía tiene que ver, precisamente, con la alquimia.
“Siento que la cocina es mi hábitat”, afirma. Y, evocando los días recientes de Bariloche a la carta, considera: “El BALC significa familia y entusiasmo; también, querer destacarse y mejorar como chef. En esa semana, los cocineros nos ponemos felices, porque se crea una especie de competencia sana entre colegas, para ver las propuestas de uno y de otro”.
De esa manera, resalta que está “muy contento” por haber obtenido el galardón en un acontecimiento que califica como “el evento de gastronomía más grande de toda la Patagonia”.