SE SALVÓ DE MILAGRO
Hernán Piquín reveló cómo fue el terrible accidente que casi lo deja cuadripléjico
Han pasado más de quince años, pero Hernán Piquín todavía recuerda con precisión el accidente que cambió el rumbo de su vida. Invitado al programa Almorzando con Juana (El Trece), el bailarín y coreógrafo revivió aquella madrugada en la que todo pudo haber terminado de la peor manera. En su relato, combinó crudeza y gratitud: el impacto, las secuelas físicas y el aprendizaje que llegó después.
“Me fracturé la quinta vértebra cervical, estuve a dos milímetros de quedar cuadripléjico. Me fracturé todo”, contó, con la serenidad de quien atravesó un trauma y logró salir adelante. El accidente ocurrió en Punta del Este, en 2009, cuando el auto en el que viajaba con amigos perdió el control y volcó. “Vine a festejar mi cumpleaños a Uruguay y lamentablemente tuvimos un accidente, pero mis amigos y yo estamos muy bien”, recordó.
El vehículo, explicó, había sufrido un desperfecto inesperado. “ÃÂbamos cuatro personas en el auto, ya estábamos llegando a la casa cuando reventó uno de los neumáticos y empezamos a dar trompos”, detalló. Aquel vuelco lo dejó internado con fracturas múltiples, una lesión en la clavícula y la advertencia más dura de todas: no podría volver a bailar danza clásica. “Me dijeron que ya no podía bailar más clásico y por eso tuve que dejarlo”, confesó.
Esa recomendación médica marcó un antes y un después en su carrera. Hernán Piquín, que venía de una exitosa trayectoria internacional y de compartir escenario con figuras como Julio Bocca, se vio obligado a reinventarse. “No es que me paro en el drama. Siempre busco con qué seguir”, expresó, sintetizando la actitud que lo ayudó a sobreponerse al golpe.
Durante su recuperación, el bailarín se aferró a la danza como una forma de sanación. Aunque debió modificar su estilo, nunca abandonó el movimiento. “Para mí la danza me ha curado de muchas cosas”, dijo con emoción. Esa convicción lo llevó a redescubrir su arte, adaptando su cuerpo a las nuevas limitaciones sin perder la pasión que lo caracteriza.
En su reflexión, también hubo una mirada crítica sobre lo ocurrido. “El auto era alquilado, a veces tienen millones y millones de kilómetros hechos, no los revisan y no les cambian las ruedas como deberían, sino que solo las dan vuelta de lugar. Son accidentes que pasan, lo bueno de todo esto es que lo podemos contar”, afirmó, consciente de la fortuna que tuvo al sobrevivir.
Hoy, lejos de aquel susto, Hernán Piquín reconoce que ese accidente fue un punto de inflexión. Lo obligó a detenerse, repensarse y seguir de otra manera. “Tuve la suerte de bailar con muchos y por muchos lados. Era como: ˜Ya está, ¿con qué sigo ahora?”, recordó. Esa pregunta, que en su momento sonó desesperante, terminó siendo el motor que lo impulsó a seguir adelante. Porque, como él mismo aprendió, incluso después de caer, siempre hay una forma de volver a bailar.