2025-10-08

¿Cómo y por qué surgió el Abrazo al Limay?

Hace treinta años una multitud defendió el medioambiente con una concentración a la vera del río.

Fue hace treinta años. Una multitud acudió a la vera del río Limay con el propósito de “abrazarlo”, para evitar que se concretara un proyecto para construir una represa ("Segunda Angostura").

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 El 8 de octubre de 1995 la gente que se arrimó al lugar desbordó cualquier expectativa.

Pero la historia había comenzado mucho antes.

En este tema, como en tantos otros, el primero que habló de la cuestión fue el ecologista Alejandro Beletzky.

Como guardaparque, en 1983, había acudido a la construcción de la represa Alicurá para participar en el rescate de fauna afectada por la labor. Allí observó una maqueta y preguntó de qué se trataba. En la respuesta, escuchó referirse por primera vez al proyecto Segunda Angostura.

Más adelante, cuando hicieron el embalse de Piedra del Águila, nuevamente fue al salvataje de los animales y otra vez oyó que se iba a encarar aquello.

Desde entonces, se interiorizó por la temática y su intranquilidad fue in crescendo.

De tal forma, Beletzky, cuando tuvo un programa radial de corte ambiental, trató de instalar el tema entre sus oyentes, difundiendo lo que podía llegar a pasar si la represa se hacía. 

Pero fue el jueves 5 de enero de 1995, al salir una nota en el diario El Cordillerano, que todo “explotó”. Por aquel entonces, el medio tenía apenas un poco más de un mes de vida. En la portada de aquella jornada se leía: “La Fundación Huala se opone a la represa de la Segunda Angostura”.

La Fundación Huala estaba presidida por Beletzky, quien brindó una entrevista al periódico donde contaba su inquietud por el tema.

“El proyecto planteaba volar la desembocadura del río Limay. Hay una pared natural que, en la mínima, mantiene un nivel constante del lago; en la máxima corren mil seiscientos metros cúbicos por segundo. Ellos decían: ‘Hacemos, en la Segunda Angostura, un dique que llegue hasta el lago, con lo cual esa pared queda tapada’. Y, aunque no levantara el nivel del lago, con esa llave de paso iban a manipularlo”, contó Beletzky cuando se cumplieron veinticinco años del Abrazo al Limay, en 2020, ocasión en que también consideró: “Como siempre primó el negocio y no el ecosistema, si volaban esa pared natural, podían manejar más abajo la mínima, con lo cual dejarían costas totalmente desprotegidas”.

Portada histórica del diario El Cordillerano.

En definitiva, la denuncia pública de Beletzky, a través del diario El Cordillerano, en enero de 1995, llegó a manos de José “Pepe” Gamez, un vecino de Dina Huapi que, al leer el artículo, sintió escalofríos. Casi tres años antes se había mudado a una propiedad que, poco después, frente a una serie de lluvias fuertes, quedó como si estuviera situada en un pantano. Justamente, desde el diario se advertía que, con la futura represa, era posible que se produjera una inundación (luego se confirmaría que, en realidad, si se hacía aquella obra, sería a la inversa, los niveles de agua quizá bajarían; igualmente, el costo sobre el medioambiente, de haberse construido, hubiese sido altísimo).

Tanto se inquietó Gamez que convocó a varios vecinos y comenzaron a producirse reuniones para analizar la situación.

Si bien en uno de esos encuentros, justamente, a partir de una copia de la síntesis del proyecto, un geólogo advirtió que el rango de operación nunca llegaría a los niveles máximos, sino que, por el contrario, los evitaría, la mayoría concordó en que la obra sería una perturbación para el ecosistema. “Desde lo ecológico, hay una circunvalación del lago que tiene determinada actividad, con los huillines y las aves. Todo el ambiente está adecuado a un pulso de máximas y de mínimas, que, si se modifican, cambian la dinámica que, históricamente, después de la glaciación, se formó”, ha explicado al respecto Beletzky, para luego añadir: “Una represa en ese lugar modificaría toda la cuenca del Parque Nacional Nahuel Huapi”.

Además, debe recordarse que, a fines de 1991, en el marco de la política privatizadora llevada adelante por el menemismo (con cierto eco en la actitud que se observa en la actualidad), una ley había permitido que las represas se vendieran a capitales extranjeros. Segunda Angostura, si bien hubiese sido generadora de poca producción en relación con otras de Argentina, tendría la llave reguladora de un embalse enorme, con lo cual la ganancia para las empresas agua abajo podía ser enorme.

Pero aquellas reuniones de los vecinos comenzaron a dar frutos. Cada vez más gente se enfrentaba al proyecto.

Asimismo, los docentes jugaron un papel importante, porque comenzaron a hablarles a los alumnos acerca de la temática, lo que devino en que los chicos llevaran la inquietud a sus hogares.

Además, surgieron las denominadas “oleadas del Nahuel Huapi”, donde los niños, en las entidades educativas, escribían cartas dirigidas a periodistas reconocidos de Buenos Aires. La intención, para ese entonces, era causar que el tema trascendiera a nivel nacional.

Y, de pronto, nació la idea de hacer una convocatoria para “abrazar” al Limay.

Debe tenerse en cuenta que, por aquel tiempo, Internet no se utilizaba para difundir convocatorias y los celulares no eran de uso corriente. Sin embargo, el 8 de octubre de 1995, alrededor de cinco mil personas dijeron presente. En ese marco, Gamez, el vecino que se desesperó al leer aquella entrevista a Beletzky en El Cordillerano, dijo: “A los niños, a los jóvenes, quiero decirles que hoy nos toca a todos luchar por la vida del río. Mañana, cuando nosotros no estemos, ustedes deberán convocar a los niños y a los jóvenes, para oponerse con toda su fuerza a la destrucción. Les pedimos que no lo olviden jamás. De ustedes depende”. En la actualidad, piensa del mismo modo. Para él, lo importante es que la juventud tome la posta en este tema.

Y hace treinta años, con un panorama que incluía aeroplanos que surcaban el cielo y kayaks en las aguas, Edgardo Lanfré le ponía fondo sonoro al día con Dulce Limay y aquellas palabras que se transformaron en un himno frente a cualquier atropello ambiental en ese lugar: "Sueña mi blanco río, sueña y corre veloz, que escucho en tu voz, como si trajera de la cordillera, murmullos de amor".

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