2025-10-01

Teatro ciego: cuando se ve sin ver

Una propuesta integradora.

Pablo Noves conoció a Santiago Cámpora hace ya varios años. La fecha no la recuerda con exactitud, pero sí el momento.

Pablo atravesaba una etapa en que elaboraba internamente la aceptación de una condición reciente. Había quedado casi ciego.

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Justamente, aquella vez, decidió hacer una salida que le pareció interesante. Fue a La Baita porque había llegado a la ciudad una propuesta de teatro ciego. Y Santiago, por su parte, había acudido a la función debido a un interés personal vinculado a que, en el ámbito de la Universidad Nacional de Río Negro, exploraba ese tipo de representación escénica que se caracteriza por llevarse a cabo en un espacio oscurecido, donde las personas perciben la realidad desde otro lugar al habitual, a la vez que, de algún modo, desarrollan empatía hacia aquellos con dificultades en la visión.

En La Baita, Santiago se acercó a Pablo, conversaron, y le contó precisamente acerca de aquel trabajo en el que estaba inmerso.

Poco después, siempre dentro del marco de la experiencia universitaria, junto a otras pocas personas comenzaron a realizar prácticas.

Trabajaron bajo el formato taller y llevaron a cabo algunas muestras.

Pero, más allá de todo, quedó latente la idea de hacer una obra “larga duración”, para representar ante un público ya más amplio, no sólo amigos, familiares o conocidos.

“En octubre de 2024, tras un parate de algo así como un año y medio, Santiago se comunicó de nuevo, y me propuso participar en una obra”, indica Pablo.

La puesta a la que se refiere es Nefelibata, caminar las nubes.

El término proviene del griego, y alude a una persona soñadora.

Sucede que, precisamente, la obra presenta a una campesina marcada por la soledad y el desencanto que imagina una vida distinta a partir de la aparición de Rocambole, un personaje ficticio que la guía por un mundo de viajes, amor e ilusiones. Es decir, lo onírico interviene para proyectar ilusión.

Se trata de una adaptación de Trescientos millones, de Roberto Art.

El propio escritor fue quien en su momento develó los detalles que rodearon el origen del texto.

Art, autor del texto en el que se basó la propuesta de teatro ciego barilochense.

En 1927, como reportero policial del diario Crítica, una mañana de septiembre le tocó dedicarse a la crónica del suicidio de una sirvienta española que se había suicidado durante la madrugada, arrojándose bajo un tranvía que pasaba frente a la casa donde trabajaba.

Por aquel entonces, Art estaba fogueado en la temática negruzca que rodeaban ese tipo de casos. Pero, sin embargo, hubo algunos detalles que le impresionaron.

La sirvienta, que un año antes había llegado de España, no se había acostado (se suponía que pasó la noche sentada en su baúl de inmigrante) y, al salir para ejecutar su decisión final, no apagó la luz de la habitación.

“Durante meses y meses caminé teniendo ante los ojos el espectáculo de una pobre muchacha triste que, sentada a la orilla de un baúl, en un cuartucho de paredes encaladas, piensa en su destino sin esperanza, al amarillo resplandor de una lamparita de veinticinco bujías”, reveló luego Art.

Imagen que representa a la puesta Nefelibata, caminar las nubes.

Pero… ¿de qué se trata Nefelibata, caminar las nubes? Pablo Noves, que finalmente se embarcó en el proyecto y es uno de los intérpretes, sintetiza: “Es sobre una joven campesina que soñaba con tener una herencia de trescientos millones, mientras vivía en un establo, con mucha miseria, para subirse a un tren con una única parada donde ser feliz”.

Por su parte, Christian Gentzen, otro de los actores que intervienen en Nefelibata, señala: “Esta obra es una puerta para un sinfín de descubrimientos. Tiene que ver con los sentimientos y las emociones. A la vez, se trata de un desafío. Durante el tiempo que dura la obra, los asistentes pueden experimentar el mundo desde otro lado, y así abrir su imaginación”.

Christian es ciego. “Al perder la vista, tenés dos caminos, seguir para adelante o quedarte. Yo elegí avanzar y analizar todo lo que había para hacer”.

“Tengo cuarenta y tres años, y a los treinta y tres quedé ciego”, cuenta. En su caso, la condición derivó de la diabetes. “Tengo varias operaciones, me fui quedando ciego en un lapso de cinco años”, detalla.

Antes de perder la visión, aunque ya en el proceso de llegar a ese destino (“Todavía veía bastante”, dice), le habían regalado una guitarra criolla. “Siempre me gustó la música, y empecé a tocar despacito… Después me embalé, y en la actualidad tengo un proyecto solista, con el nombre de Thian Gentzen. Cada tanto me presento en algunos lugares, con versiones y canciones propias”, informa, y comenta que su camino musical transita por las vías del rock alternativo.

“Estoy dentro del grupo de los que tiran para delante”, enfatiza, en esa necesidad de tratar de no quedarse con lo malo, sino buscar cosas positivas en esta existencia. “Le ponemos muchas ganas”, sonríe.

Christian hizo esquíe adaptado, torball (deporte de equipo para personas ciegas o con problemas de visión), escalada en muro... También participa de coros y actuó en publicidades. Es decir, no se ha quedado quieto.

Igualmente, reconoce que echa de menos algunas cosas… “Extraño mucho ver la mirada de las personas, que te lo dice todo. Extraño los amaneceres y las puestas de sol, con sus paletas de colores”.

Christian Gentzen, en su faceta de cantante.

Pablo Noves, en tanto, que mantiene un treinta por ciento de la visión, también confiesa que añora, por ejemplo, “ver los rostros de los seres queridos”.

Igualmente, apunta: “Con la poquita 'luz' que tengo no puedo usar mucho la vista, pero sí utilizo los otros sentidos. Por ejemplo, el oído, y también puedo apreciar los aromas, así como percibir la sensación de la respiración de las personas… No es como tener ojos, pero puedo ver internamente a la gente”.

Pablo tiene cuarenta y tres años, y a los veintiocho sufrió la pérdida de visión, según indica, a partir de una intervención médica. Dice que utilizaba anteojos e investigó si era factible, a través de alguna operación, evitar su uso. Fue a una clínica de renombre en otra provincia, y si bien al principio todo iba bien y veía mucho mejor, luego tuvo glaucoma.

Aparte del teatro, Pablo practica esquí y tenis adaptado, además de ciclismo.

Pero destaca que fue el teatro el que le dio un empuje especial. “Yo era una persona muy tímida, y el teatro ciego colaboró un montón a que me desenvolviera. Me ayudó a sacar la parte interior que tenemos escondida; también a pronunciar bien, vocalizar… Como quienes van a presenciar la obra tampoco ven, por la oscuridad, estamos en las mismas condiciones y no existe el prejuicio sobre cómo me pueden ver. Entonces, simplemente, disfruto”, expresa.

Pablo, haciendo deporte.

 

PRÓXIMA FUNCIÓN

Desde julio se han realizado más de una decena de funciones de Nefelibata, caminar las nubes, todas a sala llena. La próxima presentación será el sábado a las 20, en el espacio ubicado en el kilómetro 11.500 de Bustillo. Quienes deseen averiguar acerca de las entradas deben comunicarse por WhatsApp al +54 9 294 480-3119. También se pueden seguir las novedades y próximas representaciones a través de Instagram (@teatrociego.bariloche).

La propuesta, declarada de interés por la Universidad Nacional de Río Negro  y con el acompañamiento del Instituto Nacional del Teatro, cuenta con un equipo conformado por Santi Cámpora (dirección y actuación), Aravinda Juárez Silva (dramaturgia y actuación), Jorgelina Paravano (actuación, asistencia de dirección y producción general), Christian Gentzen y Pablo Noves (actuación), Alejandro Otsubo (música en vivo y diseño sonoro), Lucrecia Alzueta  (actuación, música en vivo y operación técnica), Lucas Losa (actuación y operación técnica), Pablo Ríos (diseño sonoro), Sofía Courteax (curaduría olfativa), Flavia Montello (colaboración en trabajo vocal), Virginia Salamida (diseño gráfico) y Vanesa Nicolini (comunicación y prensa).

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