2025-09-30

Santiago Kovadloff: “Milei tiene una estructura psicopatológica impermeable a la autocrítica”

Una entrevista exclusiva sobre actualidad con el filósofo y escritor.

Al buscar la palabra “filosofía” en el diccionario, se encuentra que el término refiere al “conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”.

Lee también: Kovadloff en el cierre de Consenso Patagonia: “Convivir es entender el valor sagrado de la diferencia”

Sin embargo, pareciera difícil traducir racionalmente la actualidad argentina. Si, desde el papel de periodista, se le pide a un filósofo que dilucide lo que sucede en este país, uno siente que, en cierto modo, se lo está arrinconando. Es como exigirle lo imposible.

Kovadloff y un modo de analizar la actualidad.

Claro que si el filósofo en cuestión es Santiago Kovadloff, teniendo en cuenta su destreza para esclarecer el todo desde una visión particular, al conversar con él, resulta tentador hablar del presente político…    

—Estamos en una etapa marcada por un nuevo acuerdo, ahora con Estados Unidos. Cuando te enteraste, ¿viste la noticia como una salvación o como un eslabón más de una condena que se estira?

—No me produjo ningún alivio, sino una gran inquietud. Yo creo que Javier Milei sintió el efecto de una crisis de desesperanza muy profunda del electorado, que no fue a votar para decirle lo que quería de él (en referencia al porcentaje de inasistencia en las elecciones de la provincia de Buenos Aires). No es que no fue a votar porque no cree en la política; cree en la política, y por eso no lo votó. Vale decir, le hicieron evidente que no lo votaban para que él recapacitara sobre el hecho de que el voto no estaba comprado, no era un voto alquilado para siempre. Se lo votó en 2023 mayoritariamente para hacer lugar a un sufrimiento que buscaba un cauce y a un proyecto que podría haberse configurado como muy riguroso, como fue, pero al mismo tiempo orientado hacia la ética, hacia la organización de una comunidad sobre valores donde la corrupción no tuviera lugar. Entonces, ¿qué vimos? Que lo que se combatía era también, en buena medida, lo que gobernaba. Con Milei, el populismo no desapareció.

—¿El populismo cambió de nombre?

—Sí, cambió de nombre, y de algunos contenidos. Se fue hacia la derecha, más que hacia la pseudoizquierda de Cristina Kirchner. El estatismo se convirtió en antiestatismo… Pero, en esencia, yo diría: ¿quién le dio veinte mil millones de dólares a Milei? Un delincuente llamado Donald Trump, que tiene causas abiertas en su país, que gobierna como un populista y como un dictador romano, que resuelve los problemas de Estados Unidos a patadas… Ese hombre dijo que nuestro presidente es perfecto. Yo no le voy a creer nunca a nadie que me hable de otro y me diga que es perfecto. Si dijera: “Mire, tiene algunas cosas interesantes y es flojo en otras; daremos un respaldo condicionado”… Pero estábamos de pronto delante de alguien que, así como se autoidealiza, lo idealizaba a Milei. Y, en consecuencia, ese dinero ingresa al país con la protesta del Partido Demócrata norteamericano, que quiere que esa plata, antes de ser entregada a Milei, pase por el Congreso de los Estados Unidos.

—Para que la decisión se tome en ese ámbito…

—Pero Trump no lo hace, va al banco, saca la plata y se la da como si fuera de él. Entonces, eso me inquietó mucho. Veo que nos seguimos moviendo en el terreno de las ofertas y de las regalías, donde la política está ausente. Porque, para mí, creo que la gran crisis contemporánea, siguiendo en esto a Hannah Arendt, es la ausencia de política, es decir, de un espacio donde la palabra y la ley sean las que determinen el proceso de resolución o de planteo de los conflictos.

—Una prueba de eso es un presente donde no sólo se va a buscar plata, sino que, antes que nada, se desea la foto… junto a un delincuente.

—Con un delincuente, sí. No me quiero olvidar de esto, creo que es necesario decirlo. Estamos frente a una figura que proviene del submundo del poder despótico y de los delitos enormes, al punto de que la Justicia tiene causas abiertas contra él. Este es el hombre que gobierna los Estados Unidos, lo cual muestra, además, la crisis en que se encuentra la democracia americana.

—¿Pensás que Milei se cree a sí mismo?

—Sí, Milei tiene una estructura psicopatológica impermeable a la autocrítica o a la melancolía. Como tiene su fortaleza apoyada en una hiperautoestima y en una hermana que lo sostiene en términos psicológicos y políticos, él puede cometer exabruptos como entregarle a ella la organización de estas elecciones que pasaron… Está bien, estaban los Menem al lado, pero ¿quiénes eran los Menem? Los mismos que nos llevaron al fracaso… Milei cree en sí mismo, tiene una concepción fuertemente polarizada de todos los valores que defiende: la antítesis de sus valores no son otros, sino disvalores. Entonces, tiene una patología muy estructurada sobre la autoestima.

—¿Cómo tomaste que Patricia Bullrich se fuera junto a Milei?

—Al principio, no pude seguirla. Cuando ella hizo ese cambio, comprendí que me excedía. No pude votar a Milei. Yo mismo entendía la encrucijada en la que me encontraba, porque quería que el kirchnerismo fuera superado por una alternativa, y por eso apoyé a Patricia, pero nunca imaginé que la alternativa sería Milei. Ella tuvo más visión política que yo. Hay una sola manera de que el kirchnerismo vaya quedando atrás, y es con este gobierno, que, a su vez, tendrá que ser superado por otro o trataremos de matizarlo con otras fuerzas. Ella se desempeñó muy bien en el cargo que le dio Milei, creo que llevó adelante la tarea que ya había desempeñado con Macri con más apoyo aún del que Macri le había dado. ¿Por qué se desempeñó bien? Porque enfrentó al delito. Pero, al mismo tiempo, el riesgo que encontré es que la Patricia Bullrich a quien apoyé como candidata a presidenta de la Nación había perdido su voz y era un eco servil de Milei.

—¿Sigue igual?

—No, no sigue igual. Todas las cosas que pasaron ella las registra más fácil que Milei. Quiere ser senadora por la Capital, y para eso necesita un discurso mucho más rico y menos dicotómico que el que emplea él. Y para eso lo primero que precisa es que Milei cambie de discurso, porque si no lo hace el de ella no va a tener credibilidad. Entonces, ella se encontró con una demanda que evidentemente le hizo al presidente: “O vos cambias de discurso o yo no puedo salir a hablar en la calle, porque lo que voy a plantear no tiene nada que ver con lo que decís”. 

—¿Qué votaste en el balotaje de 2023?

—En blanco. Lo que hice generó riesgo para quien no quería que los kirchneristas volvieran. Pero estaba delante de una dificultad que me superaba. Yo no podía votar por un hombre así, no podía… Era un límite personal.

—¿Hablaste con Milei alguna vez?

—En un canal de televisión nos cruzamos diez minutos, pero nada más. Me gustaría conversar con él. Creo que si lo hiciéramos algo habría cambiado.

—En él.

—Sí, en él.

—Al nombrarlas, ¿no te parece que las palabras “Milei” y “democracia” chocan?

—Sí, claro. Milei no es un republicano, y la única democracia que a mí me interesa es el republicanismo. Aunque demócrata es, porque todavía no terminó con las instituciones de la república.

—Todavía… El Congreso aún está ahí.

—El Congreso está ahí, y abunda la bestialidad en el trato de los representantes de distintas agrupaciones, haciéndose eco del lenguaje que él mismo emplea. Pero la república no tiene hoy representantes en el poder oficial, y tiene representantes muy diseminados en una oposición que fracasó en cuanto a su capacidad de representación.

Te puede interesar