2025-09-23

ENTREVISTA

Pipi Piazzolla: “Es un honor ser familiar de uno de los compositores más importantes del siglo XX”

Con Escalandrum, el nieto de Astor brindará dos shows en Bariloche en el marco del FIMBA 2025.

Pocos apellidos tan significativos como Piazzolla. Representa mucho. Pero todo quizá pueda resumirse si se dice “genialidad”. Astor, sin duda, con sus composiciones y su modo de tocar el bandoneón, se transformó en uno de los artistas más reconocidos del mundo.

Daniel “Pipi” Piazzolla, nieto de Astor, no esquiva el peso del apellido. Tiene claro que, de algún modo, se convirtió en una denominación que trasciende la referencia a una estirpe. Decir Piazzolla es hablar de música; de la mejor. Él lo sabe, por eso transita su propio camino con responsabilidad y encara con respeto ese sendero a través del mundo del do re mi fa sol la si.

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Escalandrum, la banda de “Pipi”, se presentará el sábado en el Teatro La Baita, en dos horarios, a las 18 y a las 21, en el marco del Festival Internacional de Música Bariloche (FIMBA).

En el grupo, Daniel está a cargo de la batería y la dirección. La formación se completa con Nicolás Guerschberg en piano, arreglos y composición; Mariano Sivori, contrabajo y bajo eléctrico; Damián Fogiel, saxo tenor; Gustavo Musso, saxo alto y soprano; Martín Pantyrer, clarinete bajo.

Escalandrum, una banda de lujo que se presentará en el FIMBA.

En una charla exclusiva, Pipi habla con orgullo del sexteto de jazz y de su abuelo...

—¿Cómo nació Escalandrum?

—Después de los shows que cada uno hacía con diferentes grupos —de pop, de rock, de jazz… de lo que sea— íbamos a tomar algo al mismo bar, que se llamaba Malas Artes, en el barrio de Palermo. Ahí fuimos forjando la amistad, hasta que después de varios años, coincidiendo ahí, y en algunas vacaciones, yendo a ver festivales de jazz a Uruguay, por ejemplo, un año nuevo los invité a casa, y cuando brindamos dije: ¿Por qué no armamos un grupo que se llame Escalandrum, donde podamos tocar la música que a nosotros nos guste? Todos dijeron que sí, y a los dos meses ya arrancamos a tocar. Pasaron veintiséis años y nunca hubo un impasse, ni siquiera un problema. Estamos a veinticuatro shows de llegar a los mil, así que venimos muy bien.

—¿Cómo definirías el presente de la agrupación?

—Es muy bueno. El próximo disco que vamos a sacar, en marzo de 2026, lo grabamos en vivo en el Teatro Colón el año pasado; el titulo será Piazzolla 74. Por otra parte, hace 15 días grabamos un disco de música propia, en un estudio que se llama Red Carpet, en Mallorca, España, que seguramente saldrá a mitad del año próximo. Estamos llenos de proyectos…

—¿Por qué el 74 del título en la placa grabada en vivo en el Colón?

—Porque es un repertorio que es de toda música que hizo en 1974. Por ejemplo, el disco con Gerry Mulligan (Summit/Reunión cumbre), que es el que tiene Años de soledad, Cierra tus ojos y escucha, Deus Xango… En ese año también sacó Libertango. Me parece una época tremenda de mi abuelo.

—Supongo que la música, en cada etapa de la vida, representa algo distinto o se la encara de un modo diferente. Para vos, ¿qué es en este momento?

—La música es todo. Tengo la suerte de tocar varias veces por semana, y siento que todo se va naturalizando mi relación con ella, es cada vez más estrecha, más relajada.

—¿Por qué el nombre de Escalandrum?

—Es por un tiburón, el escalandrún. En Argentina están el escalandrún y el bacota. En mi familia son todos fanáticos de los tiburones. Mi abuelo hizo un tema que se llama Escualo. Siempre hablábamos del escalandrún, el tiburón argentino por excelencia, así que, en base a eso, decidí ponerle ese nombre, con la palabra “escala” al principio y “drum” (tambor) al final, así que cerró por todos lados.

—¿Y tu sobrenombre?

—Viene desde chiquito, porque en esa época todos nos llamábamos por el apellido, y a mí, en vez de decirme Piazzolla, me decían Pipi, cariñosamente. Y quedó.

—Nunca renegaste el apellido, por el contrario, lo llevás como un estandarte. ¿Qué significa, para vos, ser un Piazzolla?

—Es un gran orgullo, una responsabilidad, una motivación. Cuando era chico me di cuenta de lo que significaba y practicaba muchísimas horas por día. Trataba de sacarme las mejores notas en los exámenes de música. Pero me daba placer, no era una presión. Se trataba de un desafío muy lindo, me ponía a prueba constantemente. Y la verdad que es un honor ser familiar de uno de los compositores más importantes del siglo XX, un tipo que lo interpretan en todas partes del mundo. Por ejemplo, hay chicos en la calle tocando por monedas que hacen algo suyo sin siquiera saber quién es Astor Piazzolla, si es de Argentina o qué. Quedó en el universo musical, aparte de que, justamente, es una música hermosa, profunda y que también me representa como argentino.

—¿Dónde fue el lugar menos imaginado en que te cruzaste con música de tu abuelo?

—En una peatonal de Austria, por ejemplo, donde chicos descalzos hacían Libertango con un acordeón. Cosas así, por el estilo, un montón. Y después, cada vez que presento el pasaporte en un aeropuerto, me preguntan algo.

—Se te deben acercar, imagino, al enterarse de quién sos, de tu apellido, muchas personas relacionadas con el arte. ¿Hubo algún músico en especial que te llamó la atención que se arrimara?

—Marty Friedman, que fue guitarrista de Megadeth, me escribió un mail avisando que iba a estar en la Argentina y que quería tocar con nosotros, con Escalandrum, porque le gustaba mucho cómo hacíamos la música de mi abuelo, con improvisación y esas cosas, y terminamos haciendo un show en la Usina del Arte, lleno de metaleros, y la verdad que fue una fiesta infernal. Después, puedo nombrar a Paquito D’Rivera —que adora a mi abuelo—, Chick Corea, Gary Burton… Un montón, la lista es infinita. Escalandrum fue aceptado hasta por los exmúsicos de mi abuelo, que nos vinieron a ver la primera vez que interpretamos a Piazzolla y nos felicitaron. De hecho, después me empezaron a convocar a ir a giras con ellos.

—¿Cuántos años tenías cuando falleció tu abuelo?

—Diecinueve.

—¿Cómo atravesaste aquel momento?

—Fue horrible, pero lo peor de todo fue que, antes de fallecer, estuvo dos años con la peor enfermedad de todas, que es quedar hemipléjico y no poder hacer nada, no poder hablar, no poder comer, no poder moverte por tus propios medios (había tenido una trombosis cerebral que desembocó en ese estado). Eso fue lo más duro de todo. Ver así a un tipo como Astor…

—Cuando te enfocás en algún tema de tu abuelo, ¿cómo lo encarás?

—Trato de que no pierda la esencia. Para mí, la melodía es lo principal, siempre, y después está lo que hago por detrás, “viajando” sin molestar, pero tratando de que eso también sea interesante, que se encuentre a la altura, con algunos desplazamientos, colores, grooves que vayan a contratiempo… El asunto es bastante delicado.

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