2025-09-22

“En este momento es cuando más hay que difundir la paz, porque el mundo está patas para arriba”

Un grupo de personas practicaron un acto de meditación en Bariloche en pos de que reine la armonía.

La letra fría de un diccionario, en la primera acepción del término, dice que paz es aquella “situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países”; y en su segunda definición apunta a la “relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos y conflictos”. De alguna manera, esos significados remiten a un estado de concordia, ya sea entre Estados o entre personas. Así, cualquiera podría decir “vaya novedad… decir paz implica, precisamente, estar en paz”. El asunto es que esa simpleza no entraña que el razonamiento se vuelva común en la práctica. Por el contrario, si en la actualidad es protagonista, no es por presencia, sino por ausencia. Más allá de su carencia a partir de, por ejemplo, conflictos bélicos, el diario caminar en cualquier parte del mundo trae ejemplos —quizá menores, pero no por ellos menos significativos— de un presente preocupante. Y ese panorama general, incluso, lleva a que cada uno, en su individualidad, no pueda estar (precisamente) en paz.

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De tal manera, no viene para nada mal recordar que el 21 de septiembre se celebró el Día Internacional de la Paz. Desde Naciones Unidas se instauró la fecha como forma de inspirar a la gente a poner un granito de arena en pos de construir un mundo más pacífico.

En Bariloche, justamente, el domingo por la tarde se llevó a cabo un encuentro en la plaza de la Catedral, en el sector donde se encuentra la bandera de la paz, del lado de la calle Frey, en cercanías de la intersección con la avenida 12 de Octubre.

Porque esta localidad, en 2018, fue declarada Ciudad de Paz por el Comité Internacional de la Bandera de la Paz.

Así, el emblema que hondea en Bariloche fue el segundo en llegar al país (la primera bandera se entregó en 2015 a Capilla del Monte, en Córdoba).

La idea del estandarte remite al ruso Nikolái Konstantínovich Roerich, un artista, filósofo, escritor y arqueólogo —entre muchas otras cosas— que, con el fin de preservar la cultura y el humanismo más allá de las fronteras y distinciones geográficas, promovió lo que se conoció como Pacto Roerich, firmado en 1935 por representantes de veintiún gobiernos de países americanos, entre ellos, Argentina. Dos años después fue ratificado por todos los integrantes de la Liga de las Naciones, precursora de las Naciones Unidas.

Encuentro alrededor de la bandera.

María Esther Yrigoyen, referente en Bariloche de la temática vinculada a la enseña —que trajo a la localidad la presidenta del Comité Internacional de la Bandera de la Paz, Alicia Rodríguez—, apreció: “El objetivo de reunirnos es honrar la paz, valor fundamental sobre el que se asientan el resto de los valores; en un país donde no hay paz, falta el trabajo, la educación y la cultura”.

“En este momento es cuando más hay que difundir la paz, porque el mundo está patas para arriba”, sostuvo.

La mujer contó que el estandarte (creación del propio Roerich) se basa en símbolos hallados en diversas culturas antiguas (tres esferas dentro de una mayor que las agrupa). “Los tenían los mayas e incluso otras culturas muy anteriores”, indicó. Asimismo, consideró: “Cada uno debe hacer un trabajo interno para conservar la paz; en la actualidad, hay tanto estrés, confrontaciones y violencia, que cuesta mantenerla”.

Tres esferas dentro de una de mayor tamaño.

La docente Gabriela Nis, en tanto, sumó: “Los tres círculos (color magenta sobre un fondo blanco) representan el equilibrio entre lo que pensamos, decimos y hacemos”.

Gabriela acudió al encuentro en representación del proyecto Mediadores por la paz, sobre el que explicó: “Trabajamos en la mayoría de las escuelas primarias y secundarias, educando en la resolución positiva de conflictos, formando estudiantes y docentes mediadores”.

La docente resaltó que la normativa vigente permite enarbolar la bandera de la paz en las entidades educativas.

Momento de introspección.

Cabe destacar que, en la plaza de la Catedral, los presentes reflexionaron sobre el papel que todos pueden tener para ayudar a forjar la paz, con una meditación tendiente a proyectar un mensaje positivo, “para Bariloche, la Argentina y el mundo”, tal como precisó María Esther Yrigoyen.

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