2025-09-16

REPORTAJE

Adentrándose en el Instituto Balseiro: mística y un futuro incierto

Un paseo por un sitio que, pese a todo, respira a ritmo propio.

Ingresar al Instituto Balseiro es entrar en un universo particular, un rincón cargado de mística.

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Hay que destacar que se encuentra integrado al Centro Atómico Bariloche (uno de los sitios de investigación y desarrollo de la Comisión Nacional de Energía Atómica -CNEA-), por lo cual acceder a ese espacio es como adentrarse en una ciudad dentro de otra.

El saber resplandece como la esencia del Instituto Balseiro. 

El concepto de campus, tan arraigado en otros países (basta ver ciertas películas made in the great country of the north, con sus barras y estrellas), toma una nueva dimensión en una versión local donde, a diferencia de otros lugares, aparece con un matiz humano que le brinda al conocimiento una calidez singular.

Así, ante una invitación para realizar un recorrido por esas calles internas, se descubre la esencia de una entidad que inhala historia y exhala futuro (aunque, como se verá más adelante, eso está en peligro).

Equipos con historia.

Cabe destacar que el Instituto Balseiro es una institución de enseñanza universitaria pública y gratuita dependiente de la CNEA y la Universidad Nacional de Cuyo (Uncuyo).

Precisamente, los estudiantes que ingresan a las carreras de grado y maestrías reciben becas completas de la CNEA, que garantizan una dedicación exclusiva al estudio.

De esa forma, es posible seguir la Licenciatura en Física, Ingeniería Nuclear, Ingeniería Mecánica e Ingeniería en Telecomunicaciones.

Además, están las formaciones de posgrado con maestrías en Ciencias Físicas, Física Médica e Ingeniería; así como los doctorados en Física, Ingeniería Nuclear y Ciencias de la Ingeniería.

La oferta académica se completa con la carrera de Especialización en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear.

Un reactor nuclear en el corazón del Centro Atómico.

RECORRIDO

Las responsables del área de Comunicación Institucional y Prensa del lugar actúan de anfitrionas en un recorrido que comienza en el salón de actos, ubicado en el pabellón Guido Beck.

En vitrinas ubicadas a los costados, se atesoran equipos antiguos junto a textos añejos.

Reliquias vinculadas a la ciencia.

Allí es donde funcionó la primera biblioteca del sitio (aunque están los que dicen que, en realidad, primero hubo otro espacio que la antecedió en ese servicio).

Junto al salón de actos, un aula es cobijo de pupitres de la etapa inicial de la institución. Sentarse allí remite a tiempos lejanos, a partir del aroma de la madera y las inscripciones de vieja data que realizaron los alumnos (queda claro que la costumbre de grafitear no pertenece a una etapa específica). Incluso, a un lado de ese mobiliario, se ve una chapa que remite al inventariado original de la CNEA.

Jugando a ser alumnos...

Hay que destacar que la creación del Balseiro se remonta a 1955, a partir de la firma de un convenio entre las autoridades de Uncuyo y la CNEA. Y el 1° de agosto de ese mismo año comenzaron a dictarse clases, con el nombre de Instituto de Física de Bariloche. Luego, el cambio de denominación llegó como homenaje al primer director, José Antonio Balseiro, quien falleció cuando tenía cuarenta y dos años, por leucemia.

Es decir, el Instituto Balseiro, este año, cumplió siete décadas de actividad.

Un pupitre con historia.

El camino por el campus continúa, y la encargada de prensa del Balseiro, Laura García, comenta que durante la pandemia una cámara de vigilancia captó la presencia de un puma deambulando por el lugar. Más allá de eso, de repente se detiene y señala hacia una edificación, el pabellón N° 6, e informa: “Ahí nació INVAP”. Durante la caminata, marcando diversos puntos, habla de laboratorios de ciencia experimental, microscopios, un gigante de concreto donde funciona el área de Telecomunicaciones, el centro de medicina nuclear Intecnus —que también está dentro del perímetro del Centro Atómico—... Además, claro, la joven apunta al sitio que acoge al Reactor Nuclear RA-6, inaugurado en 1982.

Caminata por el Centro Atómico.

Ingresamos en el laboratorio de fotónica y optoelectrónica, donde se observa un espectrómetro, instrumento que se usa para medir las diversas propiedades que tiene la luz sobre algún espacio en el espectro electromagnético, con el fin de realizar análisis espectroscópicos para conocer e identificar algunos tipos de materiales.

Paso por el laboratorio de fotónica y optoelectrónica  

En el departamento de bajas temperaturas, en tanto, la doctora en Física Yanina Fasano muestra un criostato de dilución, que, según cuenta, produce lo que define como “uno de los puntos más bajos de temperatura del hemisferio sur”. Los investigadores, con ese equipo, pueden hacer experimentos para estudiar diversas propiedades de la materia a escalas ínfimamente pequeñas. 

El punto más frío del hemisfero sur.

Algo que destaca en el Centro Atómico —casi como rosarios y cruces en un colegio religioso— es la presencia de tablas periódicas pegadas en las paredes de los diversos edificios.

Asimismo, en las calles internas de esa ciudad dentro de la ciudad, aflora un orden y una pulcritud ejemplares. Pero, claro, eso no evita que un rapto de enamoramiento haya quedado reflejado en una pintada sobre un contenedor de basura (raro el receptáculo de la demostración de cariño...): “Solcito sos mía”, se lee. Al lado, en un container “vecino”, figura otra frase, pero esa conviene no consignarla en este artículo porque el “poeta” de ocasión, para dirigirse a una tal Vicky, utilizó un lenguaje soez.

Un equipamiento que permite experimentar.

El paseo por el campus incluye atravesar un sendero donde el aroma a lavanda se siente en plenitud.

La siguiente parada es la biblioteca Leo Falicov. Su nombre alude a un físico argentino que falleció en 1995, reconocido a nivel mundial, egresado de la primera promoción del Balseiro (cuando aún era el Instituto de Física de Bariloche).

Fachada de la biblioteca Leo Falicov.

La biblioteca abarca casi dos mil metros cuadrados con salas de lectura, áreas de estudio grupal, puestos informáticos y estanterías abiertas, con una colección que supera los veinticinco mil volúmenes, a lo que se suman publicaciones periódicas, material histórico y acceso a bibliografía electrónica.

La estructura donde los libros se guarecen.

Obviamente, los libros que almacena son especializados en las temáticas que se tratan en el Instituto Balseiro y el Centro Atómico en general, pero la directora de la biblioteca, Mercedes Tovar, aclara que están trabajando en añadir obras literarias, para apuntar a una formación ampliada. Así, están en proceso de clasificación. Y, por ejemplo, sobre una mesa repleta de títulos, destaca el lomo de la obra El libro del anhelo, de Fernando Pessoa.

Uno imagina que, en ese conjunto de textos literarios, debe haber al menos uno (o quizá más, claro) de Ernesto Sabato. Cabe recordar que el autor de Sobre héroes y tumbas se dedicó en plenitud a la literatura —y la pintura— recién tras abandonar la Física. Pero antes de que eso ocurriera, tras doctorarse en la Universidad Nacional de La Plata, una beca lo llevó al Laboratorio Curie, de Francia, uno de los más avanzados en estudios nucleares de aquella época (finales de la década del treinta del siglo XX). Sabato también acudió al Massachusetts Institute of Technology, en Estados Unidos, donde publicó un trabajo sobre rayos cósmicos. A su regreso, ya con la decisión de cambiar de sendero vivencial, tuvo un plus en su caminar por la ciencia, pero en una faceta de educador: “Como último deber hacia las personas que me habían dado la beca, enseñé Teoría Cuántica y Relatividad en la Universidad de La Plata, donde tuve como alumnos a Balseiro, cuyo nombre preside hoy un centro atómico en la ciudad de Bariloche, y a Mario Bunge”, escribió en su libro Antes del fin.

 

Mercedes Tovar, a cargo de labiblioteca desde diciembre de 2024.

Más allá de estos pensamientos hechos tinta (virtual), hay que decir que la biblioteca Leo Falicov guarda, en sus estantes, la colección personal de Balseiro. También se observa un cúmulo de las tesis que nacieron en la institución, aunque hay que aclarar que, a partir de 2020, pasaron a ser únicamente digitales.

Concentración en la sala parlante.

Junto a ese espacio, en el edificio, se encuentra una sala parlante que lleva el nombre de la primera mujer egresada del Balseiro, “Dra. Verónica Grünfeld”. En el lugar, los bustos de la muestra Heroínas, relacionados con la lucha por la emancipación latinoamericana, creados por la artista plástica Ruth Viegener —quien falleció en 2019—, otorgan un marco imponente.

Los bustos ideados por Ruth Viegener "observan" a los alumnos.

Luego es hora de ir a otro edificio. En la zona de ingreso, pegadas a las paredes, hay gigantografías con pinturas de Pablo Bernasconi, acompañadas por diversas citas, como:

   * Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad (Julio Verne).

   * El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros (Jorge Luis Borges).

   * La suerte favorece sólo a la mente preparada (Isaac Asimov).

   * No trato de describir el futuro, trato de prevenirlo (Ray Bradbury).

El cronista, al ver esas obras, recuerda cuando Bernasconi, durante una entrevista, le comentó que había nacido en Buenos Aires, pero que a los cinco años llegó a Bariloche por cuestiones laborales de sus padres, lo que marca también un contacto profundo con el Centro Atómico: “Mi mamá trabajaba en el Balseiro; mi papá, en INVAP”, explicó durante aquella conversación, un año atrás.

Caminando por donde nunca se deja de investigar.

Tras atravesar el hall y un espacio en el que se accede a diversas aulas, se llega a una confitería donde aguarda la vicedirectora perteneciente al área de Ingeniería —y posiblemente futura directora— Graciela Bertolino, quien se refiere a los orígenes de la institución, vinculados al Proyecto Huemul. “Durante la presidencia de Juan Domingo Perón, (el austríaco) Ronald Richter lo convenció de que podía lograr la fusión nuclear, que es algo que, en la actualidad, aún no se consiguió más que a nivel experimental. En realidad, lo único que se ha logrado, hace algo más de un par de años, en Estados Unidos, es producir un poquito más de energía de la que se invierte”, narra, en referencia a lo que sucedió en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en diciembre de 2022.

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De esa manera, da a entender que lo que perseguía Richter, en definitiva, más de setenta años después, recién se está comenzando a ver que era viable.

La fusión nuclear, un tema que no ha dejado de estar presente en el Instituto Balseiro, más allá del tabú que implicó el affaire Richter en la isla Huemul.

La fusión, explica, “tiene muchísimos beneficios, por ejemplo, se produce una energía absolutamente limpia, sin residuos radiactivos”.

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Por otra parte, diferencia: “La fisión —fisionar es separar— es con lo que se produce hoy energía eléctrica con un nivel nuclear. Es decir, agarro un átomo muy pesado, le pongo una perturbación, que en general es un neutrón, y esa perturbación hace que el átomo se sienta inestable y se quiera dividir en dos pedazos, con pequeñas partículas que se liberan. Eso tiene residuos radiactivos. Y surge la gran discusión: ¿la energía nuclear es limpia o no?”.  De tal forma, ella misma responde: “Es muy limpia porque no tiene gases de efecto invernadero. Posee residuos radiactivos que son muy fáciles de tratar —o no— dependiendo de la decisión política, porque la decisión es política, no técnica”.

“Hay países que lo tienen muy definido”, continúa, ejemplificando: “Finlandia es el más avanzado, con repositores geológicos profundos”.

El cuidado, presente.

Retomando el episodio Richter, señala que, en determinado momento, a partir de lo que el europeo había dicho, Perón anunció que la Argentina había logrado la fusión nuclear. “Los físicos que estaban en el exterior sostuvieron: ‘Eso ahora todavía es imposible’. Algunos se contactaron con Perón y concordaron en evaluar lo que se estaba haciendo. Se creó una comisión, en la cual estaba Juan Antonio Balseiro. Vinieron, inspeccionaron y realizaron un informe que decía: ‘Se están haciendo cosas buenas, pero no lograron la fusión’”, manifiesta Bertolino.

Aparatos diversos afloran en cada rincón de la institución

La vicedirectora expresa que, a pesar de todo, aquello sirvió como “puntapié inicial” para la concreción del instituto.

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Incluso señala que “todo el equipamiento que estaba en Huemul se trajo y se utilizó, porque eran cosas muy buenas”. De esa manera, considera: “Fue un fallo que sirvió de trampolín para tener esto; todo lo que se invirtió en la isla Huemul, salvo las instalaciones civiles, se usó acá.

—¿Quedó algo de ese material? —consulta el periodista.

—Sí, muchas cosas.

Los equipos especializados.

Por otra parte, desde los años iniciales, en el instituto se percibió un aura que logró traspasar a los primeros protagonistas. Es ese sentido, Graciela destaca que la muerte temprana de Balseiro, a menos de siete años de haberse creado la entidad, no impidió que la institución se desarrollase, ya que quienes habían estudiado allí decidieron hacer lo posible —y algo más— para que la historia continuara. “Cuando falleció, sólo había tres promociones de graduados, pero esa gente se juntó y se puso el instituto al hombro”.

“Es increíble el espíritu que Balseiro logró propagar, porque formó una comunidad muy sólida”, aprecia.

El recuerdo de José Antonio Balseiro.

Sobre su propia experiencia, devela: “Tuve la suerte de tener como profesor a Abe Kestelman, un graduado de la primera promoción; en las clases transmitía una pasión enorme, con mucha solidaridad”.

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“Si nos vamos —y lo digo porque yo me fui—, cuando uno se forma acá, está el deseo de querer retornar, para, de algún modo, devolver algo”, apunta.

Cabe decir que Graciela, precisamente, cuando acudió al exterior, se desempeñó en Francia.

Cada rincón del campus presenta una nueva sorpresa... incluso para los radioaficionados... 

La profesional, sobre lo que ocurre a nivel mundial, considera que se está apreciando una desestigmatización de lo nuclear.

En ese punto, advierte que lo que pasó en 1986 en Chernóbil (norte de Ucrania, en aquel momento parte de la Unión Soviética) “fue el gran cuco de la producción de energía por medios nucleares”, debido a las consecuencias de la radiación. “Cuando uno lo estudia desde el punto de vista de seguridad nuclear, ve que se trató de un accidente provocado por el hombre; eso está demostrado”, indica.

Luego advierte: “Después vinieron episodios muy pequeños —algunos que quizá no se hicieron públicos— hasta 2011, cuando llegó lo de Fukushima (Japón), un accidente natural. Claramente, el siting, que es la evaluación del sitio donde se va a implantar una central nuclear, estaba muy mal pensado. Uno, ahora, jamás pondría algo así en una costa marítima de un lugar que tiene riesgo de tsunami. Más allá de eso, en 2013, cuando se terminó el informe de seguridad, se mostró que no hubo ninguna persona accidentada con un riesgo radiológico afectada por la central nuclear. Todos los que tuvieron algún problema fue por el accidente natural en sí, o porque se cayó una parte de una construcción civil o algo así”.

“Eso demostró que la seguridad nuclear es muy alta”, afirma, y añade que “cualquier central térmica que genere energía eléctrica es mucho menos segura que una nuclear”.

El reactor del Balseiro, cuando lo nuclear no es mala palabra.

UN PRESENTE QUE HACE DEL FUTURO UN INTERROGANTE

La posición del Gobierno nacional actual, en lo que hace a la educación y la investigación, está poniendo en jaque a varias instituciones académicas, y el Instituto Balseiro está entre ellas. “Nos encontramos en una situación extremadamente complicada, tanto a nivel universitario como en lo relativo al financiamiento en ciencia y técnica”, afirma Graciela Bertolino, para luego agregar: “Estamos llegando a un punto en el que parece no existir marcha atrás; no sabemos hasta cuándo subsistiremos… Hace unos días se fueron cuatro profesionales especialistas en temas nucleares, que no son reemplazables… Y todas las universidades muestran la misma coyuntura”.

“En junio se graduaron ingenieros mecánicos nucleares, varios de los cuales fueron contratados por una empresa privada”, expone, detallando que las firmas empresariales llegan con anterioridad a que terminen los estudios, utilizando promesas de puestos con salarios que triplican o incluso cuadriplican el que un profesional, con muchos años de antigüedad en la casa de estudio, recibe en la actualidad. “Esto es insostenible, y no me refiero en un plazo largo, ni en uno mediano, sino en el corto”.

“En el último año perdimos el veinte por ciento de los docentes”, revela, remarcando: “En la actualidad, el nivel salarial de un docente universitario, de un investigador, está casi en la línea de pobreza”.

Cada trabajador de la entidad expone a diario un conocimiento profundo.

PARTIDA

Salir del campus, que respira a ritmo propio, devuelve al trajinar diario.

Igualmente, a pesar de que ese paseo por las entrañas del Centro Atómico —y en especial de aquello que el Instituto Balseiro aún transmite— dejó la sensación de que esa ciudad dentro de otra ciudad aún guarda un espíritu propio, asoma la intranquilidad de saber que todo está en riesgo…

¿Cómo referirse a la diferencia entre ajustar y ahorcar?

Resulta complicado encontrar palabras para una preocupación creciente.

Acá, para que quede claro, se habla de un sitio que es un emblema de la ciencia y la investigación argentina... Y le están impidiendo inspirar y exhalar con tranquilidad.

Pese a eso, la mística llama a persistir, pero… ¿hasta cuándo se podrá?

La vista puesta en un futuro incierto.

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