REPORTAJE
Malosetti le puso ritmo de jazz a Bariloche y recordó a Spinetta
“¿Quién entre ellos puede jactarse de pureza suficiente como para tirar la primera piedra? O mirarme a los ojos con sus reumáticos ojos de curia y decirme que está mal amar a un felino negro y rollizo.” La cita pertenece a un texto de Hunter S. Thompson, ese escritor y periodista tan demencialmente genial que hubo que inventar un término para lo que hacía (gonzo). El extracto sale de un relato llamado Screwjack, y forma parte del libro Mescalito. Allí se relata una historia en la que un vínculo con un gato deja en el lector la sospecha de que la relación narrada puede haber sido más íntima que lo prudentemente imaginable. La noche del sábado, en Nené Bar (San Martín 672), el cronista —que, evidentemente, para hacer una analogía semejante, no tiene los patitos en fila— piensa en aquellas páginas made in gonzolandia cuando Javier Malosetti, al introducir lo que define como “una balada romántica con animales” titulada Albie & Ally, dice que el tema está inspirado en su gata y bromea: “Ella no me deja ‘avanzar’ como yo quisiera”.
Es un momento de tranquilidad en un show donde predomina el groove, comandado por el pulso que marca el bajo de Malosetti. El concierto parece una traducción en clave jazzera de la versión cruda spinetteana circa Los socios del desierto. Es decir, si el grupo de Luis Alberto Spinetta definía lo que era un power trío en el rock, aquí Javier cifra el término en lo que hace al jazz —o jazz-rock—, gracias al acompañamiento de Bruno Di Lorenzo en guitarra y Mateo Ottonello en batería (en momento puntuales, se suma como invitado Rodrigo Domínguez, quien reside en Bariloche, con su saxo soprano).
Crudeza y sensibilidad, palabras que en un primer instante pueden resultar imposibles de conjugar, congenian en el ritmo que impone una máquina a tracción a sangre marcando una cadencia que llama a mover sincopadamente las cabezas.
Power trío.
Precisamente, el recuerdo de la banda Los socios del desierto vuelve a aparecer una hora y pico después, en la trastienda de Nené Bar, durante una charla con Malosetti, con la mención al recital de las Bandas eternas en el que Spinetta, el 4 de diciembre de 2009, aunó a las agrupaciones de diferentes etapas de su vida y convocó a Javier para reemplazar en batería al “socio” que ya no estaba, Daniel “Tuerto” Wirtz, fallecido en 2008. Malosetti, aquella noche, también tocó el bajo, instrumento con el que había acompañado la música del Flaco durante varios años.
Sobre ese recital mítico, recuerda: “En aquel momento fue tremendo, pero me parece que lo es más ahora. Destaca con el tiempo, cuando ves que fue un cierre que no sabíamos que iba a ser tal, pero, después, dados los acontecimientos, te das cuenta de que lo que hizo fue ponerle un moño a más de cuarenta años de música y lírica muy grande, de otro planeta”.
Los ojos claros de Malosetti se transsforman en cristales cuando recuerda a Spinetta.
Al hablar del Flaco, a Javier se le cristaliza la mirada.
El cronista dispara su mente a una entrevista con Malosetti en una playa marplatense, más de veinte años atrás, cuando el músico recientemente había dejado de ser parte de la banda que acompañaba a Spinetta. Aquella vez, había dicho: “Con Luis vamos a estar unidos toda la vida”.
Javier, hace veinte años.
En el presente barilochense, en tanto, la nostalgia acude sin cita previa…
—¿Eras muy seguidor de Spinetta antes de comenzar a tocar con él?
—Sí, claro, era mi héroe total…
Malosetti hechiza con su magia al bajo durante el concierto en Nené Bar.
Y, más allá del aura spinetteana, que el tiempo no logra disipar, está la actualidad…
—Hay algunos músicos que disfrutan de las giras y otros que las padecen, ¿qué te pasa a vos cuando salís al camino?
—Todavía lo disfruto, no me duele, aunque me banco cada vez menos el hardcore de dormir de a puchitos y viajar, probar sonido, tocar, todo en tiempo récord, ¿viste? Pero todavía lo hago con mucho entusiasmo, más allá de que extraño mi casa, mi familia… Sin embargo, estoy con mis chicos —en referencia a los músicos que lo acompañan—, lo que es muy divertido e inspirador.
Una noche barilochense a puro groove
—De acá a un tiempo, pongamos unos diez o quince años, ¿te imaginás siguiendo sobre el escenario?
—Yo me imagino tocando, pero quizás en algún momento el tema de toda la burocracia de actuar, seguramente, lleve a que no vaya a querer estar presentándome mucho en vivo, salvo alguna situación que amerite. No sé si voy a estar persiguiendo este tipo de giras titánicas. Ahora hicimos doce conciertos sin parar… Tocamos en Capital, Catamarca, Córdoba, Festival de Altagracia, Santa Rosa, General Pico, Viedma, Puerto Madryn, Neuquén, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, hoy Bariloche, mañana Villa La Angostura, después iremos a Rafaela… Estamos en un momento de tocar mucho, y yo lo estoy disfrutando, pero a veces me pesa la osamenta; voy a cumplir sesenta años.
Sobre el escenario, potencia y sensibilidad.
—Y, en esta etapa de tu vida, ¿qué significa la música para vos? Porque imagino que has pasado por diferentes períodos…
—Significa mi pasión y mi sostén. Hay muchos músicos muy grosos que se dedican a otra cosa, pero, para los que es nuestro modo de ganarnos la vida, la sentimos muy intensamente. Ahora estoy en una etapa de casi no escuchar discos, porque creo que mi inquietud musical ya se sacia ejecutando, es decir, actuando y ensayando… Hay tanta música que va saliendo… pero yo estoy cansado de correr detrás de las cosas; ya escuché un montón de discos y no me entra nada más.
Los que asistieron al recital quedaron más que contentos.
—¿Pero tenés momentos en que te ponés a escuchar algo de tu papá, por ejemplo? —la pregunta refiere a Walter Malosetti, guitarrista que falleció el 29 de julio de 2013; una leyenda del jazz.
—Me cuesta un poco… Pasa con mi viejo, con Luisito… Me da todavía un poco de angustia. Entonces, prefiero recordarlos sin poner sus discos. Igual, si los ponen, los disfruto, más vale, pero… me gustaría poder terminar con ese luto… o no sé qué carajo es. Para volver a disfrutar sin que signifique una congoja; aún no me ocurre.
Mano a mano, después del show.