2025-08-28

RECOMPENSA POR DATOS

Una docente de Buenos Aires busca a sus padres biológicos en Bariloche y ahora ofrecen una recompensa

Una ciudadana nacida en Bariloche continúa con la búsqueda de sus padres biológicos. Marcela Sibilla reside en Bella Vista (Bs.As.) su nacimiento se produjo en el Hospital Zonal Ramón Carrillo de esta ciudad.

Marcela cuenta que cuando cumplió 20 años se enteró que había sido adoptada. Desde allí comenzó un largo recorrido hasta conocer que nació en Bariloche el 16 de octubre de 1968, que su padre fue Antonio José Lira y su madre biológica, quien la habría dado en adopción, fue Martha Parra.

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Ya hace un tiempo comenzó a buscar a sus padres biológicos, no tiene absolutamente nada personal con el matrimonio que la adoptó aunque no se llevaba bien con su madre adoptiva. Considera, como todo ser humano, que “necesito conocer mi historia”. Al enterarse sobre la búsqueda el intendente Walter Cortés decidió aportar una recompensa de $50.000 para aquel vecino/a de Bariloche que aporte datos fehacientes sobre Antonio José y Martha.

Sibilla descubrió que ante su nacimiento surgieron algunas irregularidades, ya que al llevar a cabo distintas averiguaciones logró que le informen que en su momento se comunicaron con Belisario Castro, director interino del Hospital Zonal en aquel entonces, quien dijo que no fue registrado su nacimiento en dicho nosocomio. Pero el acta de adopción sí lo confirma.

El nombre que habían elegido sus progenitores biológicos es Adriana y en diálogo con El Cordillerano relató lo que sabe de su pasado y confirmó la intención de dar con su familia original. “Siempre sospeché que era adoptada y recuerdo que cada vez que mis padres salían, revolvía todos los papeles buscando alguna confirmación”, dijo.

Tal como publicó “El Cordillerano” en febrero de 2021 Marcela consiguió un expediente en el año 2010 “lo busqué en el Registro de las Personas en Capital Federal, igual cuando me enteré a los 20 años llamé al equipo de adopción y me dieron algunos datos”.

Ellos le dieron la dirección del domicilio de la directora de Adopción del San José, “fui a su casa, me dijo que ella tenía un cuaderno rojo donde figuraba mi historia pero que no me la iba a dar, que de bebé me tuvo en esa casa un tiempo, pero me trató muy mal y eso me sorprendió”.

Siguió buscando hasta dar con un expediente de 40 folios, el que comienza diciendo “a los 22 días del mes de octubre de 1968 comparece la Sra. Cecilia María Juana Rabut de Chambre, vocal del equipo de Adopción del Movimiento Familiar Cristiano quien presenta a la niña Adriana nacida en el hospital regional de San Carlos de Bariloche el 16 del presente mes. No se sabe si ha sido inscripta…”.

“La niña fue traída desde Bariloche, a pedido de la Sra. De Sustaita, voluntaria de dicho hospital quien habiéndose enterado de la obra que realiza el equipo de adopción y ante la imposibilidad de ubicar en esa localidad a los menores que se encuentran abandonados en los hospitales, se puso en comunicación telefónica con la Sra. De Linck responsable del equipo de adopción, a fin de informarle que en un avión de la compañía Argentina de Transportes Aéreos viajaría la pequeña. La misma llegó a Buenos Aires el día 21 del presente mes”. Agregando “la menor fue abandonada por su madre, quien no quiso identificarse y la que solicitó que la niña fuera entregada a un matrimonio para que se hiciera cargo de ella”.

En dicho expediente también figura un pedido del certificado de nacimiento que se hizo el 25 de junio de 1968 a la Dirección del Registro Civil y Capacidad de las Personas de la provincia de Río Negro. La respuesta fue negativa: “Practicada una prolija revisación en los libros y duplicados respectivos de San Carlos de Bariloche, correspondiente al año 1968 se ha podido constatar que no figura en ellos la partida de nacimiento de la menor Adriana Lira”.

Hoy Marcela sigue con su búsqueda y pide que si algún vecino recuerda algo o tiene un indicio sobre Antonio José Lira y/o Martha Parra se lo informen y para ello aportó el número de su celular (011 – 1557362197).

 

La publicación de El Cordillerano en febrero 2021

Marcela sabe que una persona al ver su estado de desnutrición se comunicó con el equipo de adopción para que vinieran a buscarla al hospital. “Teóricamente yo estaba abandonada en el hospital, después un juez de Viedma solicitó al director del hospital mi acta de nacimiento y ahí es cuando de golpe apareció mi nombre real, Adriana Lira y el de mis padres”.

En otro folio del expediente quedó registrado que debido a su estado de salud permaneció algunos días en incubadora, figura su peso de nacimiento y que su madre también estaba con desnutrición, por eso descarta que haya nacido en un parto domiciliario. Por orden de la Justicia se intentó dar con el paradero de los padres biológicos en Bariloche y en los alrededores en 1969 pero no lograron dar con ellos. “No sé si mi mamá me quiso dar en adopción y esa es una de las cosas que necesito saber” se lamentó.

 

La verdad salió a la luz

De una manera totalmente sorprendente le llegó a Marcela la confirmación que siempre sintió, que era adoptada. “Yo soy docente de nivel inicial y cuando estaba estudiando Asistencia Social conocí a unas monjitas, me ofrecieron ir al sector de minoridad y tocaba la guitarra o charlaba con las chicas”.

Antes de narrar la situación aclaró que es algo que algunos podrán creerle y otros quizás no. “Un día me estaba despidiendo de la monjita y pasa una señora mayor preguntando dónde quedaba la estación de Bella Vista, entonces decidí acompañarla”.

Continuó diciendo “cuando me preguntó dónde vivía, esta señora me empezó a hablar de mí, que conocía a un matrimonio que había adoptado a una hija pero no pude decirle que era yo”. Sabía que su papá había tenido una inmobiliaria y por lo visto estaba muy bien informada.

“La dejé en la estación y al cruzar la calle para tomar un micro decidí volver a decirle que yo era esa nena, volví enseguida, el tren no había pasado todavía pero recorrí toda la estación y no la encontré, desapareció”.

La describió de una manera especial “una señora mayor, con un rodetito y un bastón, con vestido y cartera, todo blanco y me trasmitió mucha paz”. Enseguida llamó a la monja para contarle lo sucedido, ambas lloraron y desde ahí decidió buscar la verdad.

Luego un primo le confirmó lo que se había enterado, “cuando hablé con mi familia mi papá lloraba en silencio y mi mamá permaneció callada, con los brazos cruzados y una mirada cargada de furia”. Toda una vida de rencor “mis padres adoptivos habían tenido un bebé que falleció al otro día entonces supongo que fue mi papá quien me quiso adoptar pero ella jamás me aceptó”.

“Mi madre adoptiva realmente fue muy mala conmigo y el único que me quería era mi papá pero me dijo que no habían datos míos de chiquita aunque no era verdad”.

Por último Marcela sostuvo que su intención es que su historia llegue a la comunidad barilochense porque quizás alguien sabe esa parte de su historia que aún no conoce. “Seguramente tengo familiares que no conozco y aunque haya pasado mucho tiempo, no pierdo las esperanzas de un rencuentro”.

 

 

 

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