Llegó el día: el Mirage ya “vuela” sobre el lago Nahuel Huapi
El avión Mirage con patente I-014, que llegó a la ciudad para ser colocado sobre el Nahuel Huapi, fue instalado hoy sobre una torre dispuesta en el lago, en el ámbito del Museo Malvinas, Antártida y Atlántico Sur.
Cabe recordar que la intención es rendir honor a los pilotos que, en las islas, volaban a ras del agua para evitar ser detectados por los radares británicos.
El museo, ubicado en Juan Manuel de Rosas 155, será inaugurado el sábado 6 de septiembre a las 15, con diversas intervenciones culturales.
El sitio es un espacio privilegiado de Bariloche debido a su ubicación, pero, además, para los veteranos tiene un significado especial, ya que ese punto geográfico ofrece una vista similar a aquella que encontraron cuando estuvieron en Puerto Argentino, en 1982.
Más allá de la alegría por la colocación del avión sobre el espejo de agua, así como por el anuncio de la apertura del lugar, algunas personas ajenas a la labor veían con preocupación los fuertes vientos del fin de semana, porque las condiciones climáticas hacían temer que finalmente el avión no pudiese ser posicionado durante estos días. Sin embargo, los excombatientes estaban convencidos de que se pondría en el tiempo estipulado. Luego, el bienvenido cambio de clima les dio la razón y, de ese modo, se iniciaron las tareas para que el Mirage “vuele” en Bariloche.
Precisamente, durante la mañana del martes, mientras las labores comenzaban y, por ejemplo, el buzo Nahuel Scalko realizaba tareas de soldadura para fijar la torre dispuesta sobre una base de material para sostener al avión, el director de los Veteranos de Malvinas de Río Negro, Ruben Pablos, destacaba la responsabilidad vinculada a la cuestión, pero también la alegría que deparaba que una jornada tan esperada hubiese llegado. Para él, el tema del avión tiene un significado especial. Desde que surgió la idea de traerlo, sabía que se transformaría en un elemento central del proyecto.
“Esto tiene que ser un orgullo para los barilochenses”, dijo Pablos, a la vez que, justamente, remarcaba la colaboración popular brindada para que el sueño del museo, unido al del Memorial Héroes de Malvinas, llegase a ser una realidad.
Lo que se veía a su alrededor le daba la razón. Una gran cantidad de personas contribuía ad honorem. Así, por ejemplo, podía verse al presidente de la Asociación Artistas Plásticos de Bariloche, Daniel De Gaetano, dando una mano importante en diversos aspectos vinculados al lugar en general y puntualmente en lo referido al avión, ayudando a ubicar a la figura escogida para “pilotar” el Mirage.
Por otra parte, miembros de Prefectura Naval y la Fuerza Aérea —incluido el jefe de la Guarnición Bariloche, comodoro Horacio Marcelo Baggini— estaban atentos para arrimarse a los sitios en que hiciese falta acompañar alguna tarea.
Incluso personas que pasaban casualmente por allí —habitantes, pero también turistas— se acercaban a consultar si se necesitaba algo, al mismo tiempo que aprovechaban para echar un vistazo al Mirage, que imponente aguardaba para descansar en el aire local, con la “nariz” dirigida hacia Malvinas.
En tanto, la persona designada para dirigir el espacio, Carlos Bariggi, iba de acá para allá, celular en mano, tratando temáticas vinculadas a diversos aspectos museológicos que iban también más allá del avión.
En definitiva, en ese lugar de la costa barilochense prevalecía un ambiente de trabajo, pero, a la vez, regocijo. Todos entendían que se estaba participando de un momento que difícilmente escapara de la memoria.
Cuando una grúa, cerca de las 13, empezó a realizar las labores para alzar el avión, con el fin de trasladarlo hacia la torre, se divisaron algunas lágrimas en los rostros de los veteranos… El Mirage comenzaba a levantar vuelo.