Peregrinación a Chimpay: conocé el programa completo en honor a Ceferino Namuncurá
La tradicional peregrinación este año tiene como lema “Con Ceferino caminamos juntos, peregrinos de la esperanza”. Comunidades parroquiales de Bariloche han organizado las diversas caravanas pero lamentablemente, ya no cuentan con espacio disponible por lo que quienes deseen estar en Chimpay deberán trasladarse por sus propios medios.
El programa
Las actividades se realizarán en cuatro jornadas, detallamos la programación:
Martes 26:
11 horas misa en el monumento
16 horas misa de cumpleaños, festejo con torta, velitas, baile y música.
Viernes 29:
11 horas misa de bendición de niños y familias
16 horas misa y recepción de peregrinos
20 horas vigilia de oración sacramental y testimonial por sacramentos de adultos.
Sábado 30:
11 horas misa año jubilar con sacramentos a adultos
15 horas bautismos en el templo
16 horas misa en el monumento
18:30 con los jóvenes oración a María Auxiliadora en la ermita.
19 horas oración junto a Cristo Eucaristía en el templo
20 horas oración junto al fuego
21 horas la juventud le canta a la tierra con sopa compartida en el polideportivo
Domingo 31:
7 horas oración del amanecer junto a la cruz del 5to. Centenario, desayuno comunitario.
8 horas misa del peregrino en el templo, Cristo de la Tierra y la Vida
9 horas procesión desde la cruz del 5to. Centenario
11 horas misa central, parque Santuario
13 horas bendición y envío misioneros de los jóvenes.
16 horas misa de despedida de los peregrinos.
Habrá sacerdotes para el sacramento de la reconciliación. Se pueden acercar ofrendas en alimentos no perecederos, ropa y calzado.
Ceferino
Ceferino es expresión y fruto de la espiritualidad juvenil salesiana, hecha de alegría, de amistad con Jesús y María, de cumplimiento de los propios deberes y de entrega por los demás.
Representa la prueba más convincente de la fidelidad con la que los primeros misioneros mandados por don Bosco lograron repetir aquello que él había hecho en el Oratorio de Valdocco: formar jóvenes santos.
Este sigue siendo el compromiso de hoy, en un mundo que necesita jóvenes impulsados por un claro sentido de la vida, audaces en sus opciones y firmemente centrados en Dios mientras sirven a los demás.
La vida de Ceferino es una parábola de tan sólo 19 años, pero rica de enseñanzas.
Nació en Chimpay el día 26 de agosto de 1886 y fue bautizado, dos años más tarde, por el misionero salesiano don Milanesio, que había mediado en el acuerdo de paz entre los mapuches y el ejército argentino, haciendo posible al papá de Ceferino conservar el título de "gran cacique" para sí, y también el territorio de Chimpay para su pueblo.
Tenía 11 años cuando su padre lo inscribió en una escuela estatal de Buenos Aires, pues quería hacer del hijo el futuro defensor de su pueblo. Pero Ceferino no se encontró a gusto en aquel centro y el padre lo pasó al colegio salesiano "Pío IX".
Aquí inició la aventura de la gracia, que transformaría a un corazón todavía no iluminado por la fe en un testigo heroico de vida cristiana. Inmediatamente sobresalió por su interés por los estudios, se enamoró de las prácticas de piedad, se apasionó del catecismo y se hizo simpático a todos, tanto a compañeros como a superiores.
Dos hechos lo lanzaron hacia las cimas más altas: la lectura de la vida de Domingo Savio, de quien fue un ardiente imitador, y la primera Comunión, en la que hizo un pacto de absoluta fidelidad con su gran amigo Jesús. Desde entonces este muchacho, que encontraba difícil "ponerse en fila" y "obedecer al toque de la campana", se convirtió en un modelo.
Un día —Ceferino ya era aspirante salesiano en Viedma— Francesco De Salvo, viéndolo llegar a caballo como un rayo, le gritó: "Ceferino, ¿qué es lo que más te gusta?". Se esperaba una respuesta que guardara relación con la equitación, arte en el que los araucanos eran maestros, pero el muchacho, frenando al caballo, dijo: "Ser sacerdote", y continuó corriendo.
Fue precisamente durante aquellos años de crecimiento interior cuando enfermó de tuberculosis. Lo hicieron volver a su clima natal, pero no bastó.
Monseñor Cagliero pensó entonces que en Italia encontraría mejores atenciones médicas. Su presencia no pasó inadvertida en la nación, pues los periódicos hablaron con admiración del príncipe de las pampas.
Don Rúa lo hizo sentar a la mesa con el consejo general. Pío X lo recibió en audiencia privada, escuchándole con interés y regalándole su medalla "ad principes". El día 28 de marzo de 1905 tuvo que ser internado en el Fatebenefratelli (Hermanos de San Juan de Dios) de la isla Tiberina, donde murió el día 11 de mayo siguiente, dejando tras de sí una impronta de voluntad, diligencia, pureza y alegría envidiables.
Era un fruto maduro de espiritualidad juvenil salesiana. Sus restos se encuentran ahora en el santuario de Fortín Mercedes, de Argentina, y su tumba es meta de peregrinaciones ininterrumpidas, porque goza de una gran fama de santidad entre el pueblo argentino.
Ceferino encarna en sí los sufrimientos, las angustias y las aspiraciones de su gente mapuche, la misma gente que a lo largo de los años de su adolescencia encontró el Evangelio y se abrió al don de la fe bajo la guía de sabios educadores salesianos. Hay una expresión que recoge todo su programa: "Quiero estudiar para ser útil a mi pueblo".
En efecto, Ceferino quería estudiar, ser sacerdote y volver entre su gente para contribuir al crecimiento cultural y espiritual de su pueblo, como había visto hacer a los primeros misioneros salesianos.
La beatificación de Ceferino es una invitación a creer en los jóvenes, también en los que apenas han sido evangelizados, y a descubrir la fecundidad de Evangelio, que no destruye nada de aquello que es verdaderamente humano, y la aportación metodológica de la educación en este estupendo trabajo de configuración de la persona humana que llega a reproducir en sí la imagen de Cristo. Información de Pascual Chávez Villanueva.