2025-08-17

Fiesta de la Nieve 2025: la última jornada tuvo una tarde bandeja en mano

La tradicional carrera de mozos se vivió con alegría en el día final de la celebración barilochense.

La carrera de mozos de la Fiesta de la Nieve es una tradición muy ligada al alma de una ciudad que tiene en la gastronomía a uno de sus pilares.

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Justamente, antes de que la competencia se iniciara, el referente local de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA), Ovidio Zúñiga, destacaba que la idea había surgido a inicios de la década del setenta. “No creo que haya otra carrera de mozos en el país que tenga este marco tan hermoso”, decía, mirando el panorama, con la bajada de la calle Rolando en zigzag, desde Elflein a Moreno, y la cantidad de gente reunida a los costados, en las veredas, que se extendía para observar el espectáculo y alentar por toda la Mitre.

“Hay más inscriptos que el año pasado y muchos menos que el próximo”, sonreía Ovidio, previendo un desarrollo siempre en crecimiento de la competencia típica del sector gastronómico.

Concentración y nervios...

Y en el Centro Cívico, donde los participantes llegaban tras recorrer el camino con una bandeja en la que tenían una botellita de agua mineral, una lata de energizante, un porrón de cerveza y un vaso, el intendente Walter Cortés también se mostraba contento: “Estoy muy feliz, porque soy parte de Bariloche, y esta fiesta es un sentimiento que se vincula a la idiosincrasia, a nuestra historia. Volver a las raíces nos reencuentra, por eso las tradiciones son fundamentales. Acá, esta tarde, vino el pueblo, al que hay que darle lo que quiere”, sostuvo el jefe comunal.

Destreza con la bandeja.

En cuanto a los participantes, la mezcla de alegría y nervios casi se podía palpar, porque invadía todo el ambiente. El asunto también tenía un perfil algo problemático para ellos, porque en ese contexto de algarabía, propiciado por el aliento del público, si bien se sentía el impulso a dar lo mejor de sí, no resultaba tan fácil concentrarse. Entonces, podía resultar contraproducente a la hora de mentalizarse en llevar la bandeja de manera correcta, con el fin de evitar que se cayeran las cosas que había encima, lo que implicaba una falta que luego haría que el orden en la lista de llegada variara. Lo mismo pasaba si se corría, porque el reglamento señalaba que se podía caminar rápido, pero no correr... más allá de que se tratara de una carrera.

La seriedad demostraba concentración.

Luego, cada competidor, además de los elementos que cargaba sobre la bandeja, llevaba sobre sí una historia particular. Así, resultaba fácil empatizar con algunos participantes.

Por ejemplo, Abigail Mansilla, quien finalmente no formó parte del podio, pero estuvo muy cerca de lograrlo, es una tucumana que trabaja por temporada en Bariloche (es la segunda vez que viene). A partir de la insistencia de un amigo que reside desde hace tiempo en esta parte de la Patagonia, se decidió a probar suerte. Ella es madre soltera, y su hijo Mateo, en esta ocasión, quedó con los padres de la joven en Tucumán. “La carrera fue algo muy desafiante”, dijo.

Detrás de cada participante, una historia.

En cuanto a la ganadora entre las mujeres, Florencia Di Benedetto, si bien nació en Buenos Aires, desde hace cuatro años reside aquí. Comenzó a trabajar como camarera a los dieciocho años y, en ese rol, se desempeñó no sólo en tierra porteña sino también en Montevideo. El domingo fue la primera vez que participó en una competencia de este tipo. “Me anotó un compañero de trabajo”, confió la joven, quien dijo que la carrera le resultó “algo muy divertido”.

Florencia, seguridad de triunfadora.

Y en la categoría mujeres, también destacó la presencia de una joven que era aspirante a reina de la Nieve, Eluney Abril Ojeda, camarera en una cervecería.

Candidata a reina y orgullo de camarera.

“Esta es mi última carrera, y participé porque quería que mis hijos me observaran hacerlo, ya que nunca me habían visto ser parte de esto”, contó, por su parte, Mauricio Soria, quien, finalmente, fue el triunfador en la categoría seniors.

Mauricio, sonrisa de ganador.

La vez anterior que Mauricio había participado fue veintidós años atrás (rememoró que salió tercero), cuando todavía no había nacido ninguno de sus tres hijos.

La sonrisa, por haber triunfado y, sobre todo, porque sus hijos hubiesen podido verlo, no le cabía en la cara.

Bajada en zigzag, inicio de la carrera.

Carlos Burgos, en tanto, fue el competidor más “veterano”. Con sesenta y cinco años encima, recordó carreras anteriores (alguna de casi tres décadas atrás). A un mes de jubilarse, sostuvo: “Estoy contento, orgulloso de mi profesión; hay que darle fuerza a los compañeros que vienen detrás”. Y bromeó: “La carrera, cuando sos grande, se hace difícil; de pibe, es otra cosa… pero ahora falta el aire”. En cualquier caso, debe aclararse que, más allá del cansancio, se lo veía contento.

Una profesión muy unida a Bariloche.

Además, hay que recalcar que la competencia envolvía a una profesión que siempre está activa. Prueba de ello fue el ganador de la categoría master (menores de cincuenta), Luciano Miceli, quien, tras recibir el trofeo, debió salir con rapidez a trabajar, porque estaba por iniciarse su turno.

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