2025-08-11

¿Cómo fue el recital de Spinetta en la Biblioteca Sarmiento?

A treinta años de un concierto mítico: las canciones que tocó y lo que dijo sobre el escenario en una noche mágica.

“A mí no me avisaron que había nieve”, bromeó Luis Alberto Spinetta en Bariloche, apenas se subió al escenario de la Biblioteca Sarmiento.

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El calendario marcaba que era el 10 de agosto de 1995. Jueves.

El tema de inicio fue La montaña. Cuando la canción concluyó, sonrió: “¿Vieron que empecé con La montaña?”. Y añadió: “Ahora voy a hacer Lago de forma mía, así completamos un poco el paisaje barilochense”.

Luego siguió el primer estreno, Diana.

Cabe recordar que la presentación la realizó con Los socios del desierto, grupo que completaban el bajista Marcelo Torres (más adelante sería parte de Los fundamentalistas del aire acondicionado, banda del Indio Solari) y el baterista Daniel “Tuerto” Wirtz.

Del álbum doble del trío, por aquel entonces aún inédito, durante la noche también sonaron Mi sueño de hoy, La orilla infinita, Se convirtió en la nocheLuz sin freno, tema con el que cerró el recital.

El resto del repertorio abarcó distintos senderos vivenciales. De la etapa de Almendra, Para ir y Plegaria para un niño dormido; del período de Pescado Rabioso, Credulidad; de Artaud —el mítico álbum de la tapa irregular, editado también como Pescado, aunque, en realidad, se trató de un proyecto solista—, La sed verdadera; de la época de Invisible, Los libros de la buena memoria; del disco Kamikazeque, por su carácter acústico predominante, quedaba muy bien con la intimidad que la Biblioteca Sarmiento propiciaba—, Ella también y Barro tal vez; de Mondo di cromo, Será que la canción llegó hasta el sol; de Peluson of milk, además de las ya citadas —La montaña y Lago de forma mía—, Cielo de ti; de la que hasta ese momento era su última grabación publicada, la banda sonora de la película Fuego gris, Preciosa dama azul, Norte de nada y Penumbra; también, Viento del lugar, un tema que, si bien era de vieja data, recién quedaría registrado en disco con la aparición en 1998 de la placa en vivo San Cristóforo, de Los socios del desierto, aquel torbellino sonoro que llevó por subtítulo Sauna de lava eléctrico.

Remera que se vendió la noche del show.

En Bariloche, Spinetta hizo algún comentario sobre su fijación con el cigarrillo y, señalándose el pecho, soltó: “Ahora tengo como un títere acá adentro”. Y cuando dedicó un tiempo, en el que permaneció solo sobre el escenario, a repasar varias de las composiciones mencionadas (las más antiguas) con su guitarra acústica, sonrió y dijo: “Estos temas son casi todos de la época… del ñaupa”.

Aquella noche, los momentos lúdicos —en el sentido de buscar una salida graciosa que disparara risas— abundaron. Por ejemplo, cuando comenzó a desatar los primeros acordes de Barro tal vez, y los aplausos atronaron en la Biblioteca Sarmiento, antes de continuar con la canción, con un tono grave de voz, preguntó: “¿Por qué es que les gusta tanto esta música… que es una música que contradice, en ciertos momentos, la vorágine ciudadana?”. Y él mismo contestó: “Por eso”. En un instante en que una ocurrencia jocosa deparó una devolución del público demasiado estruendosa, estiró un “bastaaaaaa”. Y cuando pareció que Barro tal vez había terminado, reinició la interpretación e incluso pidió a la gente que se sumara en la entonación (“A ver esas voces”, expresó, parte en broma pero bastante en serio), dando lugar a uno de los tantos momentos mágicos de la noche. Luego exclamó: “¡Lo cantaron mil puntos y estamos al borde de una era maravillosa!”.

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Al escuchar que alguien, entre la gente, gritó “¡Jugo de lúcuma!”, en pedido del tema de la etapa de Invisible, el Flaco respondió: “Se acabó… recién vendimos el ultimo vasito. Hay naranja, pomelo, uva… rosa mosqueta, que es de la zona”.

Después jugueteó con los presentes para que adivinaran cuál sería la próxima canción. Obviamente, las personas comenzaron a lanzar opciones, a las que Luis iba bajando el pulgar. Incluso, cuando alguien gritó Los elefantes, en alusión a la composición del mítico doble de Almendra, el músico contestó: “No, acá se cagan de frío”.

Un hombre, entonces, propuso Fermín, a lo que Spinetta rebatió: “Está internado”. Cabe recordar que la letra reza: “En el hospicio le darán/ agua, sol y pan/ y un ave que guarde su nombre”.

¡Hola, pequeño ser!”, de Pescado 2, prorrumpió otro, a lo que el Flaco devolvió: “Es tan pequeño que no lo encontramos. En la cordillera… estaba vestido de blanco, se nos perdió en la nieve”.

Finalmente, tras ese juego con la gente, se escuchó La sed verdadera, de Artaud.

Después del tiempo que dedicó a estar solo con su guitarra, Spinetta convocó nuevamente a Torres y Wirtz al escenario y los presentó con un jocoso: “Son remachadores profesionales”.

“Yo los llamé y les dije: ‘No hay nada, sólo un desierto. ¿Quieren venir?’. Me dijeron que sí. Lo compramos. Pusimos un poco de guita cada uno… y ahora no sabemos qué vamos a hacer con el desierto’”, expresó.

Luego siguieron más salidas ocurrentes que derivaron varias veces en carcajadas entre el público, llevando a Spinetta a decirles al bajista y el baterista: “Toquemos bien, si no me voy a tener que poner un programa cómico”. Ante nuevas risas, señaló: “Entraron en tren de joda”.

En cierto momento, una voz emergió del público para pedir Parado en la centina, de Fuego gris, y Spinetta rebatió: “Te la hago corta, no tengo ganas”. Por el contrario, cuando le solicitaron un poquito de Panacea, la cantó y luego manifestó: “No me pueden negar que les he dado el gusto”.

“Para recordar lo que obvié y lo que consideré importante, tuve que tener Libros de la buena memoria”, sostuvo al introducir ese tema, para otro instante de hechizo.

Espalda de la remera souvenir.

El final, como ya se dijo, llegó con Luz sin freno y un “chau” que, a quienes estuvimos allí, nos hizo advertir que debíamos retornar a la existencia en el plano terrestre habitual. Pero el sortilegio spinettiano había hecho efecto. Debido al recuerdo de una noche prodigiosa, la cotidianidad ya no sería tan pesada.

La vida, no cabe duda, es un poco mejor gracias a la música de Spinetta.

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