2025-08-07

San Cayetano en Bariloche: crónica de una jornada de Fe, preocupación y esperanza

Los problemas del presente, el pensamiento en el futuro y la mirada de los creyentes.

El reloj marca las cinco menos cuarto de la tarde del jueves 7 de agosto, cuando una figura inerte, tras atravesar una “puerta santa”, tal como reza un cartel encima del marco, ingresa en una parroquia del barrio El Frutillar. La imagen, que acaba de ser paseada por la zona en procesión, a pesar de su perfil inanimado, para los fieles, tiene vida. O, más que tenerla, la representa. Es decir, la efigie de San Cayetano, para ellos, equivale a esperanza. Como virtud teologal, propia del cristianismo, pero también en una versión terrenal, que en criollo equivaldría a algo así como la ilusión de pensar que no todo está perdido.

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Entrada de la figura de San Cayetano a la parroquia.

El santo, como patrono del pan y el trabajo, propicia el optimismo de soñar con que pronto la persona (o alguien cercano) conseguirá aquel empleo tan añorado. Y, como el asunto tiene que ver con la Fe (la que se escribe con mayúscula), están también aquellos que ya cuentan con una ocupación y ven en el santo a quien los ayudó a conseguirla y colabora a que la mantengan.

Esa sensación de confianza (en pedido o agradecimiento) se refleja en la mirada. Pocas cosas muestran un mayor significado que los ojos de un creyente. Curiosamente, reflejan el sentimiento de creer en lo que no se ve. La Fe propicia eso.

Ojos que hablan.

El párroco de San Cayetano, Enrique Lapadula, sostuvo: “La esperanza es una dimensión fundamentalmente cristiana. Para los pueblos antiguos, la historia equivalía a juntar las cosas del pasado, con el objetivo de aprender para el presente, pero no se pensaba en el futuro. La idea del futuro, de algún modo, la fue produciendo el pensamiento judeocristiano, con la promesa. Gracias a la esperanza, nosotros insistimos en que el futuro lo tenemos asegurado, porque Dios ha triunfado. Entonces, los católicos, no contamos con el derecho de ser apocalípticos ni estar amargados”.

La cercanía con la imagen.

Igualmente, reconoció: “Es cierto que, en el recorrido de la historia, hay instantes oscuros. Y ahora estamos viviendo momentos difíciles, con una sociedad muy materialista y la explosión de la tecnología. En nuestro país, además, se ve un resurgimiento barato de la derecha, que, a veces, parece que escupiera sobre valores que no se pueden discutir, ya que están más allá de las personas”.

A la izquierda, el párroco de San Cayetano, Enique Lapadula.

“La esperanza también se trata de atravesar este período complicado, mirando a Dios. Pero eso no significa que Él haga todo solo, sino que hay que mostrar nuestro compromiso”, añadió.

“La Iglesia, sin politizarse, tiene que ser capaz de proteger las cosas que deben defenderse”, dijo.

Paseo de Fe.

Igualmente, en esta ocasión, la política más militante (por llamarla de algún modo), en cierta manera, también se hizo presente a través de un sector de la gente que acudió a la peregrinación. Porque un cuarto de los asistentes (en total, había algo más de ochenta personas; luego, en la parroquia, se sumaron más) caminaron esgrimiendo banderas y chalecos sindicales.

Un perro surca el barro, mientras los creyentes cantan.

En tal sentido, el delegado de la Zona Andina y Comarca de la Confederación General del Trabajo (CGT), Luis Cionfrini, quien formó parte de la caminata, manifestó: “Históricamente, Saúl Ubaldini fue uno de los primeros en empezar de hablar de paz, pan y trabajo, y formaba parte de las procesiones de San Cayetano. Aquellas consignas hoy siguen estando vigentes, y creímos importante acompañar esta marcha religiosa”, sostuvo.

“Estamos solicitando una colaboración divina que nos ayude a resolver los problemas que vivimos en el país”, agregó.

La CGT, en el pecho; San Cayetano, en las manos.

También hubo mujeres que portaban una pancarta que decía: “Jubilados en lucha”.

“Queremos pedir paz, pan y trabajo para todos, así como también equidad. Creo que la solidaridad y la empatía tienen que estar presentes”, indicó una de ellas, Margarita Muñoz, quien reconoció que hacía mucho que no participaba de una peregrinación religiosa, a la vez que explicó que había decidido ir porque consideraba que “la lucha es una sola”. Al respecto, advirtió: “Tenemos que unirnos”. Y, asimismo, sobre la particularidad del sector que representaba, señaló: “La actualidad de los jubilados es nefasta y aterradora”.

La Asamblea de Jubilados barilochense, en medio de la procesión.

Por su parte, durante la misa de la tarde, el obispo Juan Carlos Ares recordó que en 1989 había sido diácono en el santuario de San Cayetano de Liniers, y leyó el mensaje que, por la celebración del santo, emitió la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina. Así, expuso: “Este día nos invita a escuchar el clamor de tantos hermanos y hermanas que ven en el trabajo la posibilidad de ser útiles y de contribuir al bien común. Trabajar constituye un derecho fundamental que construye la vida propia y la del grupo familiar, y sostiene el tejido social. La falta de trabajo hiere profundamente la dignidad de las personas y puede conducir al desaliento, al aislamiento y a la pérdida de sentido”.

Ingreso de la cruz en manos del obispo.

“En todo plan económico, cuidar el empleo y las fuentes laborales debe ser una prioridad indeclinable. Ninguna medida puede considerarse exitosa si implica que los trabajadores pierdan su empleo o vivan con angustia e incertidumbre sobre su futuro”, continuó con la lectura.

La música acompaña la celebración.

“En tiempos difíciles, valoramos todas las formas de trabajo: el empleo formal, los emprendimientos familiares, la economía popular, el reciclado, las changas. Toda actividad que, con esfuerzo, lleva dignamente el pan a la mesa merece ser reconocida, acompañada y protegida”, siguió, para concluir: “Pedimos la intercesión de San Cayetano para que no falte el trabajo digno en nuestros hogares y para que quienes hoy están desocupados o viven en condiciones laborales precarias encuentren nuevas oportunidades que les devuelvan la esperanza y mejoren su calidad de vida”.

Los fieles, en la parroquia.

Antes, durante la peregrinación, le había dicho al cronista: “Soy obispo de Bariloche desde hace algo más de dos años y, para mí, esta celebración representa un mayor conocimiento de la ciudad y los barrios, donde veo mucha necesidad, en todo sentido”.

El obispo reflexiona acerca de la actualidad (barilochense y argentina), mientras forma parte de la peregrinación.

“Hay merenderos que funcionaban bien y ahora no lo hacen, porque carecen de alimentos”, ejemplificó.

“Nosotros querríamos que la gente comiera en su propia casa, que el trabajo generara la dignidad de llevar al hogar el pan de cada día, no que se tuviera que ir a un comedor, pero a veces eso no pasa y hay que paliar la situación. Esto sucede porque no hay trabajo y la gente tiene que comer”, apreció, acerca de la función social que cumplen aquellos espacios que hoy ven disminuida la colaboración estatal y, por tal razón, no pueden ayudar como quisieran a los sectores de la población que sufren más complicaciones.

Embarrarse sin preocupación... Caminar con esperanza y devoción.

También consideró: “En Bariloche veo muchas iniciativas de talleres y cursos a jóvenes en centros educativos o agrupaciones, como pueden ser los colegios de la Fundación Gente Nueva o lo que hacen las Damas Salesianas. Pero, después, el vínculo con el trabajo mismo no llega, no se concreta. No existe oferta laboral para dar; habría que ver cómo generarla. Hay muchos jóvenes que no consiguen alcanzar su primer empleo”.

El orgullo de portar la figura de San Cayetano.

Además, remarcó: “No quiero olvidarme de los problemas que están sufriendo las personas mayores. Más allá de cualquier discusión política, no puede ser que un jubilado tenga que decidir qué medicamentos tomar porque tiene que comer y no le alcanza para todo. Necesitan tanto los remedios como la comida. Sentimos eso como una demanda importante de nuestros mayores. Ellos son quienes tienen la sabiduría, y los pueblos que no piensan en sus ancianos tampoco tienen en cuenta el futuro”.

La necesidad de tocar al santo.

Como se ve, durante la jornada, en general, prevalecieron reflexiones sobre problemas de actualidad que sufren diversos sectores de la sociedad.

Pero los fieles conservan, pese a todo, la mirada de aquellos que tienen Fe. 

Como refleja esa instantánea que vuelve a presentarse en la mente del cronista… Son las cinco menos cuarto de la tarde, y una figura inerte ingresa en la parroquia ubicada en Chorcorí y Charcao. Acaba de ser llevada a “pasear” en andas. Los creyentes, en lugar de observar una imagen inanimada, la ven humana y a la vez santa. Es la mirada privilegiada de los que tienen Fe y depositan su esperanza en San Cayetano.

La felicidad de los que tienen Fe... pese a todo.

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