La historia de un guía que ayuda a conocer el Bariloche urbano
Máximo Daulte, en el momento en que es acompañado por el cronista, es seguido por dieciocho personas. Lleva un paraguas naranja, que lo identifica como guía de paseos urbanos barilochenses, eco local de los “free walking tours”, caminatas que se realizan en diversas partes del mundo, donde grupos reducidos de gente, durante un par de horas, con la compañía de un experto del lugar, deambulan por sitios específicos. El término “free”, en este caso, no responde a la acepción “gratis”, sino a la de “libre”, es decir, se da por sobreentendido que debe realizarse un pago, pero cada persona está en libertad de abonar, al finalizar el recorrido, lo que considera justo, según la experiencia que ha vivido.
“Para un guía de turismo, después de treinta y cuatro temporadas de trabajo, la verdad es que, desde lo energético, a veces resulta difícil sostener un servicio de seis u ocho horas. En esto encontré el equilibrio justo. Durante dos horas, me esfuerzo a fondo”, señala Máximo, que arranca el tour mostrando casas de diferentes épocas, porque el hilo conductor de la caminata es la historia, condimentada con anécdotas que engrandecen los hechos vinculados al avance de la localidad, desde que fue una colonia agrícola pastoril a la transformación en un pueblo maderero y, luego, una ciudad turística.
Máximo capta la atención del visitante a partir de un anecdotario que supera la información tradicional (foto gentileza).
Cuando se habla de “condimento”, el detalle puede estar en comentar algo aparentemente menor, pero significativo para el turista, como, por ejemplo, develar que una especie de herradura que hay junto a las puertas de ciertas construcciones antiguas tenían como fin limpiarse los zapatos, ya que se trata de sacabarros, usados sobre todo en tiempos donde en el reinaba la tierra, con calles sin asfaltar y mucha nieve, incluso en el centro de Bariloche, con sitios donde, dada la abundancia de pendientes, aunque hoy suene alocado, se solía esquiar.
Así, Máximo cuenta todo esto –con más detalles y referencias, claro está– señalando el sacabarros ubicado junto al ingreso del Club Andino Bariloche.
El Club Andino guarda un secreto en un pequeño objeto junto a la puerta que, sin la palabra de Máximo, pasaría inadvertido (foto: Facundo Pardo).
El tour urbano, según el momento, pasa de la seriedad histórica al chimento que llega al presente en un viaje en el tiempo. De esa forma, de pronto, rumores sobre la década del treinta o del cincuenta del siglo XX pueden retomar actualidad cuando el XXI ya va por su primer cuarto. Todo sirve para cultivar el encantamiento de quien participa del paseo.
Máximo cuenta que la idea de hacer estas caminatas llegó por una propuesta de un propietario de una agencia turística, Luis González, quien en diversos viajes que hizo al exterior encontró en la alternativa de los free walking tours la mejor opción. Así, tras la pandemia (y una experiencia innovadora pero no del todo satisfactoria con el “auto tour”), la alternativa se desarrolló en la localidad.
El guía detalla que las primeras salidas de este tipo se llevaron a cabo “en Nueva York, a mediados de los noventa, cuando una profesora universitaria decidió invitar a sus alumnos a que abordaran a personas que estuvieran en el Central Park invitándolas a salir de esa zona para que conocieran la ciudad ‘de verdad’, desarrollando contenidos”.
Según Máximo, un inglés que reside en Berlín, al pasar por Nueva York, vivió esa experiencia y decidió trasladarla a Alemania, a la universidad donde trabajaba, pero notó que, al hacer la actividad, acompañado por su mujer, germana, que le ayudaba con ciertas cuestiones del idioma, lo seguían turistas, así que tomó la determinación de, en otro momento del día, citar a los interesados a una plaza, donde lo reconocerían por portar un paraguas de un determinado color, para realizar un tour turístico. “De allí viene la tradición de que cada guía tiene un paraguas, y ese hombre creó la mayor plataforma de walking tours en el mundo”, dice el barilochense.
El paraguas naranja que Máximo lleva en la mano sirve para identificar a quien guía el paseo urbano (foto gentileza).
Máximo comenzó en el turismo como cadete para una agencia. Cuenta que eran los tiempos donde, con máquina de escribir, se redactaban cartas de bienvenida para explicar las excursiones disponibles, y él era el encargado de llevarlas a los hoteles. “Ahí empecé a tener contacto con la gente. Después comencé a vender paseos, para después guiar a las personas. Hubo un ínterin donde trabajé como conductor de los colectivos, pero eso duró poco. Pero mi vida siempre ha sido el turismo”, relata.
De tal forma, indica que se formó profesionalmente como guía a través de cursos que Parques Nacionales brindaba en la Universidad del Comahue.
La actualidad lo encuentra saliendo con los walking tours de lunes a sábado, a las 9.45, desde San Martín 398. “La mayoría de las personas que consumen este tipo de turismo están acostumbradas a hacerlo, lo buscan por Internet (en Instagram figura como @freetourbariloche) y es lo primero que realizan al llegar a un lugar. Claramente, no se trata de un paseo que el turista convencional suela emprender, sino que es más para el viajero, aquel curioso que desea ver las cosas desde otro ángulo y pretende tener un contacto con alguien que le acorte los caminos para encontrar enfoques más históricos del sitio”, considera Máximo.
Diferentes construcciones le sirven al guía para construir una línea histórica de Bariloche (foto gentileza).
Para él, disfrutar de la convergencia de nacionalidades durante una caminata provoca una clase de “magia”. “Me gusta, me hace bien, y es una manera de socializar”, apunta el guía, quien devela que, en muchas ocasiones, se acercan residentes para conocer un poco más de Bariloche. “Descubren cosas que no sabían”, afirma.