2025-07-29

Juntó latas durante un año y logró pagar su viaje de egresados a Bariloche

Un estudiante de Entre Ríos, cumplió su sueño gracias al reciclado, el apoyo de su comunidad y una enorme fuerza de voluntad.

La historia empezó en julio de 2024, cuando Agustín tomó una decisión tan simple como desafiante: quería viajar, pero sin pedir plata. Con el impulso de su profesora de Educación Física, Matilde Mover, y la colaboración silenciosa de cientos de vecinos, comenzó a reunir latas de aluminio para venderlas a recicladores.

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“Nos llamaban de todos lados para ayudar. Algunos querían donar dinero, pero Agustín siempre dijo que quería lograrlo con su propio esfuerzo”, contó Matilde al medio CRVNoticias.

Y así fue. Día tras día, bolsa tras bolsa, logró sumar una cantidad suficiente para costear el viaje. “Pensé que iba a juntar una parte, no todo. Pero con tanto apoyo se pudo”, reconoció el joven, todavía sorprendido por la repercusión que tuvo su iniciativa.

Una ciudad detrás de un sueño

La historia de Agustín no tardó en movilizar a toda Chajarí. Comerciantes, familias, estudiantes y personas desconocidas empezaron a acercarse con sus aportes. No con dinero, sino con latas. Con gestos. Con confianza en su causa.

Agustín, lejos de quedarse quieto, se encargó de organizar los puntos de acopio, coordinar traslados y mantener viva la campaña durante doce meses. Fue, además de estudiante, recolector, comunicador y administrador de un sueño colectivo.

“Esto demuestra que hay formas de cumplir sueños sin resignarse, incluso cuando el contexto es difícil”, reflexionó su profesora. “Ojalá sea un ejemplo para otros jóvenes.”

Bariloche, destino de esfuerzo

En estos días, Juan Agustín llegará finalmente a Bariloche. No lo va a hacer en primera clase ni como parte de una campaña publicitaria. Será como lo soñó: con sus compañeros, con el orgullo intacto y con la emoción de haber llegado a la meta sin atajos.

Su llegada a Bariloche será el resultado de un año de constancia, de manos que juntaron, corazones que acompañaron y un deseo que nunca se rindió. Juan Agustín no solo pagó su viaje; enseñó que la voluntad puede más que cualquier obstáculo, y que cuando un sueño se comparte, termina siendo de todos.

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