Una calle de San Francisco tiene su reflejo en Bariloche
Cuando se habla de las calles de San Francisco, aquellos que tienen cierta edad piensan de inmediato en una serie icónica de los setenta, The streets of San Francisco, aquel producto televisivo con Karl Malden y Michael Douglas que supo cautivar al público con su combinación de tramas (que tocaban temas de “avanzada” para la época, sin eludir cuestiones que, en general, no llegaban a la pantalla chica), un leitmotiv musical pegadizo y los paisajes inequívocos de la ciudad californiana.
Porque, justamente, el nombre de la producción de TV no era casualidad. Las calles de aquella localidad estadounidense son famosas por ser pintorescamente empinadas. Y, por sobre todas, destaca Lombard Street, célebre por su pendiente en zigzag enmarcada en flores.
La Patagonia argentina, en un rincón de Bariloche, humildemente, ofrece una postal con ciertos aires a aquel camino asfáltico descendente. La calle Rolando, entre Elflein y Moreno, con su trazado particular, llama la atención de los visitantes, que suelen retratarse en su parte inferior tal como si fuesen los Beatles cruzando la londinense Abbey Road.
Y, claro, junto a la arteria está el hotel Bellavista, una construcción que resulta imponente, más allá de que el panorama frente a él, modernidad edilicia mediante, ya no asegure la visibilidad despejada de antaño.
Fachada del Bellavista.
El lugar fue inaugurado en 1935 por la familia Sauter. Se decidió erigir el hotel a partir de una antigua construcción de madera preexistente.
Años más adelante, la madera se reemplazó por material, conservando el perfil paisajístico que lo hizo famoso.
Motos surcando la característica calle barilochense que guarda un eco de una pariente de San Francisco.
Y la mención previa en este artículo a Lombard Street no ha sido casual. En un viaje de Alfredo “Fredy” Sauter a los Estados Unidos, aquella calle definió la idea de hacer algo similar junto al hotel, lo que se concretó en colaboración con la Municipalidad.
De esa manera, extrañamente, Bariloche ofrece un reflejo a la distancia de la sinuosa calle de San Francisco.