TURISMO EN BARILOCHE
Las escaleras “infinitas” de la ciudad y un encanto particular
Muchos las utilizan (utilizamos) habitualmente, sin prestarles demasiado atención, más que para soltar alguna queja por el cansancio que demanda su uso… ¿pero qué pasaría si no estuvieran?
La referencia, claro, es a las largas y empinadas escaleras que se encuentran en el centro de la localidad.
Lo que pocos saben es que, para muchos turistas, desacostumbrados a elementos tales en su lugar de origen (al menos, de la magnitud de las barilochenses), las toman como un punto destacado de su visita. Así, más allá de usarlas, como todos, para pasar de Mitre hacia Moreno (o a la inversa), o de Moreno a Elflein (o, también, a la inversa), suelen sacarse fotos en medio del trayecto que supone utilizarlas. Es decir, a veces simplemente se paran y observan a la cámara para que, en la imagen, aparezca el paisaje de fondo, o sea, el imbatible lago Nahuel Huapi y las montañas al otro lado del espejo de agua, que ubicándose a esa altura se aprecian en todo su esplendor. Pero, en ocasiones, lo que se pretende eternizar en realidad son los peldaños, ya que les parece increíble la cantidad.
Disfrutar el paisaje desde las alturas de una escalera barilochense (foto: Facundo Pardo).
Las escaleras céntricas, incluso, son destacadas en el marco del circuito histórico local, debido a que fueron construidas como parte del plan urbano de Parques Nacionales, en 1940, para facilitar la circulación peatonal, pero, también, para contener la erosión de las laderas.
Hay que tener en cuenta que las pendientes se vinculan con el origen glaciario del lago, que dejó como huella geográfica esa terraza morenítica.
Bajar a Mitre desde Moreno y Frey (foto: Facundo Pardo).
Una recomendación del cronista para los turistas (y también para los locales que deseen regalarse un respiro literario en medio de la vorágine diaria)... Adquirir, en una de las librerías de la ciudad, un ejemplar de Historias de cronopios y de famas, de Julio Cortázar. Dirigirse a la escalera que más les apetezca. Sentarse brevemente en alguno de los escalones. Abrir el libro. Buscar en el índice Instrucciones para subir una escalera. Dirigirse a la página que se indique. Leer. Disfrutar, con una sonrisa, de frases como: “Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas”.
Cortázar nos enseña a subir las escaleras barilochenses...
En definitiva, quizá las escaleras de Bariloche respondan a la invención de algún cronopio… Quién sabe…