Una visita al avión de Malvinas que “volará” sobre el lago
Una fría mañana barilochense, Edgardo Suárez conduce su camioneta rumbo al Aeródromo Nahuel Huapi. El reportero gráfico y el periodista lo escuchan. El veterano de guerra cuenta la historia del otro tripulante del vehículo, Puki, un border collie juguetón que va detrás.
En una de sus habituales salidas en bicicleta, el excombatiente oyó un llanto desesperado. Ubicó el lugar del que provenía, en plena estepa, y se topó con un perro, cubierto de moscas y gusanos. Le dio agua. El animal tomó tres litros.
Edgardo fue en busca de su camioneta y lo cargó. Tenía miedo de que, al alzarlo, lo mordiera, pero, lejos de eso, el perro colocó su hocico junto a su cabeza en busca de refugio.
El veterano llevó al border collie a un veterinario. Heridas visibles, quebraduras, cadera dañada… El profesional indicó que convenía sacrificarlo. Edgardo no aceptó. Compró calmantes y trasladó al animal a su casa.
Lo bautizó Pucará, como el mítico avión argentino. Con el tiempo, el nombre se abreviaría a Puki.
Edgardo cortó un colchón a la mitad y allí lo ubicó.
Se ponía a su lado, recostado con él. Le daba de comer y beber. Lo llevaba a upa hasta su vehículo para sacarlo a pasear. Bajaban en algún parque y lo situaba sobre el pasto. Luego de un rato, de vuelta a la camioneta y a la casa.
Un día, Edgardo salió a realizar unas actividades y, a su regreso, escuchó ladrar. De pronto, vio a Puki que, como podía, se acercaba en un trote mínimo hacia a él. Lo abrazó y lloró.
Así, de a poco, mejoró su andar.
Puki, y una camioneta "malvinense".
Al llegar al aeródromo, el veterano de guerra abre la portezuela trasera. Puki baja y comienza a corretear, casi sin rastros de aquellas heridas que lo habían condenado a una muerte que, si no fuera por Edgardo, hubiese resultado inevitable.
Edgardo y Puki.
El perro se lanza hacia el sector donde se ubica el Mirage.
Puki, junto al Mirage.
VOLANDO EN "UNA VENTANA NEGRA"
“La Fuerza Aérea donó el avión a partir de la gestión que hicimos junto al jefe de la Guarnición Bariloche, Marcelo Baggini. Tengo entendido que es el último que pudieron armar y acondicionar de los que participaron en la gesta”, explica el director de los Veteranos de Guerra de Río Negro, Ruben Pablos.
Las Malvinas pintadas a fuego.
La intención es colocarlo sobre el Nahuel Huapi, como si estuviera volando a poca distancia del lago, frente al Museo Malvinas, Antártida y Atlántico Sur y el Memorial Héroes de Malvinas.
“Será el único avión que participó en Malvinas que estará sobre un espejo de agua, en honor al valor y el coraje de los aviadores argentinos que volaban al ras, con el riesgo que implicaba, para así evitar ser detectados por los ingleses”, resalta Pablos, para luego añadir: “Hasta antes de la guerra, se decía que se necesitaban catorce aviones para enfrentar a una flota; luego del conflicto, se dieron cuenta de que con uno o dos podían ser atacados”. Y ahonda: “Los argentinos volaban en ‘una ventana negra’ que quedaba entre la línea de flotación y el radar que los barcos tenían en la cubierta, lo que llevaba a que no pudieran ser detectados”.
Pablos explica: "La base ya está armada. Ahora, en un taller metalúrgico, están trabajando en la torre que va encima. Una vez que esté instalada, podremos proyectar la llegada de los técnicos de la Fuera Aérea para colocar al avión en su lugar definitivo".
PILOTO DE MIRAGE
Carlos Perona pilotó un Mirage en Malvinas. El 1° de mayo de 1982, día del Bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, fue interceptado por un Harrier y debió eyectarse… Sufrió la rotura del maléolo tibial de una pierna y tuvo un esguince en la otra, pero fue rescatado (“En la actualidad, digo felizmente que tengo y celebro dos cumpleaños”, cuenta).
En uno de los lados, figura la señalización de "asiento eyectable".
Aquella vez, Perona volaba junto a Gustavo García Cuerva, quien en esa misma jornada sería derribado por “fuego amigo” al intentar aterrizar en Puerto Argentino. Lo confundieron con un avión británico. “Lo cierto es que me enteré ya en mi casa, el 3 de mayo, por respuesta de un compañero mío sobre el destino del “Paco” después de nuestro enfrentamiento con una patrulla aérea de combate británica. Aún hoy no me hago a la idea de su derribo”, dice Perona.
El avión aguarda su próximo "viaje".
—¿Cómo definiría la sensación que tuvo al eyectarse?
—La peor de ellas; soy piloto, no paracaidista. El hecho de dejar la cabina es un desgarro terrible para un cazador, pero también es la posibilidad más o menos cierta de salvar la propia vida y…tal vez tener la posibilidad de volver a combatir.
—¿Cómo fue su relación con los aviones Mirage?
—Fui seleccionado en agosto de 1979, estando destinado en la V Brigada Aérea (en Villa Reynolds, San Luis), cuna de los Skyhawk A-4B, para formar parte de los pilotos del Grupo Aéreo 8 en la VIII Brigada Aérea (en Moreno, Buenos Aires), que tenía como dotación al caza interceptor Dasault Mirage IIIEA. Su tarea específica es la interceptación de vectores no identificados/enemigos.
—¿Cuándo se subió por primera vez a uno?
—Después de hacer el curso teórico con su respectivo examen, el simulador de vuelo y el curso práctico —en el biplaza, para cumplir con una serie de patrones—, realicé mi vuelo solo el 3 de julio de 1980.
Perona tuvo que eyectarse porque un avión británico le dio a su Mirage.
—¿Qué sentía al pilotarlo?
—La mayor de las satisfacciones por ser un guerrero alado, jineteando este potrillo supersónico de belleza sinigual. El piloto de caza no se sube a un avión, nos lo calzamos y se genera la simbiosis hombre-máquina para enfrentar al que sea.
—¿Cómo definiría ese tipo de aeronave?
—Para su época, se trató de una de las mejores adquisiciones que hizo mi Fuerza Aérea, fue un salto sobre todo cualitativo en doctrina, logística y operación. Como está sucediendo en la actualidad con la llegada del F-16 Fighting Falcon.
Descanso de guerrero.
—¿Qué le parece la idea de que el avión sea colocado sobre el espejo de agua, a baja altura, en honor al tipo de pilotaje realizado en Malvinas?
—El avión que pondrán en Bariloche es un veterano con todas la de la ley. Permaneció durante todo el conflicto, cumpliendo catorce misiones, entre ellas, la primera y la última de los aviones de combate. Me agrada muchísimo verlo a futuro en ese lugar, simbolizando el coraje y bravura del piloto de mi fuerza.
—¿Qué significa Malvinas para usted?
—Es el legado a las futuras generaciones de argentinos bien nacidos. Es, o debería ser, el objetivo nacional por antonomasia. Es esa parte de nuestro territorio arrebatado por el reino unido (aclara que desea que se escriba con minúsculas) en 1833 y 1982. Es el lugar donde descansan los que, con honor y gloria, son los verdaderos héroes, esperando el verdadero descanso en suelo patrio. Es esa parte de nuestra geografía que nos duele tanto.
Marcas de lluvia/llanto sobre el contorno de las Malvinas.
FRENTE AL AVIÓN
Edgardo Suárez combatió en Malvinas como parte de la Armada. Fue uno de los hombres que estuvo en el ARA Cabo San Antonio, y participó en el desembarco del 2 de abril de 1982.
Junto al avión.
Frente al Mirage, en el Aeródromo de Bariloche, mientras Puki juguetea a su alrededor, el veterano mira la aeronave con respeto. Consulta por celular con un amigo de la Fuerza Aérea acerca de los símbolos que el avión tiene sobre la aleta. El hombre (radarista en Malvinas) le contesta que un símbolo refiere a la Cruz del Sur y otro hace alusión al vuelo supersónico, mientras que especifica que los laureles representan los logros en batalla y un punteado blanco significa que la unidad fue condecorada.
Simbología aeronáutica.
Edgardo, luego, se ubica detrás y recuerda el rugido de esa parte del avión. También explica dónde iba el combustible y en qué parte se colocaban las bombas.
El "detrás" del Mirage.
Tras estar un rato largo, mayormente en silencio, como si el Mirage impusiera un halo de respeto, llega la hora de retornar a la cotidianidad de la ciudad.
Vehículo que trasladó a la aeronave.
Edgardo llama a Puki, para que suba a la camioneta, estacionada junto a uno de los camiones de la Fuerza Área que trajo al avión a Bariloche.
Puki corre. Llega la hora de irse.
El veterano de Malvinas arranca, gira y partimos.
El Mirage queda detrás, a la espera de que lo lleven a “volar” sobre el lago.
Cada vez falta menos para que el Mirage sea ubicado en su destino definitivo.