La dictadura militar en el festival Bariloche Rojo Sangre
Los hermanos Nicolás y Luciano Onetti son sinónimo de terror fílmico en el país. Juntos o por separado han estado a cargo de películas que sacudieron el género en la Argentina. En especial, con Los olvidados y Abrakadabra, a la que se sumó recientemente 1978, una propuesta inquietante, donde la trama trascurre durante un período funesto.
1978, precisamente, será parte de Bariloche Rojo Sangre, festival que se desarrollará del 30 de mayo al 1 de junio.
“Lo que pasó durante la dictadura militar siempre fue un tema que nos llamó muchísimo la atención, y queríamos contarlo desde lo que hacemos nosotros. Es decir, a través una ficción, aunque utilizando hechos reales, porque investigamos mucho para realizar el filme”, señala Nicolás, quien escribió y dirigió el filme junto a su hermano (en el guión también participó Carlos Goitia).
De espaldas a la vida.
“Era como hacer terror dentro del terror”, advierte, y explica: “En la película hay dos partes diferenciadas, la primera mitad, donde está el terror real, es decir, de aquello que de verdad sucedió, y luego incorporamos elementos de ficción fantásticos”
“Se puede decir que arranca como una película clásica de dictadura militar, como algunas que ya hemos visto, tales como Garage Olimpo, Crónica de una fuga, La noche de los lápices… Pero hay un giro cuando sucede algo que cambia todo. Van a secuestrar a un grupo de gente, y esas personas son miembros de un culto… Ahí comienza la parte fantástica”, desarrolla.
Una época oscura...
Además, el filme se ambienta en una noche específica: el 25 de junio de 1978, cuando Argentina jugó con Holanda la final del Mundial 1978.
“Todas las cosas que sucedían para tratar de tapar la cosas… El Mundial en Argentina, país fanático del fútbol, y la selección que lo gana, a la vez que sucedía todo lo otro… Creíamos que eran condimentos para sumar al guión, por eso nos pareció que estaba bueno que se sitúe esa noche”, cuenta Nicolás.
Mario Alarcón, en la piel de un torturador, haciendo uso de la picana.
Un punto a destacar de 1978 es la solidez actoral. “Para esta película necesitábamos un elenco contundente. En lo que hace a los papeles de los torturadores, por ejemplo, queríamos a gente con mucha experiencia, que tuviese gran presencia física. Así, aparecen Mario Alarcón (El secreto de sus ojos), Carlos Portaluppi (Argentina 1985), Santiago Ríos (Tumberos)…”, enumera el cineasta, quien también remarca la participación de Agustín Pardella, uno de los protagonistas de La sociedad de la nieve.
El actor Santiago Ríos y una sonrisa siniestra.
Nicolás y su hermano nacieron en Azul, provincia de Buenos Aires, donde hay varias creaciones del arquitecto Francisco Salamone. “En todas nuestras películas tratamos de incluir alguna locación de su obra”, apunta Nicolás, quien detalla que en el caso de 1978 aparece el matadero municipal.
Matadero municipal de Azul.
Sobre la actualidad cinematográfica en el país, el realizador señala que la situación –paralizada– del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) complica la situación, aunque diferencia el contexto personal de la generalidad: “Hay mucha gente que se recibió en diversas facultades que está sin trabajo o se encuentra complicada, pero nosotros venimos haciendo cosas siempre con inversiones privadas del extranjero”.
Ese escenario les permite, según cuenta, “generar trabajo”. En tal sentido, expresa: “Haciendo cine independiente, hacemos nuestro pequeño aporte en este momento complicado”.
Afiche de 1978.
En tal sentido, explica que, justamente, 1978 “es una película hecha con inversores privados, no contó con apoyo estatal”.
Al respecto, especifica que la única de sus producciones que contó con cierto respaldo del INCAA fue Los olvidados (estrenada en 2018), a partir de un premio, lo que les otorgó “un presupuesto muy reducido”. Aquella creación terminó siendo parte de Netflix, y eso le brindó al producto un gran espaldarazo.
Junto a la última edición del Festival de Cannes, se realizó el denominado Marché du film (mercado de cine), donde se generan acuerdos de distribución. Los hermanos Onetti participaron y, a partir de eso, la película se estrenará en cines de Polonia, Taiwán y Alemania, entre otros países. En Latinoamérica, en tanto, pronto será parte de una plataforma.
El terrorismo de Estado se une al horror cinemaográfico, en un cóctel muy particular,
Nicolás se define como “un amante del cine”, pero recalca que es el terror donde siempre puso la lupa. “Me llama mucho la atención desde chiquito. O sea, a los cinco años yo miraba películas de horror. Colecciono VHS, figuras y otras cosas… Lo que hacemos lo tomamos con mucha pasión, conociendo el género en profundidad”, aprecia, para luego, sonriendo, rematar: “¡Sí! Hay que reconocerlo, somos fanáticos”.