2025-05-26

Historias y sentimientos que emocionan: recicladores estudian en el vertedero

Con la fuerte premisa de apostar a un futuro mejor, dictan el nivel secundario en el lugar donde las y los recicladores desempeñan su jornada laboral. Para que nada impida crecer a nivel personal acompañan a seguir cumpliendo metas.

La Fundación Gente Nueva inauguró un nuevo Proyecto Territorial para personas adultas, esta vez en la sede de la ARB (Asociación de Recicladores Bariloche), sumándose de esta manera a otros siete barrios con esta modalidad de nivel secundario.

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Allí laten historias y sentimientos que emocionan de aquéllos que se animan a avanzar en sus recorridos educativos. Sus estudiantes, docentes y referentes de ambas organizaciones describen la vigente propuesta.

Los Proyectos Educativos Territoriales surgen para acercar la escuela al barrio, frente a la problemática de las personas adultas, que por las vías que van transitando, tanto de trabajo y organización familiar, les cuesta muchísimo acercarse a la escuela.

Esta es una alternativa ante la problemática que nació después de muchas reuniones entre el equipo directivo del Colegio Aitué y Angelelli (Fundación Gente Nueva) y miembros de la ARB.

“Cuando nos acercaron la propuesta primero la rechazamos porque entendíamos que no lo podíamos sostener.  Pero cuando nos explicaron que este mismo proyecto ya lo habían realizado en otros barrios, nos contaron la modalidad y la propuesta, ahí nos convencieron.  Es que todos queremos lo mismo: terminar el secundario, superarnos un poquito más y no encerrarnos tanto en el trabajo, la casa y los hijos solamente. Nos sirve porque esto nos hace pensar en otras cuestiones, o nos remueven cosas que queríamos hacer y hasta ahora no habíamos podido. Por eso queremos agradecer al grupo de maestros porque nos insistieron durante mucho tiempo hasta que le encontramos la vuelta”, reconoce Carolina Álvarez, actual presidenta de la ARB. 

Así es que fueron muchos los termos de mate, de sostener miradas compartidas, el lanzar preguntas sobre la mesa y dar contención a muchos interrogantes, dudas y miedos que cargaban los integrantes de esta Asociación, que tiene su sede en el corazón del vertedero, sobre ruta 40, en plena pampa de Huenuleo. Tres años después este espacio se hizo realidad.

Zulema Morales, una de sus estudiantes, entiende que “estamos acá para retomar los estudios con esta posibilidad de aprender cuestiones que nos sirven para lo cotidiano, porque muchas veces nuestros nietos o algún familiar nos preguntan cosas que desconocemos y siempre está bueno darles una respuesta. Entonces es una herramienta más para darnos una oportunidad de poder aprender otras cosas, ya que muchas materias y contenidos son nuevos para nosotros, como por ejemplo computación e historia.  Y sin dudas que una de las cosas que más rescato de este proyecto es que funciona en el mismo lugar donde trabajamos, porque una vez que llegamos a nuestras casas, sobre todo en invierno, ya no queremos salir más. Este sistema no va a contramano de la logística laboral y familiar que tenemos. Es que ya hemos probado tener que salir de nuestras casas para asistir a la escuela a las 6 de la tarde y no lo pudimos sostener”.

Muchos de estos trabajadorxs llegan a este lugar a las 4 de la mañana, a esperar a los primeros camiones recolectores, (que suelen traer las mejores cargas), y una vez que hacen sus horas respectivas de trabajo, cursan y se van a sus hogares a continuar con sus actividades familiares.

“Me gusta este espacio porque no es lo mismo que ir a una escuela, como cuando éramos chicos, sino que la forma que tienen para enseñarnos está muy buena y resulta atractiva. No lo sentimos como una carga porque el método que tienen para trabajar es muy dinámico. Es por eso que estaría bueno que la mayoría de las 71 personas que aquí trabajamos puedan acercarse e intentarlo. Por eso le contamos la experiencia y los motivamos para que seamos muchos más de los 20 que venimos en la actualidad”, expresa otra estudiante.

La mayoría de los que asisten a esta escuela tienen hijos y familiares que asistieron a alguno de los colegios de la Fundación Gente Nueva, así que conocen a sus docentes. “Entendemos que no cualquier persona va a querer venir a darnos clase a un lugar que no es estrictamente una escuela”, reconocen en forma de agradecimiento.

Entre los estudiantes hay varios jóvenes que necesitan el título de secundario completo o certificado de estudio para ampliar sus horizontes educativos. “Hace poco renuncié a la ARB, y ahora estoy con mi pareja haciendo mecánica, algo que me encanta. Pero quise hacer un curso y me piden para iniciarlo tener el secundario completo, así que aquí estoy. Tengo 30 años, soy madre de dos hijos y quiero darles el ejemplo. Siendo mamá desde muy joven, recién ahora tengo una posibilidad cómo esta, creo que es una puerta que se abre y que llegó el momento indicado para abrirla porque ese saber lo podemos implementar en el día a día”.

“Hace más de 20 años que trabajo en este lugar, y casi todo lo que aprendí en el secundario ya lo había puesto en práctica en la Asociación de Recicladores. Quizás no conocíamos el nombre de cada cosa, pero la sabíamos hacer. Por eso algunos contenidos no fueron tan difíciles de aprender porque ya los teníamos incorporado. Por ejemplo nos sirve mucho en la actualidad saber usar el Gmail, adjuntar un archivo, crear un enlace, reenviar documentos y cuestiones en particular que tienen que ver con informática, algo de lo que sabíamos bien poco y nos facilita el trabajo cotidiano haciendo todo más rápido y operativo”, confiesa Gladys.

Diego comparte su historia y confiesa que se animó a terminar el secundario para motivar a sus hijos y tener la oportunidad de acompañarlos en algún momento que necesiten para que no recorran el camino que él tuvo que transitar. “Algunos pensábamos este año en comenzar la escuela nocturna, pero cuando nos enteramos de esta posibilidad no dudamos. Queremos aprender a leer, escribir y tener un título porque creemos que el día de mañana nos va a servir”, agregan sus compañeros.

La oficina del primer piso se convirtió en aula.

Creer. Ese verbo es un denominador común compartido por los que asisten a esta escuela que desde su primer piso donde funciona, tiene una panorámica del manto donde pululan y se entremezclan, camiones recolectores, chimangos, trabajadores, plásticos y objetos de todo tipo. El reloj marca las 13: 00, que es cuando finaliza su horario de estudio.

La charla se va extinguiendo entre risas, chistes y el reparto de unos kilos de manzanas que llevan a sus hogares. Antes de sacarnos la foto que servirá para sintetizar esta charla, Carolina nos regala una última frase: “uno de los pendientes que nos quedan en esta vida es terminar el secundario, porque aprender siempre es bueno. Pensar que muchos no sabíamos contar plata cuando entramos aquí a trabajar. Por eso destaco que de alguna manera el estudio nos vino a buscar a nosotros”.

 

Nunca es tarde

Gustavo Seijo es uno de los referentes de la Fundación Gente Nueva, que gestó y replicó este modelo de educación en otros barrios de nuestra ciudad. Sintetizando las características de este proyecto resume que “en el mismo espacio están los que ya tienen un recorrido educativo previo con los que recién comienzan el secundario. Es por eso que conviven alumnos de primero con otros de tercero en una sola aula, así es que hay una planificación para cada estudiante. El rasgo particular de este espacio en comparación con otros proyectos territoriales, es que aquí sin dudas hay mucho saber hacer. Los conocimientos de cómo registrar los ingresos y egresos en una planilla los tienen adquiridos por ejemplo. Entonces hay que tener mucho cuidado de no infantilizar o escolarizar la propuesta. El ejercicio que tenemos es de saber escuchar lo que saben hacer y qué herramientas necesitan incorporar. Por eso sale con fuerza que les gusta el taller de computación, porque con informática pueden hacer un registro más rápido, digital y certero que se puede compartir. Y eso le facilita la tarea enormemente”.

Facilitar el acceso a la educación puede ser una de las palabras claves y sintetizar el espíritu de este proyecto. Sobre todo cuando la educación para adultos quedó relegada para la nocturnidad, como si fuera un castigo más, un obstáculo extra que deben sortear. Este proyecto educativo, (que articula los esfuerzos del Taller Enrique Angelelli y el Colegio Aitué), es de tres años y tiene un material gráfico que les permite a las y los estudiantes profundizar los contenidos desde sus casas.

 

 

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