2025-05-14

EL SOL PROVEE

Satélites fabricados por INVAP usan energía alternativa

Dentro de las energías alternativas se encuentra la solar. Los paneles solares son fundamentales al momento de “cosechar” aquello que emite el sol, principalmente por la falta de contaminación y además se aprovecha el sistema al incursionar en el espacio.

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cuenta con un programa de investigación, desarrollo y transferencia tecnológica de energía solar como parte de su compromiso con la transición hacia energías limpias que supera más de 30 años de trayectoria. Incluso satélites fabricados en Bariloche por parte de la empresa INVAP usan dicha energía alternativa como único recurso existente al momento de transitar en forma espacial.

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“La única fuente de energía que tiene un satélite en el espacio es el sol. El subsistema de potencia cuenta además con una batería que almacena energía para usarla cuando el satélite pasa por detrás de la sombra que proyecta la tierra”, explica Hernán Socolovsky, jefe del Departamento de Energía Solar de la CNEA.

El Departamento Energía Solar de la CNEA realiza la integración eléctrica de los paneles solares que se usan en las misiones espaciales argentinas. La tarea se lleva a cabo en una sala limpia de 180 m2, libre de polvo y con temperatura y humedad de ambiente controladas. Este laboratorio cuenta con un sistema de provisión de gases especiales, como nitrógeno de alta pureza; líneas de vacío, aire comprimido, agua para refrigeración de los sistemas, y dos simuladores solares (soles artificiales) para la medición de celdas y paneles en condiciones terrestres y espaciales.

La empresa INVAP, con su sede principal radicada en Bariloche fabricó distintos satélites que orbitan alrededor de la Tierra. El satélite experimental argentino SAC-A, que fue lanzado por la NASA el 4 de diciembre de 1998 y estuvo activo 8 meses, fue el primero en contar con celdas solares desarrolladas por CNEA. Después el organismo desarrolló los paneles de la misión Aquarius/SAC-D, un satélite que fue puesto en órbita el 10 de junio de 2011 con un instrumento muy sensible de la NASA que medía la salinidad del mar. Su misión duró cuatro años.

El DES también proveyó los paneles solares de los satélites de observación terrestre argentinos SAOCOM, puestos en órbita entre 2018 y 2020. Sus objetivos son la medición de la humedad del suelo y, entre otras aplicaciones en caso de emergencias, detectar derrames de hidrocarburos en el mar y monitorear cuando se producen inundaciones.

Actualmente, se están desarrollando los paneles solares que tendrá el SABIA-Mar 1 (Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar), que será lanzado el año próximo para estudiar el mar y las costas.

“Son cuatro paneles que suman 9 metros cuadrados de superficie. Estamos terminando de fabricarlos en nuestra área limpia y, dentro de un par de meses, los vamos a enviar a Córdoba para hacer ensayos ambientales. Se los va a colocar en cámaras que simulan el ambiente espacial, con frío, calor y ambiente de vacío. Si superan esos ensayos, los vamos a llevar a Bariloche para hacer las pruebas con el satélite, que está siendo fabricado por INVAP”, informó Socolovsky.

Por otra parte, la CNEA desarrolla sensores solares de posición, que le permiten al satélite saber exactamente su orientación con respecto a los rayos del sol. Y desde 2012, también provee paneles solares para satélites de muy pequeñas dimensiones o nanosatélites de empresas privadas, como Satellogic e Innova Space.

 

 

 

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