La nevada de El Eternauta sorprende al mundo pero ¿cómo lograron hacer el efecto?
Mientras El Eternauta arrasa en Netflix con su versión postapocalíptica de Buenos Aires bajo una nevada mortal, en Bariloche (donde la nieve es protagonista cada invierno) muchos se preguntan cómo se logró ese efecto tan realista. ¿Cómo es posible que en pleno verano porteño hayan cubierto cuadras enteras de blanco?
La respuesta está en una combinación impresionante de efectos especiales, toneladas de sal, celulosa y una sustancia llamada “eco-snow”, diseñada especialmente para crear una nevada que no se derrite ni moja, pero que se ve como si fuera nieve verdadera. Se usaron más de 400 toneladas de sal, kilómetros cuadrados de cobertura artificial y se necesitó hasta medio centenar de personas por set para “nevar” y luego “desnevar” las locaciones.
Nicanor Enriquez, el supervisor de Producción SFX de El Eternauta, comentó a LMNeuquén que “producimos nieve en una ciudad donde no nieva. Somos pioneros en ese camino. Generar un efecto climático donde ese efecto no existe marca un antes y un después dentro de la industria audiovisual”.
En la misma línea, Enriquez sostuvo que “para cubrir grandes exteriores, la sal entrefina con cierto grado de humedad ofrecía la textura que Bruno (Stagnaro, director de El Eternauta) buscaba" y añadió que “da la sensación de nieve virgen, copia las huellas y las marcas de todo lo que se toca, y es fácil de ‘resetear’. Un dato no menor: teníamos sal suficiente, por lo tanto podíamos distribuirla en amplias superficies de manera medianamente rápida”.
La icónica imagen de Ricardo Darín como Juan Salvo
Después de un otoño seco, la ciudad se prepara como cada invierno para los copos de nieve que cubren cada parte de Bariloche de forma absolutamente natural.
La comparación inevitable entre la nevada artificial de la serie y la nieve real que cubre las montañas y calles de Bariloche cada invierno invita a pensar en dos mundos paralelos: uno generado por computadoras y toneladas de sal, y otro que sucede todos los años, puntualmente, entre junio y septiembre.
En definitiva, Buenos Aires tuvo que inventar su nevada. En Bariloche, solo queda esperarla.