2025-05-07

El fileteado porteño llega a Bariloche en un libro que se ve, lee y escucha

Hoy se presenta una obra multidisciplinaria en el Centro Administrativo Provincial.

El fileteado porteño es un arte particular, muy aferrado al espíritu de Buenos Aires. Tan es así que, más allá de que la actualidad globalizada llama a generalizar sin tener en cuenta las raíces, la actividad aún marca una relación estrecha con la capital argentina, pese a que se la pueda encontrar en otras partes del país.

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Se trata de un estilo de pintar que se caracteriza por líneas que se convierten en espirales, colores fuertes, el uso de la simetría, efectos casi tridimensionales a partir de sombras y métodos de perspectiva, todo con cierta sobrecarga de la superficie tratada, la cual puede ser desde un vehículo a una pared, pasando por todo lo que se imagine.

Javier Distefano se topó con la técnica en un set de filmación.

Tenía poco más de veinte años cuando en los Estudios Baires, donde se desempeñaba como realizador escenográfico, conoció a un maestro en la práctica, León Untroib, autor de un trabajo muy conocido sobre Carlos Gardel que adorna la estación de subte porteña que lleva el nombre del Zorzal.

En aquel momento, se estaba filmando una película llamada Naked tango (Tango desnudo), con un elenco internacional que incluía al español Fernando Rey y el estadounidense Vincent D’Onofrio, actor que luego se popularizaría por participar en la serie Law & Order: Criminal Intent (en Argentina, La ley y el orden). 

El filme, basado en la denominada sociedad Zwi Migdal, que, según explica Javier, “era la mafia polaca judía que traía engañadas a chicas europeas para ponerlas en prostíbulos argentinos”.

“Como era una película ambientada en los años veinte, convocaron a León Untroib para hacer un trabajo de decoración”, recuerda Javier, quien remarca: “Cuando lo vi laburar, enloquecí”.

“Le pregunté si daba clases, y me dijo que nunca lo había hecho, pero que, si quería, podía ir a cebarle mate y ver cómo trabajaba”, evoca.

Así fue como comenzó a concurrir a su estudio. “Le daba mate mientras chusmeaba lo que hacía”, señala, y con una sonrisa añade: “Al volver a mi casa, practicaba en los vidrios de las ventanas”.

Ahora, con sesenta años, da a conocer un libro que tiene al fileteado como actor principal, aunque, en realidad, la técnica comparte protagonismo con la literatura y la música.

El artista y la obra.

La obra multidisciplinaria se titula Paputza y todo el cielo, y se presentará en Bariloche hoy –jueves 8– a las 13 en el Centro Administrativo Provincial, ubicado en Onelli 1450.

Javier creó un universo de leyenda porteña, con diversas historias atravesadas por un personaje central, la Paputza del título, a quien define como “una enviada de ‘los antiguos’ para modificar las conductas de las personas, para bien o mal, depende la actitud que tengan hacia la vida; es decir, llega para embellecer el entorno”.

Se trata de siete fábulas que surgen de un cuadro distinto cada una, creaciones que aparecen reproducidas en el libro. “Es una resignificación del lenguaje del fileteado porteño, porque, en general, a este arte se lo usa como ‘el marco de’  –un retrato, un paisaje, una frase…–, y acá, en cambio, pasa a ser la figura central. Además, en lugar de ser tratado con esmalte sintético sobre tablas o chapas, está hecho al óleo sobre tela”, explica Javier.

Pero, tal como se indicó, también está la música, ya que el libro contiene un código QR que permite acceder a un adagio en mi menor, compuesto también por Javier, aunque los arreglos para piano y la interpretación corrieron por cuenta de Germán Lema, quien reside en Bariloche.

Javier vivió en Bariloche, y ahora regresa para presentar Paputza y todo el cielo.

Javier tiene una relación profunda con esta localidad. Oriundo de San Martín, Buenos Aires, vivió seis años en Bariloche, entre 2015 y 2021. “Había estado haciendo un recorrido por la Patagonia y me enamoré de todo, pero Bariloche es más ciudad, en cuanto a las posibilidades y el movimiento, así que vine, aunque una vez estando acá me di cuenta de que si no trabajás en turismo y gastronomía, o sos empleado del Estado, todo resulta medio difícil… Pero más o menos la piloteé. Entre otras cosas, di clases en la Universidad Nacional del Comahue de fileteado y de muralismo”, cuenta.

Regresó a Buenos Aires por un inconveniente de salud. “Empecé a tener vértigo, estaba mareado todo el tiempo, y me mandaron al neurólogo. En el Hospital de Bariloche tardaba mucho para conseguir un turno, así que volví a Buenos Aires. Allá me atendieron, me derivaron a otra especialidad y me diagnosticaron vértigo por estrés emocional. Todavía lo tengo. Si por la mañana no tomo los medicamentos, me vuelve a pasar”, detalla.

Libro y café, un vínculo ideal.

Más allá de eso, la actualidad lo encuentra dedicado a dar a conocer el libro que presentará hoy en Bariloche, una obra en la que trabajó doce años. “Empecé con los dibujos y la pintura, y en forma paralela comencé a componer la música (soy autodidacta), ya con la idea de un libro. Pero no me salía cómo encararlo desde la escritura. No había escrito nunca. Al principio, al tratar de ser correcto, me salía algo tipo carta documento. Al leerlo, sentía que era un espanto. Hasta que me dije: ‘Tengo que poner mi voz’. Así que arranqué a escribir como hablo, de manera súper coloquial, utilizando el lunfardo… Y ahí empezó a funcionar”, relata quien se define como “alguien muy inquieto que de una cosa salta a la otra”, aunque, por estos días, esté metido de lleno en Paputza y todo el cielo.

La sonrisa por el trabajo realizado.

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