ANIVERSARIO DE LA CIUDAD
Guillermo García: “El motocross argentino es hijo de Bariloche”
“Mi relación con el motocross nació a principios de los setenta”, cuenta Guillermo García, sentado en el living de su casa.
Para él, aquella actividad fue una pasión que marcó varios años de su vida.
Primero, como corredor. Luego añadió la faceta de dirigente, en un momento clave para revitalizar un deporte que, tras un auge explosivo, había caído en cierto ostracismo.
El relato de su entusiasmo por esa “modalidad del motociclismo que se practica en terrenos o circuitos accidentados” (tal la definición de la Real Academia Española) trae aparejadas referencias a la que recuerda como “una época de oro”.
Gigantografía que Guillermo atesora en un cuarto de su casa.
Antes que nada, surge el nombre de Jean Pierre Raemdonck, el aventurero belga que es una especie de prócer en Villa la Angostura (impulsó el centro de esquí del cerro Bayo).
“Vino de hippie a la Patagonia”, sonríe Guillermo, al evocar aquellos años. Así, señala que el belga pasó un tiempo en Bariloche, donde esparció su gusto por las proezas sobre las dos ruedas (hacía sobre todo trial, una prueba de habilidad en circuitos escabrosos).
El fervor comenzó a ser acompañado por varias personas.
Guillermo, en ese sentido, destaca a Nello Garagnani, quien alentó la llama del motocross en el país.
Asimismo, su mujer, doña Hella, estaba a cargo de una agencia donde se conseguían las motos. “Todos íbamos a parar ahí… Yo le compré una Zanella monocasco de 175 centímetros cúbicos de cilindrada, en 1975”, recuerda Guillermo, que rememora “las carreras que se hacían en el cementerio viejo, en la zona donde ahora está la Universidad Nacional del Comahue”. Allí fue donde, guiado por un amigo, supo lo que era el motocross y conoció a Jean Pierre Raemdonck, además de, incluso, actuar como banderillero.
Luego se hicieron carreras en Colonia Suiza. “Por aquella época había dos categorías, la senior y la junior”, cuenta Guillermo, e indica: “En la senior estaban los ídolos de la ciudad. En aquel momento había varias figuras importantes, hasta el punto de que a Bariloche la comenzaron a llamar la capital nacional del motocross”.
Pasión por las motos... en una gorra.
Guillermo debutó como corredor en Colonia Suiza, en la categoría junior. “Las primeras veces anduve más en el piso que arriba de la moto; después le agarré la mano”, dice con una sonrisa.
Tanta atención captaba este deporte que aparecieron las competencias internacionales. “Venían corredores de Chile, Brasil, Venezuela… de toda Latinoamérica”, cuenta Guillermo, que resalta: “Los muchachos de acá les hacían carrera a los mejores, a cualquiera que viniera”.
“En aquel tiempo la localidad era mucho más chica, pero cuando se realizaban las temporadas internacionales iba toda la ciudad; se juntaban cuatro o cinco mil personas”, expresa, y afirma: “El motocross argentino es hijo de Bariloche”.
Motocoss en blanco y negro.
Asimismo, recuerda acciones desarrolladas por la Unión Motocross Bariloche que llevaron a que los corredores se posicionaran a nivel nacional.
Justamente, destaca la gestión de Tito Marinozzi al frente de la entidad.
Luego, según Guillermo, las cosas, con otras autoridades, no se hicieron muy bien, y durante años casi no se organizaron carreras.
Al inicio de la década del ochenta, el propio Guillermo pasó a ser titular de la Unión de Motocross Bariloche y las competencias regresaron.
Se mantuvo en ese rol durante poco más de una década.
Una figura en movimiento estático.
Si bien extraña aquellos tiempos dorados del motocross barilochense, Guillermo, tras su período como piloto y su etapa como dirigente en la actividad, tomó una responsabilidad para nada menor. Resulta que fue convocado por un señor muy conocido a nivel mundial para ayudarlo con su labor, que se visibiliza una vez al año, en diciembre. Mucho no se puede decir, porque el asunto está enmarcado en cierta confidencialidad, pero al menos es factible señalar que quien le solicitó que lo ayudara con su trabajo, puntualmente en lo que hace a Bariloche (recordemos que el hombre desarrolla su tarea a lo largo del mapamundi), posee barba blanca, viste de rojo y vive en un lugar donde reina el frío… Quién lo diría… Tras años en el motocross, a Guillermo se le dio por andar en trineo.
Guillermo junto a su mujer, Anita Benroth, quien solía encargarse de las planillas en las competencias de motocross.