2025-04-18

Un gaucho que fue amigo de Ricardo Iorio es homenajeado en la calle Mitre

Las marionetas también visitan Bariloche durante Semana Santa.

Residentes y visitantes, al caminar por la calle Mitre y llegar a la intersección con Villegas, en la esquina donde se encuentra el Banco Nación, se sorprenden con un gaucho y una “china” que realizan un espectáculo de folklore, él con su guitarra, ella con un bandoneón.

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El asunto es que los protagonistas del show son muñecos.

Para mayor precisión, marionetas.

Y tienen nombre, claro.

La muchacha es Panchita.

Panchita y su acordeón.

En cuanto al hombre, el porqué de su denominación tiene su historia. Se llama Augusto, en honor a Augusto Romero, que falleció en 2023 y a quien Ricardo Iorio le dedicó el tema Homenaje, que abre el disco A fondo blanco, de Almafuerte, donde un fragmento dice:

Pasión de santos, vi un gaucho vivo

y me arrimé a saludarlo.

 

Mucha riqueza adquirí al conocerle

graves decires de aguda intuición.

 
Cómo no cantarle a la honra de un jinete

exponente vivo de la tradición 

eslabón perdido.

Don Augusto en acción.

Don Augusto, un gaucho y payador que vivía en un rancho humilde cercano a Ñandubaysal, en Entre Ríos, le devolvió la gentileza con Corazón de oro, donde figuran estos versos:

Ricardito Iorio, astro de los grandes,

corazón de oro, te bautizo yo.

Lo que muchos gauchos no pudieron darme,

en mi pobre rancho, me lo diste vos.

Gino mueve los hilos del gaucho Augusto.

Regino Romero, hermano de Augusto, bautizó con su nombre al gaucho que por estos días “actúa” junto a Panchita en Bariloche.

Regino (o Gino, como lo llaman sus conocidos) descubrió el mundo de las marionetas en 2009, durante un festival en Córdoba, y quedó prendado de ese universo, así que al volver a su casa, ya en Río Negro, en Cipolletti, decidió poner manos a la obra, y así, entre otras invenciones, surgió Augusto.

Ahora bien, ¿cómo llegó Gino a un festival cordobés de títeres y marionetas?

Pareja de artistas.

Sucede que desde hace un cuarto de siglo comparte su vida con la titiritera María Angélica Lara, quien lleva cuarenta años en este arte (su primera creación fue un títere de una coneja, “Valentina”).

Antes, él era chapista.

Así, restauró un antiguo rastrojero de María Angélica y juntos, desde entonces, salen a la ruta.

Pinocho también "camina" por el centro barilochense.

Por mucho tiempo, solo llevaban los títeres de ella. Pero, tras aquella parada providencial en Córdoba, ahora se han sumado las marionetas.

María Angélica señala que siempre le decía a Gino que cuando viera en acción a los marionetistas iba a quedar encantado, y no se equivocó, al punto de que él mismo se unió al “club”.

Gino, dándole vida a su versión de Pinocho.

En donde actúan, colocan la gorra y siempre la gente, al ver el espectáculo, colabora con algo de dinero.

Además, como ayuda para solventar los gastos que implica el recorrido continuo, yendo de un sitio a otro, venden marionetas de perros, caballos, dinosaurios y unicornios para los más pequeños.

Marionetas a la venta.

Cuando se les consulta por el sentimiento que predomina al ser parte del mundo mágico de los títeres y las marionetas, María Angélica resume: “Ser titiritero implica una forma de felicidad, es un apasionamiento”.

Pinocho saluda al público.

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