Cuando se ama lo que se estudia
Más allá de la presencia de profesores universitarios e investigadores del Conicet, durante la semana de la ciencia, en el Puerto San Carlos llamó la atención la presencia de estudiantes que mostraron entusiasmo por brindar detalles de lo que hacen en sus ámbitos de estudio.
Por ejemplo, Camila Rujana, quien cursa segundo año de la licenciatura en Biología en la Universidad Nacional del Comahue, explicó diversos datos de animales en un stand que llamaba particularmente la atención por contar con cráneos de animales e incluso especies disecadas.
“Mostramos parte de la colección de zoología de la universidad, algunos de los ejemplares que tenemos cuando estudiamos”, explicó Camila.
“En ese marco, habitualmente vemos la mayor cantidad posible de diversidad animal”, contó, detallando que eso abarca un abanico que va de las especies unicelulares hasta las más desarrolladas.
Una mesa que cautivó a los visitantes del Puerto San Carlos durante la semana de la ciencia.
Así, en el Puerto San Carlos, sobre una mesa aparecían desde un parásito hasta un segmento óseo de un delfín, pasando por una estrella de mar.
Había, por ejemplo, una lombriz solitaria, sobre la que Camila precisó: “Es una tenia, una clase de parásito. Para mí, lo destacable es su tipo de reproducción, la que hace a partir de sí misma, pero por medio de una reproducción sexual, lo cual es raro”.
En el puesto también se exponía un quiste hidatídico, “un ejemplo del ciclo de vida de los parásitos que se estudian”, apuntó Camila.
Los colores de las mariposas.
Por otra parte, aparecían mariposas, sobre las que se detallaba el porqué de sus tonalidades. “Algunos colores se producen mecánicamente por la interacción de la luz con la estructura de las alas”, indicó la estudiante.
En cuanto al cráneo del delfín, expuso: “Siempre lo ponemos en las muestras que hacemos porque la gente, en un primer término, piensa que se trata de una parte de una ave. Por ejemplo, suelen decir que es de una bandurria”.
El secreto está en los dientes...
Asimismo, mostraron cráneos de un guanaco y un zorro. Con ellos, de acuerdo a lo que informó Camila, la intención era mostrar los dientes para poder hablar de los hábitos alimenticios de un herbívoro y un carnívoro.
Sobre la mesa, resaltaba la presencia de un picnogónido. “Es un caso especial”, expuso la joven, para luego detallar: “Se le dice araña de mar, porque es parecida y está emparentada genéticamente con las arañas, pero no es una de ellas. Su estructura no es típica de las arañas. Tiene una probóscide”.
Una araña que no es una araña...
Igualmente, junto al picnogónido sí había una araña… ¡una tarántula!, que servía para marcar las diferencias con la araña de mar.
También había langostas, un halconcito colorado, un molusco, roedores, un monito del monte…
Langostas.
Camila Rujana, además de exponer acerca de todas esas especies, se hizo un tiempo para hablar de las razones que la hicieron inclinarse por la biología: “Siempre me interesó la ciencia en general, y decidí estudiar biología porque me resultó interesante optar por una ciencia sobre la vida”, expresó. En tal sentido, remarcó que le resulta relevante “la interacción entre los animales, el hábitat natural y los humanos”.
Los pequeños se acercaban con interés al stand.