De los pibes de Malvinas que jamás olvidaré
Cada 2 de Abril, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, sirve para recordar a cada uno de los argentinos que estuvo presente de una manera u otra en el conflicto bélico del Atlántico Sur de 1982. Año tras año se siguen conociendo historias y vivencias que deben mantenerse en el presente, como una forma de honrarlos.
Dante Néstor Gómez fue suboficial ayudante de la Fuerza Aérea y ejerció el rol de operador de Comunicaciones en la guerra de Malvinas. Fue uno de los soldados invisibles que eludió con inteligencia los intentos ingleses de interceptar la comunicación de la Fuerza Aérea Argentina. Gómez ingresó a la Fuerza Aérea a sus 17 años.
-¿Cuándo y cómo surgió tu interés por la aviación y el Ejército?
Dante: -Lo de la Fuerza Aérea fue desde siempre. Yo vivía cerca del aeropuerto de Ezeiza y veía los aviones pasar, iba al aeropuerto de chico, y siempre me llamó la atención el tema de los aviones. Luego entré a la Escuela de Suboficiales Córdoba de la Fuerza Aérea. Primero fui con la idea de ser mecánico de avión y luego surgió hacer la Especialidad de Comunicaciones y me atrajo más. Fui especializándome cada día más, siempre estudiando para ir mejorando, al igual que fueron progresando las Comunicaciones.
Luego de Malvinas, Gómez trabajó en el aeropuerto de Bariloche como jefe de Comunicaciones.
-La Especialización que hiciste se puede aplicar, por ejemplo, en caso de conflicto bélico… ¿te imaginabas que ibas a hacer uso de ella?
Dante: -Las Comunicaciones Tácticas están para llevar al terreno equipos de comunicaciones que sirven de apoyo a todo el movimiento de un grupo de gente. No sólo para un conflicto bélico, sino también para catástrofes naturales, para brindar apoyo a la población, para dar un servicio a la comunidad. Pero siempre te vas preparando para un posible conflicto.
En 1982 ya estaba casado y tenía dos hijos. Sus días laborales transcurrían como cabo primero en el Departamento de Comunicaciones de Ezeiza. Explicó qué fue lo que lo impulsó a tomar la decisión voluntaria de ir a Malvinas: “De chico miraba los mapas y veía las islas tan lejanas, y siempre tuve la idea de que en algún momento tenía que conocerlas. Y cuando se dio el conflicto, la especialidad que tenía era propicia para poder cumplir ese sueño. Le pedí a mi jefe que me anotara para ir, pero al principio no me dejó. Volví a insistir, pero no hubo caso, al punto de que casi me sancionaron por insistente. Luego me encontré con un suboficial que conocía de Ezeiza y le pedí que me anotara para ir. A los tres días tenía un mensaje que decía que debía presentarme”.
-¿Cómo se sintió cumplir tu sueño de chico de conocer las Malvinas, pero teniendo que ir a luchar por ellas? ¿Qué sensaciones te atravesaban?
Dante: -Una mezcla de sentimientos. Al principio era como una película, tranquilo, no había mayores problemas… hasta el primero de mayo. Ese día se realizó el bombardeo al aeropuerto y ahí me di realmente cuenta de dónde estaba. Yo estaba durmiendo en una escuela de Puerto Argentino y a la mañana nos sorprendió el estruendo. Fue la vez que más rápido me vestí en mi vida, pero estábamos preparados para cualquier cosa.
Agregó: “pensábamos que iban a llegar hasta por ahí y después iban a pegar la vuelta, que las negociaciones diplomáticas iban a solucionar el problema, era esa idea; pero no sucedió así. Y de repente te despertás con un bombardeo: fue un avión Vulcan que dejó un reguero de 17 bombas de mil libras, con la intención de atacar la pista para desactivarla. Pero la pista se mantuvo operable durante todo el conflicto. Una sola bomba tocó un borde de la pista, pero se rellenó al toque con placas de una pista móvil que se usó en la Antártida, y se solucionó el problema”, recordó.
Su puesto en Malvinas era de operador de Comunicaciones, habló del rol que cumplió en las islas. “Primeramente empecé recibiendo y mandando mensajes cifrados al continente, a través de una radio teletipo. Después pasé a lo que es el Estado Mayor, donde trabajé en Radiofonía: teníamos todo lo que era el Servicio de Protección al Vuelo, donde informábamos a nuestras patrullas aéreas sobre el movimiento enemigo, de los buques… mandábamos toda la información a los pilotos para que entraran seguros”.
Después tenían una red de observadores adelantados, distribuidos en las islas, que hacían observaciones del enemigo o guiado de tiro a través de equipos láser. “Esos equipos eran primitivos, nada que ver a los de hoy en día, que apuntan un lugar y llega el misil a la puerta de la casa, después teníamos otros equipos con los que teníamos contacto con distintas bases alrededor de las islas. Y mis compañeros tenían otros equipos con los que se comunicaban con el continente”.
-Ya que estamos hablando sobre equipos, te planteo una situación: humo de cigarrillos, mates, ruidos de estática y alguna que otra charla de pesqueros rusos o japoneses… hasta que de repente: palabras en inglés.
Dante: -Sí, sí, sí. Agudizo un poco el oído y empiezo a escuchar que daban posiciones de patrullas aéreas, de buques. Eso 50 millas antes de entrar en el lóbulo de radar de Malvinas. Era información que estaba dando el Centro de Control de la Flota, que estaba en el HMS Invincible. Eso fue el 25 de mayo: obtuvimos la información y atacamos algunos buques. Cinco días después, con otras informaciones que también adquirimos, pudimos localizar la ubicación del Invincible y realizamos el ataque, que los ingleses todavía no reconocen.
-Estuviste aproximadamente 2 meses en Malvinas, pero una semana fue de prisionero de guerra: ¿cómo fue eso?
Dante: -El 14 de junio se realiza el cese de fuego, nos dan la orden que entreguemos el armamento, que estaba todo terminado. No hubo rendición: fue un alto el fuego. Está en el acta que Menéndez firmó: tachó “rendición” y puso “cese de fuego”. Y en algún momento nos tenían que repatriar, que mandar de nuevo al continente. Una vez que terminó todo, entregué mi fusil, me preguntaron si era de Fuerza Aérea, a lo que respondí que sí, y los británicos me dejaron la pistola porque ellos presuponen que el cabo primero o sargento tiene que manejar tropa, y una forma de manejar tropa es con arma. Igual no manejábamos tropa, éramos todos suboficiales y oficiales.
-¿Qué se hacía como prisionero?
Dante: -Estuvimos todo el grupo de Comunicaciones unos días en el Aeropuerto. Después nos trasladaron al pueblo, y nos metieron en unos galpones donde guardaban las pacas de lana. Para esto tuvimos tres revisiones en el camino, donde nos sacaban cualquier elemento contundente, para su tranquilidad. Ahí estuvimos 3 días donde no nos dieron ni agua ni comida; era lógico, porque ni ellos tenían. Hablé con un paracaidista inglés que me dijo que si el conflicto duraba 10 días más se tenían que volver. Se les hizo tanto daño a las flotas y su equipamiento, que prácticamente estaban sin municiones y sin comida.
-¿Nos faltó tiempo para quedarnos en las islas?
Dante: -Faltó decisión de los altos mandos. Se tendrían que haber tomado, tal vez, otro tipo de acciones. Se iban a perder más vidas, eso seguro, tanto de un lado como del otro, pero bueno… los dichos de los generales no condicen con los actos. El otro día pude escuchar un reportaje que le hacían a un británico, que decía que se sentía más identificado con un soldado argentino que con un civil inglés, por el hecho de ser soldado. Esa fue la última guerra de caballeros: había respeto de ambos lados, se trató de destruir material y no vidas… aunque los daños colaterales existieron.
-Esto te lo cuenta el paracaidista inglés, pero tiempo después de haber cesado el fuego… antes de que termine todo, ¿vos qué pensabas? ¿Se podía seguir?
Dante: -Y… yo quería seguir. No era decisión mía, pero yo pensaba que se podía seguir. El costo iba a ser más alto, pero lo veía posible. En esa situación la mente de uno es compleja: no es lo mismo tomar decisiones en situaciones límites que cuando hay tiempo para planificar.
-Pasaste esa semana como prisionero y volviste para Argentina…
Dante: -Sí. Nuestros jefes nos habían dado una consigna que era que no dijéramos que éramos de Comunicaciones, porque, como nunca pudieron interceptar nuestras comunicaciones, querían sacarnos toda la información de cómo lo habíamos hecho. Y bueno, entonces decíamos que éramos cocineros, choferes. A nuestro jefe lo conocían y lo hicieron quedarse un mes más.
-¿Cómo fue el regreso para el país?
Dante: -En Malvinas embarcamos en el Almirante Irizar, buque hospital, y ahí fuimos hasta Ushuaia. De ahí a Río Grande en micro, después a El Palomar en avión, de El Palomar a Ezeiza en micro, y ahí en Ezeiza me encontré con compañeros míos y fuimos hasta el aeropuerto, los 10 en un Fiat 600.
-A todo esto, ¿habías podido comunicarte con tu familia?
Dante:-Sí, teníamos la posibilidad de comunicarnos con la familia: una vez por semana hablábamos por teléfono. Yo me comunicaba a la casa de mis suegros que eran los únicos que tenían teléfono en esa época. Pero estando prisionero fue distinto: me comunicaba con mi esposa a través de un equipo de comunicaciones que teníamos dentro de un camión que estaba metido en una cantera como si estuviera chocado. Los ingleses sabían que teníamos ese equipo para comunicarnos, pero nunca detectaron dónde lo teníamos oculto. Disfrazamos la antena dipolo con ropa colgada. Entonces, nos comunicábamos con radioaficionados del continente y ellos se comunicaban con nuestra familia a través de Phone Patch; ¿qué es el Phone Patch? Usaban el equipo de comunicaciones de radio, lo conectaban a un teléfono de su propiedad (lo pagaban ellos), y llamaban a los diferentes puntos del país. En mi caso, tenían que llamar desde Río Grande a Buenos Aires. Y bueno, hablamos poco, pero le dije que estaba bien, que faltaba poco para volver a casa.
-Y es por esto de eludir los intentos ingleses de interceptar las comunicaciones argentinas que es que sale lo de “los soldados invisibles”…
Dante: -Sí, “los invisibles soldados de Malvinas”. Es un orgullo enorme para mí. Además, una vez tuve la oportunidad de charlar con Owen Crippa, piloto argentino de marina, que fue el primero que descubrió una flota en la bahía de San Carlos. El tipo me decía que cuando escuchaba al radio operador en la frecuencia era un alivio, porque sabía que iba a regresar a salvo. Con el paso de los años lo confirmaron otros pilotos también.
-Para ir cerrando un poco, quería saber si tenés o si tuviste secuelas psicológicas por la guerra…
Dante: -Sí, si tuve… al principio, para fin de año, Navidad, viste que hay muchos cohetes… yo estaba como los perros: con la cola entre las patas y metido debajo de la mesa. Me pasó durante varios años después de Malvinas, ahora ya no. También tuve insomnios, flashbacks de guerra… me pasó de estar caminando por acá en la costanera de Bariloche y tener un flash de que estaba caminando por Malvinas.
-¿Volviste a Malvinas después de la guerra?
Dante: -No. No porque yo dentro de mi país no necesito pasaporte para ir. El sueño se cumplió y quedó ahí. Esperemos que algún día vuelvan a ser nuestras, que vuelvan a estar bajo el Gobierno argentino.
-¿Ahí sí te gustaría volver a Malvinas?
Dante: -Es posible, es posible. Todo depende. Depende porque allá en las islas hay muchos chilenos, que no nos quieren, muchos kelpers, que tampoco nos quieren… está un poco hostil el ambiente. Para ir allá me tendría que agarrar a piñas con un par de salames.
-¿Decís que es más hostil para un veterano que para cualquier otro argentino que vaya a las islas?
Dante: -Sí.
-No hay respeto…
Dante: -Por parte de los chilenos… si vos hablás con un soldado británico, el tipo sí te respeta. Yo he tenido contacto con un Royal Marine, radio operador, a través de Facebook, y el tipo, con mucho respeto, me dijo: “fue un honor haber combatido con ustedes”. Los tipos respetan mucho el valor del soldado argentino.
-¿Qué pensás sobre el reconocimiento que les da el pueblo argentino a los veteranos de guerra? ¿Están bien valorados?
Dante: -Y, mirá, al principio hubo mucho de desmalvinización. Se nos trató de ocultar, de que no nos uniéramos, de excluirnos, incluso hoy en día. Los políticos que hicieron algo, lo hicieron por conveniencia, no por brindar un servicio al pueblo. Era porque a ellos les convenía.
-Pero es distinto entonces el reconocimiento que el pueblo, la sociedad argentina tiene, que los políticos…
Dante: -Exacto. El pueblo sí nos reconoce. Ahora hay más difusión sobre Malvinas en las escuelas, se han hecho canciones, se recuerda el 2 de Abril. El tema es el gobierno: siempre han tratado de destruir a las fuerzas armadas, no importa qué gobierno. Lo que pasa es que el político lo que hace es por su propio beneficio.
-Ni con demagogia intentan quedar bien: podrían reconocerlos falsamente para quedar bien parados ellos; pero no, ni siquiera…
Dante: -Sí, sí, exacto. Ya te digo, no son de mi agrado… es así que generan divisiones dentro de los mismos veteranos: hay algunos que están del lado del gobierno y otros que no. Los que han sido soldados concretos, muchos, están con el gobierno por un puesto político. Y bueno, en ciertas leyes dejan a un lado al personal de cuadro: suboficiales y oficiales. Eso es lo que generan.
-Bueno, Dante, ha sido muy interesante todo lo que me has contado, pero hay una pregunta que me da mucha curiosidad y que no puedo dejar de hacerte: dentro de los “Ganchos Salvajes”, tu grupo, estaba Miguel, que era “el Negro”; Daniel, que era “el Mosquito”; Alfredo, que era “el Tacho”; ¿por qué Dante era “Agüita fresca”?
-¡Gran apodo! (risas)
Dante: -Sí, sí, gran apodo (risas). Hace tiempo yo era cabo primero y estábamos haciendo un curso en El Palomar. Yo estaba casado, tenía dos hijos, el sueldo no era gran cosa. Entonces, llega el momento de ir al comedor, y en esa época los mozos eran soldados. Había 1.000, 1.200 personas. ¿Qué van a tomar?, nos preguntan. Unos dijeron vino, otros dijeron gaseosas, cervezas… “a mí traéme agüita fresca”, dije. Claro, yo tenía que ahorrar plata, lo que ibas a tomar había que pagarlo. Y bueno, el pibe tenía que atender mil soldados, lo que menos se acordó fue del agua que le pedí yo. Y le vuelvo a insistir: “che, ¿me traes el agua fresca?”. “Sí, sí, sí, ya voy, ya voy”. Claro, estaba despelotado. Y bueno, me quedé sin tomar agua.
-¡Ah, no te la trajo! Ni siquiera un agua natural…
Dante: -No, no, ni siquiera (risas). Y ahí los muchachos me bautizaron como “aguita fresca”.
-Muy bueno. ¿Esto fue mucho antes de la guerra?
Dante: -Fue en el 79. Y estuvimos todos esos años juntos hasta la guerra. Después del 82 estuvimos un tiempo juntos, luego uno se fue al Edificio Cóndor, otro a Córdoba, yo me vine a Bariloche en el 88…
-Pero desde el día de la agüita fresca hasta Malvinas, los “Ganchos Salvajes” estuvieron siempre juntos…
Dante: -Sí, sí. Nos sirvió mucho porque ya nos conocíamos de antes, sabíamos lo que necesitaba cada uno, sabíamos trabajar en equipo. El trabajo en equipo es fundamental: no hacía falta hablar mucho para saber lo que el otro necesitaba.
(Entrevista realizada en Buenos Aires, Argentina, 2022, y publicada en Niza, Francia, 2023, por Tiago Luque)