YA SE EVADIÓ VARIAS VECES
Cumple perpetua por brutal crimen en Bariloche y no lo autorizaron a viajar al sepelio de su madre
En agosto de 2005, Hugo Ángel Cano, por entonces de 42 años, fue condenado a prisión perpetua por el brutal crimen de Marta Carolina Zani (58) ocurrido en el interior de un domicilio del barrio 170 Viviendas de Bariloche en el que antes habían mantenido un encuentro sexual aparentemente consentido. La víctima murió asfixiada con su propia sangre producto de los golpes recibidos.
Los jueces de la por entonces Cámara Primera del Crimen, Marcelo Barrutia, Alfonso Pavone y Alejandro Ramos Mejía, confirmaron que tras el crimen el acusado se llevó ropa, dinero y el auto de la víctima, que luego vendió en El Bolsón y lo condenaron a prisión perpetua.
En el transcurso del cumplimiento de su condena, Cano accedió a algunas salidas excepcionales que le autorizó el Juzgado de Ejecución de Penas, pero en dos ocasiones se evadió y logró permanecer prófugo durante varios meses. Una vez lo recapturaron en Neuquén y la otra en San Juan.
Por esa falta de apego a las normas y por su conducta impredecible, los jueces Gregor Joos, Romina Martini y Marcos Burgos le rechazaron el pedido de revocar la negativa a una nueva salida que había firmado la jueza Sandra Ragusa anteriormente.
Su madre, domiciliada en la localidad de Saliqueló, provincia de Buenos Aires, falleció hace pocas semanas y su familia logró guardar el cuerpo en un depósito de la morgue a la espera de que Cano pudiera viajar para la ceremonia de sepultura. Con los antecedentes a la vista, la Justicia le negó la salida excepcional que requirió.
En el juicio desarrollado en agosto de 2005, quedó acreditado que Cano había entablado una relación afectiva con la víctima y fue en esas circunstancias que la visitó en su vivienda y tuvo acceso al dormitorio en el que habrían mantenido relaciones sexuales. Pero luego el acusado cometió el homicidio agravado por el ensañamiento y la alevosía, aplicándole diversos golpes con un palo, con una plancha y puntapiés en el rostro, el tórax y uno de sus brazos, provocándole severas lesiones que derivaron en su deceso. La víctima murió ahogada en su propia sangre.
Luego, Cano cargó diversos elementos de la vivienda en el Renault 18 Break de la propia víctima y se apoderó del vehículo y de una suma de dinero que no pudo ser precisada. Días después vendió en auto en El Bolsón y viajó hacia Epuyén.
Mientras tanto el crimen todavía no había sido descubierto. Con su marido de viaje, Zani estaba sola en la casa y fueron los vecinos los que dieron la señal de alerta, tras varios días de escuchar a los perros ladrar y percibir una modificación sustancial en las rutinas diarias de la mujer. Por caso, notaron que los postigos de las ventanas permanecían abiertos día y noche, habiendo transcurrido varios días sin divisar a la víctima.
Le avisaron a un hijo de la mujer, radicado en Villa La Angostura, y este se presentó en el domicilio de su madre y la encontró muerta en la cama.
Como parte del trabajo pericial de autopsia, se determinó que llevaba varios días muerta y en sus genitales encontraron restos de semen, además de las hornallas de la cocina encendidas, el teléfono descolgado y varios faltantes -entre ellos el del automóvil- en medio de un desorden total.
Cuatro días después del hallazgo de la mujer muerta, detuvieron a Cano caminando por las calles de Esquel. El por entonces juez de Instrucción Miguel Gaimaro Pozzi ordenó la extracción compulsiva de una muestra de ADN sobre el detenido y ello sirvió como colofón de una investigación judicial que ya había logrado reunir elementos determinantes para sostener la culpabilidad de Cano.
Según habían informado las autoridades policiales por entonces, Cano ya había purgado una condena anterior, a 12 años de prisión, por el crimen de un taxista en Ingeniero Jacobacci.