Memoria fotográfica en Bariloche: una muestra presenta en imágenes la esencia de las Madres de Plaza de Mayo
Lo que trasciende de las fotografías, en esencia, son los rostros de las Madres de Plaza de Mayo.
Sobre todo, las miradas.
Mujeres que tuvieron la necesidad de expresar públicamente esa pregunta que las atormentaba y a la que ninguna persona, en privado, daba respuesta: “¿Dónde están?”.
El interrogante apuntaba a sus hijos.
Nadie les decía nada.
Bueno, en realidad, alguien sí dijo algo… públicamente. Un tal Jorge Rafael Videla. Aquel que encabezó, junto a Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, el golpe de Estado que derrocó a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976.
En diciembre de 1979, durante una conferencia de prensa en la Casa Rosada, un periodista se animó y preguntó por esa gente “perdida”, los desaparecidos. Fue entonces cuando el dictador, refiriéndose a un caso hipotético de alguien sobre quien se desconociera su paradero, emitió aquella frase que pasó tristemente a la historia: “No tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”.
Las mamás de esas personas cuyo destino era un interrogante –y en muchos casos, aún lo es– no se quedaron quietas, ni antes ni después de aquella declaración de quien era presidente de facto.
La primera ronda en Plaza de Mayo fue el 30 de abril de 1977.
Y esas mujeres nunca pararon.
La perseverancia, cargada de dolor, aflora en los rostros que, en blanco y negro, brillan en las fotografías que en este momento se exhiben en la sede barilochense de la Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro (UnTER) –Elflein 735– y en el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) de la Universidad Nacional del Comahue –Quintral 1250.
Las imágenes pertenecen al denominado Archivo Hasenberg-Quaretti, y permanecerán en esos espacios hasta el 24 de Marzo. Luego, desde el 28 del mismo mes y hasta el 15 de abril, podrán verse en la delegación Patagonia Norte del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) –Avenida de los Pioneros 2350–, en el Instituto de Formación Docente Continua –John O’Connor 1757– y en la Universidad Nacional de Río Negro –Anasagasti 1463.

La Ley de Punto Final en la portada de un diario.
Las fotografías que llegaron a Bariloche reflejan un período que va de 1979 a 1989, es decir que incluyen los primeros años del regreso de la democracia (en una de las imágenes, por ejemplo, se observa a un grupo de Madres ojeando un diario que anuncia la firma del Punto Final).
Quienes miran las fotos dialogan con ellas.
Pasan, se detienen frente a alguna de ellas y, en silencio, charlan.
Porque las imágenes hablan y escuchan.
A veces, las fotografías perciben dolor. Otras, ignorancia.
Y ellas, justamente, están para impulsar la curación y, a la vez, informar, con el objetivo de que “nunca más” se vivan situaciones como aquellas.
Además, se trata de un momento particular del año, porque estamos en el mes en que se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia (24 de Marzo).

La historia hecha fotografía.
“Cuando veo la exposición, y observo a las Madres y a las Abuelas, aprecio una voluntad de lucha, un enfrentamiento contra la dictadura, el logro de juzgar a los genocidas y, fundamentalmente, conseguir recuperar a los nietos que habían sido apropiados por los militares”, expresa Rubén Marigo, referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), quien además recalca: “Reivindico, sobre todo, su forma de protestar y de luchar, ya que siempre lo hicieron con las rondas, en forma pacífica, sin bajar ni una sola de sus banderas”.
“Cada 24 de Marzo, cuando pintamos sus pañuelos, recordamos todo eso: que conformaron un frente claro y digno contra la dictadura y buscaron que, de una vez por todas, llegara el castigo para los genocidas”, señala, añadiendo: “Las fotos me producen mucha emoción. Me recuerdan una etapa y, fundamentalmente, la lucha de toda una juventud que tuvo treinta mil desparecidos que fueron torturados… Además, se apropiaron de sus hijos y también de sus bienes”.
Del mismo modo, considera: “La exposición, para nosotros y para todas las generaciones, muestra un símbolo de una lucha referida a que en este país nunca más debe haber una dictadura, haciendo siempre vigente la consigna de memoria, verdad y justicia, que es por lo que siempre luchamos”.
Por otra parte, aprecia que, en este momento, la muestra, con el foco puesto en las Madres, toma un cariz especial debido a las circunstancias que vive el país. En tal sentido, indica: “Ante una gestión que gobierna para los sectores de privilegio, las Madres y las Abuelas, además de ser el reflejo de los treinta mil desaparecidos, conforman un ejemplo de lucha y resistencia, en relación a poder aglutinar, defender y unir a los sectores populares, como los jubilados, los precarizados, los compañeros desocupados...”.

La atención puesta en las imágenes.
UNA MIRADA ESPECIAL
José Roque Rodríguez observa la muestra con una mirada particular.
Durante los años de plomo, estuvo en prisión.
En realidad, su estadía tras las rejas comenzó antes de la llegada de la dictadura, en tiempos de la Triple A.
José era parte de la Juventud Guevarista, dentro del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Lo detuvieron a fines de 1975, en Córdoba, junto a quien era su novia. Él tenía dieciocho años; ella, dieciséis.
Lo llevaron al D2, Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba, y luego a la Unidad Penal 1 de la misma ciudad. Después lo “pasearon” por La Plata, Caseros, Devoto… “Hice turismo carcelario”, sonríe ahora.
Quedó en libertad en 1983, poco antes del retorno de la democracia. “Los presos políticos comenzamos a salir de Devoto en agosto”, recuerda. Cabe mencionar que en octubre de aquel año se desempolvaron las urnas, donde el pueblo argentino eligió mayoritariamente a Raúl Alfonsín como presidente.
De su etapa tras las rejas, rememora las torturas que sufrió y los fusilamientos a compañeros.
Así, resalta que en la Unidad Penal 1 de Córdoba “hubo treinta asesinados, en un pabellón de doscientos”.
“A uno lo mataron al lado mío. Era estudiante de Ciencias de la Información. Permanecíamos juntos en la misma celda. Su nombre era Raúl Bauducco. Fue en un patio. Lo golpearon y, como no se levantaba, le pusieron una pistola en la cabeza y se la volaron”, evoca.

Alguien observa una foto donde se ve a una Madre pidiendo por la "aparición con vida" de su hijo.
Al hablar de su tiempo recluido, José cita las diversas torturas que le aplicaron: “El submarino, los golpes, acciones eléctricas… Todas esas cosas eran normales. Después, no nos dejaban dormir y entraban todo el tiempo a pegarnos... Nos tenían sin comer… Llegué a bajar cuarenta y cuatro kilos”.
Tras salir de Devoto, retornó a Córdoba. “Luego, viajé por distintos lados, para reubicarme en tiempo y espacio. Y decidí venir al sur. Hace casi cuarenta años que vivo en la Patagonia. Estuve en El Bolsón y después vine a Bariloche”, cuenta.
“En la actualidad, soy secretario nacional de organización de FTV-Miles”, apunta, en referencia a su presente como parte de la agrupación de Luis D’Elía.
En cuanto a la exposición fotográfica, parafrasea al filósofo George Santayana: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Así, dice que esa es la razón por la que piensa que “hay que hacer más muestras así”.

Cada quien tiene su visión sobre la muestra.
¿CÓMO LLEGARON LAS FOTOS A BARILOCHE?
“Me conecté con la fotógrafa Mónica Hasenberg a través de la Casa de las Madres Línea Fundadora y le dije: ‘Quiero llevar la muestra a Bariloche’”, cuenta Luciana Lagorio, quien, con Eugenia Valente y Susana Romaniuk, conforma el equipo que propició que la exposición pueda verse en la ciudad.
Eugenia Valente, precisamente, señala que “Mónica Hasenberg y su compañero Brenno Quaretti (quien falleció en 1995) registraron en fotos, de 1979 a 1989, las luchas que se hicieron para pedir por los compañeros desaparecidos”.
“Las Madres, al salir a la calle, pusieron el cuerpo para pedir por sus hijos, y el pueblo las acompañó exigiendo que se restableciera la democracia. Todo eso está documentado en cuarenta y cinco mil negativos”, precisa Eugenia, para luego desarrollar: “Sobre ese material, Mónica Hasenberg llevó a cabo una selección que convirtió en banners, con el objetivo de que las imágenes pudieran circular por diversos sitios”.
“Hay personas que se sienten particularmente conmovidas, porque participaron en aquellos momentos, en tiempos donde salir a la calle a pelear por sus derechos era riesgoso… Eso genera una memoria emotiva muy fuerte”, expresa Eugenia.
En ese punto, Luciana Lagorio suma que alguien perteneciente a la Universidad del Comahue no pudo contener el llanto al ver una imagen de una marcha de la que había sido parte, y aprecia que la muestra propicia que “se generen preguntas, conciencia la historia”. Y remarca: “Para que aquello no se vuelva a repetir”.
“La lucha de las Madres es un ejemplo de vida y lucha a nivel internacional”, agrega.

Luciana Lagoria y Eugenia Valente ofrecen su testimonio.
Eugenia Valente reflexiona: “Uno ahora las ve como militantes, pero eran mamás que, en general, estaban en sus casas, porque en esa época la mayoría no eran profesionales ni trabajaban, y salieron a buscar sus hijos, acusando a quienes los habían matado”.
En tal sentido, destaca: “Ver las fotos, a mí, me genera compromiso con la historia, pero también con la actualidad”.

Registrando la mirada de quienes fotografiaron la historia.
La exposición lleva por nombre “Madres de Plaza de Mayo y la resistencia popular”.

Un espacio cargado de memoria.