2025-03-05

Espíritu murguero y juguetón con una “ludoteca móvil” que se estacionó en el Centro Cívico

“El juego es una transmutación de energía”, sostiene quien impulsa el proyecto.

En el marco de los festejos de carnaval, una de las carpas colocadas a modo de stands en el Centro Cívico destacó por su oferta, que si bien no era gastronómica como el resto, invitaba a alimentar el alma, sobre todo con la vista puesta en los más pequeños.

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Luciano Beveraggi, de la murga Los Herederos de Kazó, llevó a la plaza emblema de Bariloche su propuesta de carácter lúdico denominada Alitas.

Justamente, él define el proyecto como una “ludoteca móvil”.

Una niña observa atentamente las indicaciones del juego.

Para Luciano, “el juego es una transmutación de energía”.

Con una remera con una estampa murguera y una boina roja, el hombre disfrutaba de ver cómo los niños se acercaban a los diversos juegos –algunos de ellos, de gran tamaño–, pensados para agudizar los sentidos.

Propuesta lúdica en madera.

A Luciano, que es carpintero, siempre le gustó el tema de lo lúdico, pero no sabía bien cómo desarrollar invenciones en relación al asunto.

Cuando sus hijos iban a preescolar, se dio cuenta de que una problemática respeto a los juegos apuntaba a la falta de repuestos. Pensó, entonces, en hacer un taller específico para esa cuestión, pero la idea no llegó a concretarse. Cierto día, en la plaza del barrio Nueva Jamaica, “sede” de Los Herederos de Kazó, se topó con unos muchachos que estaban de paso, quienes le mostraron creaciones lúdicas. Así, se puso a copiar el estilo de aquellas invenciones y, de esa manera, surgieron creaciones propias que llevó a la plaza, donde notó cómo los pequeños quedaban prendados con ellas.

Luciano, feliz, mostrando cómo se usan los juegos.

“El juego irrumpe y hace su efecto”, sonríe Luciano, quien se define como “bastante anárquico” en su manera de ser. Por eso, el proyecto no tiene una estructura fija, el desorden creativo provoca que lleguen objetos desde diversos lados y, también, que otros se generen gracias a diversas mentes inventivas, todo bajo un espíritu colaborativo que, en cierto modo, responde al entramado de la murga.

Y en ese recorrido sin orden, por estos días, Luciano piensa que tal vez sería bueno movilizar los juegos por diversas partes de la ciudad con su moto tricargo naranja, es decir, un modelo que lleva añadido un carro detrás, para transformar el propio recorrido en un entretenimiento más para él.

Juegos que llaman a despertar habilidades.

“Como el camino de la vida no tiene precio, jugar en Alitas tampoco”, rezaba un cartel en el stand del Centro Cívico. Sucede que el proyecto funciona con lo que cada quien puede dar, pero no tiene un valor determinado. “La colaboración económica es voluntaria, a conciencia”, se leía en un texto ubicado junto a una alcancía, donde también se aclaraba que el dinero recaudado serviría a que la propuesta pudiera continuar.

Además, se señalaba: “Sobran razones para apoyar su desarrollo con una colaboración voluntaria. La ludoteca móvil es popular e inclusiva. No cobra, porque dejaría de ser inclusiva y popular”. Igualmente, se aclaraba que el uso de los juegos en eventos empresariales sí posee un costo. Pero, más allá de esos casos puntuales, la actividad está orientada a escuelas y jardines de infantes. También, los objetos sirven para cumpleaños y demás festejos.

Jenga gigante.

En ese texto donde se exponía lo que implica Alitas, figuraban palabras del actor, escritor y músico Luis Pescetti, referente en lo que tiene que ver con el entretenimiento y el arte para chicos: “Lo valioso del juego es que nos arranca de la pasividad, rompe el orden establecido y nos coloca en una zona de caos que está más allá de toda preocupación por la eficiencia o la utilidad. Es un caos cargado de vitalidad y de frescura”. En ese pensamiento es donde Luciano Beveraggi se apoya para esparcir alegría entre los más pequeños… Y entre los grandes, como quedó demostrado en el Centro Cívico, donde los adultos también se prendieron a la invitación.

Los más grandes no quisieron perderse la diversión.

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