Coser lo que el sistema descose: historias de Uniendo Tramas, un espacio vital para diseñadoras y confeccionistas
La vigésima séptima edición de Uniendo Tramas, en el Salón Cultural de Usos Múltiples (SCUM), ubicado en Moreno y Villegas, como sucede en cada nuevo encuentro, es una celebración de impulso colectivo en pos de un objetivo común.
Diseñadoras y confeccionistas, desde las 10 a las 21, en esa esquina clásica de Bariloche (en esta ocasión, hasta el 10 de marzo), se turnan para atender los stands.

Conocen los detalles de cada emprendimiento, más allá de los propios, y guían al visitante de acuerdo al requerimiento en cuestión.
La idea, claro, es sentirse en un espacio cómodo, conseguir un sitio de pertenencia a partir de la unidad.

Esas personas a las que quizá no les es fácil mostrar lo que hacen encuentran, a partir de Uniendo Tramas, el lugar ideal.
Por eso, en los carteles que anuncian la exposición, por ejemplo, se lee: “No es sólo hilo y aguja, es fuerza colectiva”. O: “Somos trabajadoras textiles unidas, somos una trama”. Y, teniendo en cuenta el presente, que a fuerza de exitismo y urgencia mercantilista suele dejar en los márgenes a aquellos que poseen un espíritu artesanal, el metafórico pero contundente: “Cosemos lo que el sistema descose”.

Al ingresar al lugar, cualquiera de las mujeres que atienden puede contar que esta edición está integrada por cuarenta y tres emprendedoras.
La oferta es variada. Hay indumentaria, ropa interior, objetos de decoración y varios elementos destinados a la infancia. Justamente, dada la época de retorno a las aulas, resulta interesante la propuesta abundante relacionada con el tema.
Así, se observan delantales, mochilas, cartucheras, cuadernos y un largo etcétera.

ENCUADERNACIÓN Y FUNDAS
Mariela Painean, que es la tercera vez que participa de Uniendo Tramas, dice: “Este espacio es un lugar de referencia para todas las emprendedoras; podemos dar a conocer lo que cada una hace”.
Y ella se dedica, en especial, a la encuadernación y la realización de fundas de diverso tipo.

“Me encanta el espíritu colectivo, porque, cuando no estás, tenés confianza en que tu compañera va a saber vender tu producto; nos ayudamos, se forman lazos”, destaca Mariela.
Su proyecto se llama X Amor, y apunta a los artículos de librería.
Por ejemplo, realiza cartucheras con varios compartimientos internos con “telas, nylon, vinílico y cierres”.

Además, son particularmente atractivas las fundas para cuadernos y carpetas de diferentes tamaños.
En ese punto, debe destacarse que tales productos se vinculan a una historia particular. “Mis sobrinos empezaban las clases y le quise facilitar a mi cuñada la tarea del forrado de cuadernos”, cuenta Mariela, que realiza las fundas con bolsillos internos para que, cuando el cuaderno en cuestión ya no se use, puedan pasarse a otro.
“En general, utilizo tela cordura, la cual ofrece la posibilidad de que, si se mancha, puede limpiarse con un trapito húmedo”, detalla.
“Lo que hago es algo nuevo, distinto a lo que se vende normalmente en las librerías, y mi idea, desde que encaré este proyecto, ha sido que las cosas sean reutilizables, para no tirar tanto. Incluso ayuda a la economía de la familia, porque, por ejemplo, se compra una carpeta económica y se le puede poner una funda original, diferente”, resalta Mariela, quien empezó con X Amor hace dos años. “Antes hacía vestidos de novia y para cumpleaños de quince”, indica.

EL RECICLADO COMO EJE
Samanta Martínez se dedica a las encuadernaciones, y resalta por utilizar materiales que surgen del reciclado, con tintes naturales, a partir de hojas y plantas de la Patagonia, así como elementos orgánicos de descarte. La materia prima, entonces, puede venir de abedules y radales, como también de palta, cebolla, pétalos de rosa o moldes que se utilizaban para la industria textil pero quedaron fuera de uso.
“En 2014 comencé con la encuadernación, en cuanto al reciclado empecé hace poco, dos años atrás, por un compromiso que tomé de reutilizar y no generar más residuos. Es una especie de plus que sumo a lo que hago”, apunta la joven, quien añade que también realiza bordados en varios de los productos que crea.

En cuanto a la diferencia de dedicarse al encuadernado tradicional con lo que realiza en la actualidad, explica: “Lo que hago ahora es un proceso diferente, más lento, consciente. Y la búsqueda del material obviamente es distinto a lo que significa trabajar con telas industriales. Esto implica un trabajo de recolección de materiales, lavado, teñido…”.
Samanta hace cuadernos de diversos tamaños, con hojas lisas, rayadas o cuadriculadas, por lo que pueden utilizarse también para las escuelas, pero, a la vez, crea recetarios y agendas que, incluso, en su interior, cuentan con diseños elaborados por ella. También ofrece un “diario de bebé”, con libreta de vacunación y lugar para los momentos especiales del niño hasta el año.
Asimismo, le da forma a tarjeteros, marcapáginas, anotadores y un largo etcétera. Incluso recibe pedidos para libros de artistas y álbumes de fotos.
Samanta es la tercera vez que participa en Uniendo Tramas con su proyecto, llamado Gingko, y resalta: “Este en un lindo grupo, variado, donde se aprende de lo que hacen todas”.

DELANTALES ESCOLARES
Romina Salazar es parte de estos encuentros desde la segunda edición de Uniendo Tramas.
Lo suyo son los delantales, tanto para los pequeños que acuden a jardín de infantes como para los docentes.
Su emprendimiento se llama 3 Lunas, y recalca “el compañerismo, la solidaridad y el trabajo en equipo” que se vive al transitar este espacio. “Sabemos lo que vende cada una y atendemos entre todas. Además, nos pasamos los contactos de los proveedores y hacemos compras en conjunto”, expresa.

Para ella, “el SCUM es un punto de venta estratégico”. En tal sentido, especifica: “Existe un público que nos sigue en cada presentación en este lugar”.
De esa manera, queda en claro que, más allá de los turistas (siempre bienvenidos), la clientela se va ramificando a nivel local.
“Hace diez años que realizo delantales. Cuando mi hija iba al jardín, mi mamá le hizo uno, y todas las mamás empezaron a pedir que querían iguales, así que ahí comenzamos”, sonríe, para luego añadir: “Con el tiempo, fui sumando cartucheras, estuches, toallitas para jardín…”.
Romina utiliza telas de algodón, jean y también poliéster. En ese último caso, ríe: “Eso es especial para aquellas madres que no quieren planchar todos los días”.
La joven resalta que siempre hace hincapié en la calidad de los materiales. “Para que los delantales duren todo el año”, dice.
Y puntualiza que sus prendas llevan “broches a los costados, no tiras”, algo que la diferencia de las prendas de ese tipo que suelen verse normalmente.

SANJO COSTURA
Verónica Pruden está en Uniendo Tramas para contar lo que hacen en la Fundación San José Obrero.
En esta ocasión, el puesto de la institución destaca por exponer delantales, pero no escolares, sino gastronómicos.

“En San José, además de la enseñanza, hay una sección específica que está haciendo producción, y notamos que nos comenzaron a pedir muchísimos delantales para gastronomía”, cuenta Verónica.
Así, detalla que las solicitudes abundan en esas prendas tanto para utilizarlas en las cocinas de restaurantes como para la atención directa al público, además de pedidos para cosas específicas.
Verónica remarca que se utilizan diversos materiales. Por ejemplo, dice que la tela cordura es buena para aquellos que están expuestos a la posibilidad de que se mojen, pero no lo es para los que trabajan cerca de fuentes de calor, como junto a una parrilla, para lo cual existen otros elementos que sí están destinados para un uso de ese tipo. Asimismo, indica que, de acuerdo al empleo que se les quiera dar, los solicitan con distintos tipos y cantidad de bolsillos.
En el stand, se observan también accesorios funcionales a labores gastronómicas, como cofias, repasadores y manoplas (“Las hacemos largas, para que las personas, si trabajan con hornos, no se quemen”, especifica la mujer).

Verónica quería aprender costura desde hacía tiempo. Incluso había visitado la Escuela de Arte La Llave, pero allí le contaron que disponían de pocos lugares y que se apuntaba a personas que tenían la intención de dedicarse laboralmente al tema. Ella, entonces, prefirió dar un paso al costado, “para no sacarle el espacio a nadie”.
Pero en cierta ocasión llevó varias cosas a San José Obrero, para colaborar con la entidad, y se quedó. Ya hace tres años de aquello.
Ella ríe y dice que no se siente muy buena costurera… “Me dedico más a meter mano a las máquinas cuando se traba algo”, afirma. Sucede que su padre era mecánico y Verónica siempre se dio maña para esas cosas. “Me gusta armar y desarmar”, señala.
En cuanto a Uniendo Tramas, sitio al que acude por tercera vez en representación de “Sanjo Costura”, expresa: “Me encanta ver lo que hacen las emprendedoras; me pone orgullosa saber que todo esto se realiza en Bariloche”.
