Lucas Lucero “Music”: es ciego, cantante y quiere llegar a La Voz Argentina
“Nací en Bariloche, ciego y sietemesino… Tendría que haber llegado en enero y me adelanté al 25 de noviembre”, cuenta Lucas Lucero, que, a modo de añadido artístico, suma “Music” (música) al nombre.
Estos días lo encuentran entusiasmado ante el próximo arribo de La Voz Argentina a Bariloche. Cabe recordar que la producción del programa realizará un casting en la ciudad, el 6 de marzo, de 9 a 17, en el hotel Sheraton, ubicado en San Martín 536. Y Lucas intentará quedar entre los elegidos. “Es una oportunidad que me gustaría aprovechar; sé que me ayudaría mucho para seguir haciendo lo que me gusta”, dice.
El muchacho tiene treinta y un años, y devela que ya a los cuatro sentía que su camino venía por el lado de la música. “De chico escuchaba muchas cosas, pero no infantiles, como suelen hacer los niños, sino, por ejemplo, composiciones clásicas. También canciones que oía mi mamá, como algunas de Luis Miguel, Whitney Houston, Celine Dion…”, narra.
“En aquel momento, ya jugaba con melismas”, sonríe, refiriéndose a las melodías breves que tarareaba. “Copiaba fraseos de los cantantes”, detalla.
Y en ese tiempo, los teclados llegaron a su vida. “Una tía, para un cumpleaños, me regaló un piano de juguete; con eso arranqué”, expone, para luego seguir: “A los diez, agarré la guitarra y también me acerqué a otros instrumentos, entre ellos, el bajo, la batería, la armónica… Ahora toco de todo un poco, pero mi fuerte es el piano”.

"Mi fuerte es el piano", afirma.
No vive la falta de visión como un obstáculo. “Me considero normal, más allá de no ver. Para mí, la discapacidad no es una limitación. En realidad, no me siento discapacitado, sino que me creo capaz de hacer muchas cosas. Hay personas que, aun teniendo todo, se viven quejando, y eso que no deben salir a la calle con un bastón blanco para toparse con un bache, un auto mal estacionado o una zanja en el medio del camino”, sostiene.
Justamente, señala que el transitar por Bariloche suele hacérsele complicado. “La ciudad no está preparada para nosotros. Hay muchos obstáculos. No le dan mucha importancia al asunto. Quizá lo único que esté acondicionado sea la calle Mitre, pero, en general, falta mucho”, afirma.

"No me siento discapacitado", dice el músico.
A Lucas le agradan los deportes. Por ejemplo, durante bastante tiempo realizó atletismo, y le gusta escalar. Curiosamente, esa pasión la advirtió ya de pequeño, porque le encantaba subirse a los árboles a juntar cerezas y se sentía cómodo en las alturas.
También, gracias a la Fundación Challenge, una organización sin fines de lucro dependiente de la Asociación Argentina de Instructores de Esquí, Snowboard y Pisteros Socorristas (AADIDESS), anda en bicicleta en las denominadas tándems, que brindan la posibilidad de que dos personas pedaleen (una ubicada detrás de la otra). “Quien no ve va detrás… Nosotros desconfiamos de los que se sientan adelante”, bromea Lucas, que durante una jornada en la que practicó esa actividad conoció a quien, desde hace cuatro meses, es su novia, Airam Belisario.

Airam y Lucas: ella, con un bastón verde, que indica baja visión; él, con el blanco, que apunta a la ceguera total.
“Soy un alma sin fronteras,/ con un corazón que late con pasión y fuego./ Nací sin ver, pero mi espíritu es libre,/ no me dejo vencer por la oscuridad que me rodea”, escribió Lucas al inicio de un texto que tituló “Mi verdad, mi fuerza”. Y un modo de posicionarse más allá de aquello que las sombras permanentes intentan imponer, para el joven, ha sido la música.
Canta y toca canciones ajenas y propias.
“Me gusta mucho el góspel y el soul”, apunta, a la vez que comenta que últimamente se le ha dado, a partir de interiorizarse en el tema, por la rearmonización típica del jazz, es decir, la práctica de alterar la estructura armónica de una canción manteniendo intacta la melodía.

Lucas está esperanzado con lo que pueda suceder en el casting.
Un dato más: tiene oído absoluto, o sea, cuenta con la habilidad de identificar o reproducir una nota musical específica al oírla, sin necesitar la referencia de otras notas. “De chico, escuchaba las bocinas de los autos y decía en que nota estaban, así se dieron cuenta”, revela.
Por lo pronto, más allá de esa característica, y de su sentido del humor, que lo lleva a hacer chistes en relación a la ceguera a cada rato, tiene la mente puesta en el casting de La Voz Argentina. “Estoy esperanzado”, confía, y dice que si no llega a quedar en el programa al menos sabrá que lo habrá intentado.
“Cada día me levanto y le agradezco a Dios por la vida. Despertarse, respirar… Eso, para mí, es lo más importante”, concluye.