VACACIONES
Juana Viale contó intimidades de sus vacaciones y reveló un detalle que cambió la convivencia: “Momento incómodo”
Juana Viale volvió al ruedo con los tradicionales almuerzos de los domingos en El Trece. En su regreso a la conducción, directamente desde la pintoresca ciudad de Mar del Plata, la reconocida figura televisiva compartió con sus seguidores y panel de invitados los pormenores de sus recientes vacaciones familiares. Fueron 23 días alejados de la rutina, en compañía de sus hijos menores, Silvestre y Alí Valenzuela.
El relato de Juana destacó un aspecto particular que capturó la atención de todos: la ausencia total de conexión a internet durante su descanso. “Me re desconecté en mis vacaciones”, reveló Viale con una mezcla de satisfacción y anécdotas que arrancaron sonrisas entre los presentes.
Este detalle permitió a la familia redescubrir placeres simples, transformando cada día en una oportunidad para compartir juegos de mesa y charlas que, de otro modo, habrían quedado en segundo plano. “Hubo momentos muy espectaculares”, agregó Juana, mencionando con nostalgia los emocionantes juegos de Catán y Uno que integraron a la familia.
Pese a este regreso a lo esencial, Juana no dejó de mencionar los desafíos. La conexión digital es, para muchos, una pieza esencial del día a día y explicar esta decisión a sus hijos no fue del todo sencillo.
Según compartió, "el momento incómodo de explicar por qué no tenemos Internet" fue un proceso que, aunque inicialmente contraproducente, resultó enriquecedor al fomentar el diálogo y la cooperation entre ellos.
Hablando de su familia, Viale recordó con cariño a todos sus hijos, incluida su hija mayor Ámbar de Benedictis, de 21 años, quien se encuentra explorando un camino hacia la independencia y decidió otro destino lejos de la familia.
"Ámbar ya está en modo querer todas sus plumas, desplegar sus alas y hacer la suya", manifestó Juana con una mezcla de orgullo y humor que revelaba los cambios típicos de la maternidad.
En resumen, las vacaciones tuvieron lugar en un microcosmos íntimo y sincero, rodeados por el mundo natural, donde prescindir del ruido tecnológico resultó ser un lujo más que un inconveniente.