2025-02-16

Los guardianes de la música “física”

Hoy se reúnen los amantes de los vinilos, casetes y cds en una feria impulsada por el Club del Vinilo.

Si se busca la palabra música en el diccionario de la Real Academia Española, pueden encontrarse definiciones como: “Sucesión de sonidos modulados para recrear el oído”. O: “Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”.

Todo eso es cierto. Pero, para los que ya peinan canas (y algunos jóvenes que bucean en el asunto como si, a lo Indiana Jones, se metieran con reliquias arqueológicas), la música es palpable, no sólo sonido.

Sí, lo intangible, para muchos, se puede tocar.

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Porque hubo tiempo, en esta galaxia –no en una “muy, muy lejana”– donde unos objetos que se denominaban discos aparecieron para ser adorados, colocándolos en aparatos por donde surgía el milagro pagano de escuchar las voces e instrumentos de las deidades: los músicos.

Y, tras los discos, se propagaron esas cajitas plásticas con cintas magnéticas dentro que cumplían la misma función y, además, en algunas de sus variantes, permitían ¡grabar!

Los casetes, claro… Y los famosos compilados de acuerdo a los gustos del “fabricante”.

Y después, cuando ya nadie imaginaba que podía aparecer otra cosa, con los discos y casetes consolidados como estandartes, arribaron los cds, para arrasar con todo.

El cd, con el empuje de los videos de MTv, llamaba a ir a buscar esas cajitas con libritos donde, es cierto, el arte gráfico era, en cuestión de tamaño, menor al de los vinilos, pero respetaba la idea, y a veces redoblaba la apuesta desde lo musical, sumando más canciones que las que venían en las ediciones en casete, por ejemplo.

Entonces, ese clip que aparecía en “rotación” en la cadena televisiva musical, en varias ocasiones, guardaba coincidencias con las imágenes que acompañaban al cd desde la misma tapa.

Es decir, existía una coherencia conceptual que englobaba el asunto.

Pero hasta los mayores imperios algún día caen (pregúnteles a los romanos), y al cd, hoy, al mirar a Spotity, se le cae un lagrimón.

Sin embargo, están los guardianes del grial, que si no santo, al menos recibe adoración como tal… O, en realidad, griales, porque estos caballeros (entiéndase el masculino como concepto, en el que, claro, ingresan también mujeres), en su cruzada particular, beben de los cálices de vinilos, casetes y cds.

Son aquellos que se resisten a que escuchar música sea dejar que una computadora o celular les escupa canciones sin que exista un concepto gráfico alrededor, desconociendo los nombres de los diversos ejecutantes, sin poder realizar un mapa mental de las bandas por las que paseó tal o cual músico.

Para ellos, entonces, la música se escucha, pero también se palpa.

Deben tener en sus manos el objeto, necesitan leer el sobre interno mientras escuchan, precisan conocer los detalles que vienen en esos “libritos”.

Y, en Bariloche, la cofradía de amantes de eso que, al final, termina por ser un estilo de vida, se reúnen en el Club del Vinilo, que, cada tanto, tiene también su fiesta.

Husmeando en busca del santo grial musical particular.

Justamente, este fin de semana es tiempo de reunión, porque hoy, domingo, es la cita, en una cervecería ubicada en Mitre 1160.

A partir de las 17, el lugar será copado por los adoradores de la música “física”, en la novena feria del Club del Vinilo.

El horario de finalización, en tanto, es difuso, porque la cosa suele estirarse mucho más de lo pensado.

La cuestión tiene que ver con juntarse, vender, comprar y canjear discos.

Todos están invitados. Incluso los curiosos, que quieren ver de qué se trata eso que llaman Lp.

“Se trata propiamente de un club, integrado por sobrevivientes de escuchar música en físico; nos gustan las portadas, ver quién toca… todos los detalles”, explica Adrián Mincheff, fotógrafo, carpintero y amante de esos objetos que “suenan”.

Adrián anda por los cuarenta y nueve años y es parte del colectivo denominado Club del Vinilo, que hace tiempo surgió por el empuje de Alejandro Bielli, alma mater de la aventura.

Para Adrián, la música es algo que ha estado presente, escuchándola y “palpándola”, desde pequeño. “Cuando era chico, en mi casa había un combinado winco, y tengo recuerdos de ponerme con mi hermano en la cama y una pila de simples para ver qué poner”, cuenta.

“Después, mi mamá nos compró un radiograbador, y empezamos a escuchar de la radio para hacer nuestros propios compilados”, apunta.

Eran tiempos donde reinaba el pop: Madonna, Air Supply, Prince…

Ahora, Adrián escucha un poco de todo, desde jazz y blues hasta electrónica, pasando por el rock, claro. 

“Trato de investigar, veo lo que me recomiendan… Por ejemplo, ahora estaba escuchando Ultravox, un grupo que empezó en los setenta”, señala.

A Adrián le gustan tanto los cds como los casetes, pero considera que “el formato de vinilo es el más fiel para escuchar”.

Además, protesta porque “los equipos de cd se rompen fácil”.

“En cambio, tengo una bandeja de vinilos que la compré a los trece años y sigue andando. Cada tanto le cambio la correa y la púa, pero nada más”, apunta.

Una curiosidad: Adrián aún en la actualidad prepara compilados en casetes. “Me armo un par al año, uno de verano y otro de invierno”, sonríe, y devela que incluso le regala copias a los amigos.

Sobre la música “intangible”, en contraposición a la “física”, indica que también la escucha. “Pero no le presto la misma atención que cuando pongo un disco”, recalca, para revelar que si oye, Spotify mediante, alguna canción que le gusta, hace lo posible por conseguirla en una versión que se pueda palpar.

“Creo que somos el último bastión de los que compramos discos físicos”, suspira, aunque vislumbra detalles que le hacen creer que no todo está perdido. Por ejemplo, una de sus hijas tiene dieciocho años, y cuando alguno de sus amigos va a la casa y escucha lo que Adrián pone en el equipo suele soltarle: “¡Qué bien que suena!”.

“Claro, es un vinilo, no la computadora”, piensa en esos casos Adrián, quien así, ante el interés del oyente circunstancial, empieza a dar rienda suelta a explicaciones respecto al disco en cuestión.

Amantes de los discos; el primero de la izquierda es Adrián.

Adrián guarda en su memoria aquellos viejos tiempos en San Fernando, provincia de Buenos Aires, de donde es oriundo, cuando se tomaba un colectivo junto a su hermano para ir a la disquería El jardín musical, un clásico de esa ciudad, en busca de casetes, primero, y luego, cuando el bolsillo lo permitía, algún vinilo.

Ese es el espíritu que, con el Club del Vinilo, buscan atesorar mediante encuentros como el de hoy, donde también habrá DJs y músicos en vivo. 

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