2025-02-15

Terror cordobés en Bariloche

Un libro enmarcado en lo siniestro se presentó en el Puerto San Carlos

Miguel Ángel Barroso es un enfermero cordobés que presentó un libro en Bariloche, pero no de enfermería… ¡de terror!

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Si bien vive en la ciudad de Córdoba, es oriundo del interior profundo de aquella provincia. Nació en una pequeña localidad llamada Rosales, en 1985.

Su adolescencia la pasó como pupilo en un colegio secundario, donde, cada día, durante dos horas, debía permanecer en lo que denominaban “la sala de estudios”. Era el sitio donde  tenía que hacer la tarea y, si sobraba tiempo, leer algún libro.

“Ahí empecé a leer cosas como 'El diario de Ana Frank', muchos textos de historia, cosas sobre la Segunda Guerra Mundial… lo que había”, cuenta Miguel Ángel.

"Después, cuando viajé a Córdoba capital, empecé a elegir qué leer”, señala. Y su gusto, indefectiblemente, apuntó al terror, o al suspenso denso, estilos que adoptaría luego para su propia escritura.

“La literatura que leía me llevó a tener ganas de escribir. Conocí talleres literarios y a gente que escribía. Desde hace un par de años, comencé a tomar la cosa un poco más en serio, porque me gusta y hace bien”, explica. 

Así, nació “El cielo de nuestras casas”, donde muestra su faceta de cuentista. “Antes había publicado en antologías, pero este es mi primer libro publicado”, detalla.

El autor y la obra.

La presentación en Bariloche se realizó en el Puerto San Carlos.

Si bien a la obra le está yendo bien, con críticas elogiosas, lo que ha llevado a que realizara diversas charlas en varias ciudades, el encuentro en esta parte de la Patagonia tuvo un motivo especial: su esposa, Julieta Henkel, es barilochense.

Desde hace quince años, ella vive en Córdoba. Allá se conocieron y residen, pero un par de veces al año se acercan al sur, donde Julieta tiene sus orígenes.

“No me gusta rotular lo que hago, pero los lectores lo definen como terror, aunque acá los muertos no asustan, sino los vivos”, explica el escritor.

En cuanto al libro bautismal de Miguel Ángel, hay una característica que lo marca: sus protagonistas, mayormente, son niños o adolescentes.

Por ejemplo, ahí está el nene –convertido en narrador – que, al inicio del cuento La primera noche de los muertos, revela: “El primer cadáver que vi fue el de mi abuela. Sentí un alivio muy grande cuando mamá me avisó de su muerte. Yo estaba en el patio de la escuela; regaba la huerta, hacía mucho tiempo que no llovía”. 

Y, más allá de esa referencia específica a lo mortuorio, en los textos de Miguel Ángel, el miedo no viene por el lado de los que se fueron, sino de los que permanecen. “No me gusta rotular lo que hago, pero los lectores lo definen como terror, aunque acá los muertos no asustan, sino los vivos”, apunta el escritor.

En cuanto a la utilización de la niñez, señala: “Me parece que el niño conoce el miedo verdadero, el puro… El fantasma no asusta, los nenes le temen a alguien que es conocido y, de un momento para otro, se torna desconocido. Eso se ve claramente en mi libro. El miedo a lo desconocido, que si bien en un adulto puede aparecer, en el niño está más a flor de piel; los chicos son más vulnerables”.

Miguel Ángel en Bariloche, una ciudad a la que está unido a partir de su esposa, Julieta, que es oriunda de la ciudad.

“Creo que uno escribe para exorcizar sus miedos”, reconoce, y vincula lo que hace artísticamente con su labor como enfermero: “Creo que gran parte de lo que escribo se debe a mi profesión, porque estoy en contacto con la muerte, y si bien en los cuentos no me refiero a temas vinculados a la medicina, la inspiración parte de mucho de lo que vivo”.

Cabe destacar que Miguel Ángel fue incitado a publicar “El cielo de nuestras casas” por el también cordobés Luciano Lamberti, ganador del premio Clarín de Novela 2023, a quien conoció por un taller literario. 

Entre sus autores argentinos predilectos, además del propio Lamberti, cita a Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Mariano Quirós y Selva Almada. “Los leo y releo porque se aprende de ellos”, afirma.

Por otra parte, dice ser un seguidor del “gótico sureño norteamericano”, es decir, el género que se desarrolló a fines del siglo XIX y principios del XX en el sur de Estados Unidos, caracterizado por la descripción de ambientes opresivos y personajes perturbados, que tuvo en William Faulkner y Carson McCullers a dos de sus mayores exponentes. “El espacio geográfico, en mis cuentos, es un protagonista más”, indica Miguel Ángel, encontrando un punto de contacto con aquel estilo.

A modo de conclusión, para que no queden dudas acerca de su perfil creativo, asevera: “Me gusta leer y escribir sobre terror, lo siniestro, lo oscuro”.

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