Beletzky dice que se necesitan aviones de mayor envergadura para combatir el fuego: “Los ‘fumigadores’ que hay ahora no sirven”
Hace varios años que el ambientalista y exguardaparque Alejandro Beletzky, al referirse al modo de combatir los incendios en la Argentina, señala que, para mejores resultados, se necesitan aviones muy distintos a los que se usan en la actualidad.
Es decir, es un tema sobre el que pone el acento una y otra vez, más allá de que en el momento de sus declaraciones haya o no algún sitio afectado por el fuego. Por ejemplo, en agosto de 2021, sin ningún incendio en desarrollo, más allá de recalcar que existían deficiencias en la posible detección temprana de los focos, sostenía que, frente a un inconveniente de envergadura, “los avioncitos” usados por el Estado no servían.
En tal sentido, indicaba que, para él, lo ideal era que Argentina adquiriera aviones Bombardier 415 (antes denominados Canadair CL-415, por la fábrica de aeronaves civiles y militares de Canadá, que, en 1986, se privatizó y pasó a funcionar con la nueva denominación).
Beletzky ya había hablado de esas aeronaves el año anterior, es decir, 2020, cuando sostuvo que el Estado argentino tenía que comprar tres y distribuirlas por el país de acuerdo a la época de incendio, ya que el gasto que implicaba afrontar lo que sucedía por no contar con el equipamiento adecuado era mucho mayor. En ese momento, retóricamente se preguntaba: “¿Cuánto cuestan el avión y el equipo necesario para su funcionamiento?, ¿y cuánto vale lo que se quemó, la plata para intentar sin éxito apagarlo, las casas que arruinan, las vidas que se pierden?”.
El Bombardier es un avión anfibio con una capacidad de almacenamiento de 6137 litros. Retira el líquido de cualquier superficie de agua lo suficientemente grande como para que pueda realizar la toma y despegar. Lleva a cabo la absorción durante el aterrizaje, mediante dos sondas retráctiles montadas tras el rediente de la quilla, operación que hace en movimiento, mientras navega a unos sesenta nudos, lo que permite el llenado de los depósitos en doce segundos.
“En cambio, los avioncitos chicos tienen que bajar en un aeropuerto para cargar agua y volver a levantar vuelo”, diferenciaba Beletzky en 2021. Poco después, se desataba el fuego en la zona de los lagos Martin y Steffen. Ante la situación, el ecologista le escribió una carta a quien estaba a cargo del Ejecutivo nacional, Alberto Fernández, donde, más allá de otros requerimientos, insistía en la necesidad de contar “en forma urgente con aviones hidrantes del tipo del Canadair CL-415, o sus homólogos que la Fuerza Aérea Rusa tiene a ese fin”.
En diciembre de 2021, en una entrevista con El Cordillerano, quien era viceministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, Sergio Federovisky, ofuscado decía: “Creo que hay una gimnasia poco responsable que, sin fundamentos, ante la presencia del fuego, acusa que falta algo que, casualmente, es lo que no está. Si pusiéramos solo helicópteros, dirían que faltan aviones; si pusiéramos solamente aviones, dirían que faltan helicópteros; si pusiéramos otra cosa, dirían que faltan cohetes a la luna”.
Pero, puesto en la encrucijada de tener que expresar si aquellos aviones de gran porte a los que se refería Beletzky serían o no de utilidad en determinados incendios, como el de aquel entonces, respondía: “La verdad es que no me parece sensato especular sobre algo que no tenemos en este momento a mano”.
Ahora, al ser consultado sobre el tema, Beletzky reafirma su posicionamiento, a la vez que indica que existe otro avión, denominado Beriev B-200, diseñado en Rusia, que es más económico que el Bombardier y cuenta con mayor capacidad de carga.
El exguardaparque señala que esa aeronave puede cargar hasta 12 mil litros de agua, y destaca que tiene capacidad para llevar hasta 70 pasajeros. “Podría salir del aeropuerto con los combatientes, dejarlos en la costa del lago, cargar agua y tirarla en el fuego”.
“Los ‘fumigadores’ que hay ahora no sirven”, asegura Beletzky.
“Tiran sólo 2 mil litros y tienen que tener cuidado con las alturas”, asevera.
Además, expresa que esa cantidad de líquido “llega en forma de llovizna”.
“Eso lo único que hace es atemperar el calor, pero no apaga el fuego”, recalca.
“En cambio, un Bombardier, que arroja 6 mil litros, o un Beriev, con 12 mil, frenan el fuego para que puedan llegar las cuadrillas”, contrapone, y sentencia: “Hace un mes y pico que se están gastando miles, por no decir millones de dólares, tirando agua que resulta inútil”.
En tal sentido, indica que desde el Estado hicieron otras adquisiciones en lugar de realizar las de esos aviones que hubieran servido para combatir las llamas: “Compraron F-16 innecesarios que valen tres o cuatro veces más”, se lamenta, al evocar la operación vinculada al área de Defensa.
“Yo trabajé en incendios forestales con los antiguos Canadair (los antecesores de los Bombardier), porque en 1981 y 1982 habían contratado dos que usábamos en Parques, y era impresionante cómo paraban el fuego. No lo apagaban, porque no existe ninguna operación aérea que lo haga; quienes hacen eso en realidad son los combatientes, ya en el lugar, pero esos aviones lo frenan, lo ‘clavan’, dan tiempo para desplegar herramientas como motobombas, llegar, apagarlo y asegurarlo”, desarrolla.
“La Argentina hace años debería haber comprado aviones Bombardier o Beriev”, determina.
“¿Alguien puede ponerle un valor a las casas incendiadas en Mallín Ahogado, a las más de treinta mil hectáreas quemadas entre Neuquén, Río Negro y Chubut? ¿Quién se anima a ponerle a eso un valor? ¿Y a los millones de árboles, a los cientos de miles de aves y mamíferos que mueren?”, concluye Beletzky, en respuesta a aquellos que hablan del gasto que implicaría adquirir los aviones a los que hace referencia.