Don Bosco y la magia
Pocos, en Bariloche, al pasar por donde se ubica el Colegio Don Bosco, deben relacionar al creador de la Sociedad de San Francisco de Sales con la magia.
Sin embargo, el vínculo existe.

Teniendo en cuenta que, para muchos, lo mágico remite a una ciencia oculta, conectar al fundador de la orden salesiana con el ilusionismo hasta podría resultar una herejía. ¿Cómo explicarles, entonces, que hoy –31 de enero– se celebra el Día Internacional del Mago en honor al santo, remitiendo a la fecha de muerte, que ocurrió en 1888?
Según cuentan, Don Bosco, desde chico, había sido captado por el hechizo de la magia.
Por ejemplo, dicen que sabía un truco de cubiletes y también hacía aparecer monedas en las orejas de las personas, cosas que observaba en las ferias de la época y él repetía luego por su cuenta.
Después, aquello le serviría para atraer la atención de los jóvenes, siempre con la intención de afianzar su acción evangelizadora.
Durante un congreso de magos en Segovia, en 1953, lo declararon patrono de los ilusionistas.
Los magos, incluso, tienen una oración especial para el santo:
Tú que también fuiste mago
y por tu noble labor te convertiste en santo,
haz que la labor que hago
por lo menos logre mitigar un llanto.
Que toda la habilidad
que brote de mis manos
se convierta en caridad
y amor a mis hermanos.
Tú, que supiste aliviar abandono y zozobra,
permíteme continuar con mi magia tu obra.
Y así, siguiendo tu ejemplo,
me acercaré al Ser Supremo
haciendo de la magia un templo
para el pobre y el enfermo.

Alrededor del mundo, son muchos los ilusionistas que, antes de salir a escena, se encomiendan a Don Bosco rezando esa plegaria.