ENTREVISTA EXCLUSIVA
Grabois en Bariloche: “Milei es una serpiente que va dejando huevitos por todos lados”
Luzbelito, de Los Redondos, sirvió como un disco de época.
A pura metáfora made in el palacio silente del Indio Solari, la placa atestiguaba lo que sucedía con cierta decadencia noventosa en esta parte del mundo.
Más allá de lo críptica que puede resultar en ocasiones la lírica “india”, en ese caso no quedaba duda acerca de una especie de guía conceptual conformada por ángeles caídos: a veces, simpaticones; mayormente, diabólicos.
“El infierno de Luzbelito es un espejo para nuestra vergüenza”, se leía en el sobre interno del CD.
Y Luzbelito –según rezaba una canción– estaba creído que era el elegido, el que había nacido en Belén.
Juan Grabois, en la Argentina actual, identifica a esa figura con Javier Milei.
Pero, además, relaciona al presidente argentino con quien fue líder del fascismo italiano, Benito Mussolini.
En tal sentido, debe remarcarse que el referente del Frente Patria Grande, a través de sus redes sociales, días atrás apuntó contra el creador de La Libertad Avanza, luego de una defensa del mandatario al magnate Elon Musk, a quien se había acusado de realizar un saludo que parecía nazi. El presidente twitteó: “Zurdos hijos de puta, tiemblen”. Grabois contestó tildándolo de “monito arrastrado que se excita por cada maní que le tira la raza aria y la casta trillonaria”. Y sumó: “A todo Mussolini le llega su Loreto”, en referencia a la plaza de Milán donde se exhibieron y fueron linchados, junto a los cadáveres de otros jefes fascistas, los cuerpos del dictador y su amante, Clara Petacci, en abril de 1945 (en ese mismo sitio, el año anterior, habían sido fusilados quince antifascistas partisanos).

Grabois resaltó que Milei ("le guste o no") debe seguir lo que indica la Constitución.
En la redacción del diario El Cordillerano, de paso por Bariloche (ciudad en la que presentó su libro “Argentina humana”), se refirió a esas comparaciones (¿Milei=Luzbelito? ¿Milei=Mussolini?) y mucho más…
–Recientemente, realizó un posteo referido a Milei donde escribió: “A todo Mussolini le llega su Loreto”…
–Si él se autopercibe fascista, le llegará su Loreto. Esto es muy significativo: yo soy un ciudadano que no tiene ningún rol institucional, no soy diputado ni senador, tampoco ministro; hay un señor que se llama Javier Milei, que es el presidente de la República Argentina, y le guste o no tiene que seguir la Constitución. Él, que es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Argentina, dijo: “Zurdos hijos de puta tiemblen que los vamos a ir a buscar”. Zurdos, para el presidente, somos todos aquellos que no pertenecemos a la derecha; no importa si se trata de peronistas, troskistas, socialistas, comunistas, radicales… A mí, que el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas me diga: “Zurdo hijo de puta, vas a temblar y te voy a ir a buscar”, me parece una expresión fascista. Y creo que al fascismo se lo combate enérgicamente. También considero que la vara para medir las expresiones de una persona es el poder institucional que tiene. Por ejemplo, no es lo mismo un crimen de Estado que uno común. No es lo mismo una agresión de esas características por parte de un presidente que la respuesta de un dirigente que no tiene fueros, custodia ni cargos. Y estoy convencido de que no tengo que andar careteando nada.
–Alguna vez comparó a Milei con Luzbelito, aquel que cree que nació en Belén…
–Para mí, esa frase lo refleja: “Luzbelito está creído que fue él que nació en Belén”. Milei es un fundamentalista de ideas demoníacas. Para él, el planteo de la justicia social es una aberración. Y me refiero a lo demoníaco no desde el punto de vista religioso, sino desde lo filosófico: la atracción del mal, del sufrimiento ajeno; o bien, la eliminación de la dignidad humana, convertir a una persona en otra cosa. ¿Cómo se hace eso? Substrayéndole el reconocimiento social, es decir, sus derechos. Los esclavos no eran considerados humanos, sino una propiedad. Toda la lucha de la humanidad, desde la esclavitud al presente, ha sido por la amplitud de los derechos de la gente, no la reducción. Y la justicia social es precisamente eso. La concepción filosófica de Milei tiene que ver con poner por encima los derechos de propiedad sobre los de los seres humanos. Y esos derechos de propiedad incluso validan los crímenes, la marginación, la exclusión… En definitiva, es el ideal del anarcocapitalismo. Un pensamiento oligárquico, con un uno por ciento –conformado por los grandes capitales– que vive en libertad y anárquicamente, donde no puede haber contrapoderes que lo regulen: ni colectivos, como la comunidad organizada; ni públicos, como un Estado que mínimamente controle los abusos de la oligarquía. Combatiremos esa ideología, que en realidad es un anarcocapitalismo un poco tramposo, porque eliminan las políticas públicas sociales, humanistas, ambientales, pero refuerzan los aparatos represivos del Estado, como la cloaca de la democracia, que es la SIDE (Secretaría de Inteligencia de Estado).
–Plantea un panorama oscuro, sin embargo, a bastante más de un año de los sufragios, Milei cuenta con gran apoyo popular. Es más, si mañana hubiese elecciones es probable que…
–Ganara...
–Entonces…
–Así tuviera el apoyo del cincuenta y cinco por ciento, el sesenta, el setenta o el noventa y nueve, yo igual estaría en contra. A Hitler también lo apoyaban. Y a Mussolini.

“Milei es un fundamentalista de ideas demoníacas”, afirmó el líder del Frente Patria Grande.
–¿Cómo se forma una oposición en este momento? El peronismo, por ejemplo, parece resquebrajado.
–Todo lo que es el campo popular y nacional, con el peronismo como actor fundamental, está roto. Básicamente, por una pérdida del sentido de un propósito, o sea, el para qué hacemos las cosas… Hay disputas de micropoderes. Cuando se entra en las discusiones sobre las listas, que son cuestiones importantes, no existe una idea detrás. Nosotros planteamos una teoría de la representación, que, en realidad, es muy vieja. La creó el peronismo. Antes estaba el cupo sindical, el político y el femenino. (Ahora, por suerte, contamos con la paridad de género, gracias a buenas políticas de gobiernos que respetaban los derechos de las mujeres.) Tenemos la teoría de que también tiene que haber un cupo para los sectores más empobrecidos de la clase trabajadora, como los precarizados, la gente de los barrios populares, de la ruralidad pobre (sean originarios o criollos); también debe existir un cupo para la juventud, y estamos caracterizando una tercera parte como la de los cerebros que no se quieren fugar.
–¿Eso sería a través de representatividad de candidatos?
–Sí. Hay que promover, en los espacios de representación política, a la gente que tiene una experiencia de vida vinculada a haber atravesado algo que sea más que la pertenencia a una “orga” o a un partido.
–Es decir, personas por fuera de lo que comúnmente se entiende por política, aunque ese término en realidad tiene un significado más amplio…
–Exactamente. Diría por fuera de la partidocracia, la politiquería o, si se quiere, de la casta. Hay un staff permanente de la política; siempre las mismas personas, y muy pocas de ellas con un carisma o talento extraordinario, como sí puede decirse de –te guste o no– Cristina (Fernández) o Axel (Kicillof) o incluso Milei. Me refiero a ese staff permanente en el que, por el lado de la derecha, tiene a los Sturzenegger, los Caputo… y a Patricia Bullrich, que se puede cambiar de remera cada cinco minutos sin ningún problema… Y también en el nuestro existe un staff permanente.

Junto a Grabois, la directora del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología y expresidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Adriana Serquis, posible candidata a legisladora.
–¿Será candidato en las elecciones de este año?
–Diría que sí con una certeza de un noventa y nueve coma nueve por ciento. Todavía no sé en qué categoría.
–¿Por qué?
–Hay una sola persona con la que no vamos a competir internamente, Cristina. Si ella va como candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires, en esa categoría no nos vamos a presentar, por respeto a los ocho años en que ella mejoró el país y le dio felicidad al pueblo. En la provincia de Buenos Aires se elegirán solo diputados, no senadores, pero nací en Capital y trabajo allí, por lo cual la ley me habilita a presentarme como candidato a senador por ese distrito. Más allá de eso, iremos con candidatos propios en las provincias. Nosotros planteamos: todos los que estamos en contra de Milei vayamos juntos, pero no revueltos. Es decir, una coalición que tenga internas.
–No exclusivamente peronista…
–Exacto. Que vengan los troskos, los radicales, todos… Pero antes, en una escribanía, firmamos con sangre que nadie votará las propuestas deshumanizantes de Milei. No tendría ningún sentido conseguir diputados o senadores si después se sacaran de encima la bandera que llevaban, se pusieran una peluca y votaran por Milei. Pero no creo que los troskistas quieran ser parte de un frente ni que los demás acepten comprometerse en no apoyar las iniciativas de Milei, así que lo más probable es que si se producen internas se realicen dentro de lo que hoy es Unión por la Patria, por lo que es posible que el espectro se achique. Pero va a haber división. Algún sector pretenderá imponer de una manera no democrática una determinada lista; nosotros plantearemos que si no hay democratización a través de las PASO (primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias) –y, si se elimina esa instancia, por medio de elecciones internas– iremos por afuera con nuestro partido. Los que dividen el voto son los que no aceptan la competencia interna y pretenden imponer, en forma permanente, los mismos nombres del staff político.
–En Río Negro, y puntualmente en Bariloche, en las PASO de 2023 hizo una buena elección…
–En esta provincia sacamos cerca del diez por ciento de los votos.
–¿Por qué cree que en la Patagonia alcanzó ese porcentaje?
–Acá hay un sector muy importante de la sociedad que no está de acuerdo con la cultura del descarte y de la crueldad, con el extractivismo de corto plazo, con que el ambiente sea una moneda de cambio para cualquier negocio. Y esa gente ve que, cuando nosotros hablamos de tierra, techo y trabajo, es porque efectivamente hay familias sin techo, campesinos y pueblos originarios sin tierra, trabajadores sin derechos… En la Patagonia, durante la época de Mauricio Macri, sucedieron cosas muy graves. Acá nomás mataron a Rafael Nahuel, y no en un enfrentamiento, lo fusilaron. Yo no estoy de acuerdo con la forma de actuar de algunas agrupaciones de personas mapuches, pero menos con los crímenes de Estado, que encima se festejan.

“Existe una correlación entre la ideología prefascista, la que fue engendrando el fascismo, y las posiciones públicas del hombre institucionalmente más importante de la Argentina”, opinó el dirigente social.
En ese momento de la entrevista, Grabois evocó una reflexión –muchas veces presentada como poema– que, aunque algunos creen que su autoría pertenece al dramaturgo y poeta Bertolt Brecht, fue concebida por Martin Niemöller, un pastor luterano alemán que permaneció ocho años en campos de concentración nazi. Un fragmento de un discurso suyo traspasó el tiempo. Incluso, al transmitirse de manera verbal, el texto ha tomado y perdido versos, de acuerdo a la coyuntura en la que las palabras se citan. Esta, quizás, sea su versión más conocida:
Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada.
De tal forma, Grabois parafraseó: –Empezaron por los mapuches; después, los zurdos; luego irán por los judíos, porque son nazis… Hay unos cuantos agazapados. Son sobalomos del Estado de Israel cuando mata palestinos, pero, por el otro lado, hacen chistes de judíos…

Cruz en el pecho de Grabois.
–¿Considera que Milei es nazi? ¿Un nazi judío? Suena extraño…
–Milei es un mascarón de proa de un proceso internacional cuasifascista con muchas semejanzas con el nazismo. Además del holocausto al pueblo judío, al que pertenecía mi padre (la religión católica la tengo por mi mamá, pero la identidad del pueblo judío, para mí, es muy importante), el nazismo tiene que ver con atacar a los grupos marginalizados, que no tienen poder. Si los sectores segregados son los migrantes o las personas en situación de calle o los zurdos de mierda, el método nazifascista sigue siendo el mismo, aunque exceptúen a una religión en particular. En la Italia fascista no hubo un plan sistemático al nivel de Alemania para la eliminación del pueblo judío, pero la lógica era idéntica. No es que subestime el componente racial, pero en la idea hitleriana de la vida había superiores e inferiores, y yo no me voy a sacar nunca de la cabeza cuando Milei dijo: “Somos superiores”. El tipo piensa que hay gente superior y otra inferior que no merece la vida. Todas las religiones –la mía también– tienen fundamentalistas supremacistas que creen que cuentan con un destino manifiesto que les permite eliminar al otro. Nosotros combatimos contra eso, creemos en la diversidad, en que no hay una identidad étnica que sea superior a la otra. Desde mi punto de vista, existe una correlación entre la ideología prefascista, la que fue engendrando el facismo, y las posiciones públicas del hombre institucionalmente más importante de la Argentina.
–¿El huevo de la serpiente?
–Milei es una serpiente que va dejando huevitos por todos lados.

“No estoy de acuerdo con la forma de actuar de algunas agrupaciones de personas mapuches, pero menos con los crímenes de Estado”, sostuvo Grabois, en la redacción del diario El Cordillerano.