2024-12-25

COMPRAS EN NAVIDAD

En el supermercado, al borde de un ataque de nervios

Escenas de un día poco recomendable para hacer mandados…

¿Por qué será que, más allá de las previsiones, siempre queda algo para comprar?

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El 24 de diciembre por la mañana, cuando debería ser un momento de tranquilidad, ya pensando en disfrutar la cena de Nochebuena, en realidad sucede que nos acordamos de que, justamente, faltan cosas para completar la mesa.

–¿Cómo? ¿No habías comprado todo? –dice uno de los conyugues, mientras el otro agacha la cabeza para no contestar mal y arranca para el supermercado.

Pero, al llegar, daban ganas de escaparse…

Si bien, según los cajeros, esta vez no hubo tanta gente como en años anteriores, el aumento en comparación con un día normal resultó notable.

Algunos estantes semivacíos, otros con carteles de ofertas de productos como garrapiñadas, mantecol y turrones… Y, claro, personas que llenaban los changuitos, aunque a veces, luego, una vez frente a la caja, o a metros de llegar, dejaban algunas de las cosas recolectadas porque se daban cuenta de que el dinero no alcanzaba o el tope de la tarjeta había quedado atrás hacía rato…

Por ejemplo, puntualmente, en el establecimiento ubicado en Gallardo y Otto Goedecke, a las 12 se vio a un hombre, ya en la cola para abonar, contando billetes (todos de mil pesos), para luego, al mirar el carrito, decidir sacar ciertos productos y dejarlos a un lado.

Y eso se repitió bastante.

Porque una cosa es la intención, y otra, el bolsillo, que muchas veces no suelen coincidir; deseo y realidad no siempre convergen… más bien, se les da por tomar caminos diferentes.

Pero, más allá del factor económico, realizar compras para la mesa navideña en el último día, por lo general, deviene en un dolor de cabeza.

Igualmente, tal como se mencionó que comentaban los propios trabajadores de los supermercados, no hubo tanta concurrencia como veces anteriores… pero no dejaba de haber gente.

Y ese panorama de personas en busca de los elementos faltantes, cosa de que la cena se asemejara más a lo deseado, se percibía desde afuera de los establecimientos, porque el tráfico vehicular alrededor de los supermercados era notable, sobre todo en la zona de Onelli, donde confluían los vehículos que tenían como destino a los super cercanos y aquellos que iban en busca de alguna compra en esa arteria en cuestión.

Entonces, los nervios se crispaban ya antes de ingresar, y, una vez dentro de los supermercados, varios se creían que los carritos eran autitos chocadores. Y no respetaban regla de tránsito alguna. Aceleraban y embestían.

Lo mismo en la cola, como si empujando el carro de quien se ubicaba delante el ritmo se acelerara…

En fechas así, tan dadas a los mensajes de buenos deseos, en ocasiones afloran, desde los rincones ocultos del ser humano, las peores facetas.

Y uno, que en el marco de intranquilidad reinante, aún se mantiene más o menos centrado, sólo esperaba llegar a la caja, comprar lo que el bolsillo permitiera, resignarse a no llevar lo que en realidad quería, volver al hogar y esperar a que llegara medianoche para chocar las copas y decir: ¡Feliz Navidad!

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