2024-12-24

PANORAMA DEL 24 DE DICIEMBRE

Navidad en Bariloche: pueblo y turistas, Onelli y el centro

Un vistazo a dos partes importantes de la ciudad.

El dicho popular señala que Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires.

Emulando la frase, en Bariloche, sus habitantes andan por todos lados, pero, ante ciertas fechas, optan por recalar en la calle Onelli.

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Están, claro, los que se arriman a Mitre, pero, en general, ese espacio se destina más a los visitantes. Y eso se aprecia de un modo especial durante Navidad.

En ese punto hay que destacar que, alrededor del mediodía del 24 de diciembre, aunque no se observó una “avalancha” turística, fueron muchos los caminantes “céntricos” que procedían de otros sitios.

El centro, una opción.

Al cruzarse con los transeúntes, era notable la variedad de idiomas.

La Torre de Babel sin altura edilicia, pero deambulante, trajo consecuencias inesperadas, como, por ejemplo, el incremento idiomático en los arbolitos.

Y no está de más aclararlo: cuando hablamos de arbolitos, no nos referimos a especies arbóreas, sino a esas personas que se dedican a cambiar divisas extranjeras –especialmente, dólares– por la local –el nunca bien ponderado peso, tan menoscabado que ya anda por su billete de 20 mil, el cual equivale a menos que un papelucho con la imagen de Andrew Jackson, séptimo presidente de Estados Unidos cuyo rostro es la efigie que aparece en los 20 dólares–.

Caminando...

Pero todo esto venía a cuenta de que en el día previo a Navidad, en la esquina de Mitre y Villegas, un arbolito, más allá del “cambio, cambio”, y el –a estas alturas, clásico– “troco, troco”, sumó el “change”, destinado a los estadounidenses, e incluso expresiones en hebreo, debido a turistas procedentes de Israel.

Ese mismo “cambiador”, más allá de su actividad, se mostró contento al dedicar “felicidades” por acá y por allá, sumido en el espíritu navideño.

Mitre en Navidad.

A pocos metros, un promotor de una agencia turística, emulando a Papá Noel, sorprendía a los caminantes con un estruendoso “jo, jo, jo” generador de risas que él celebraba.

Y hablando de Santa Claus, durante el mediodía del 24, se lo pudo ver en el radio céntrico en dos versiones totalmente distintas.

En el Centro Cívico, en busca de alguien que se acercara para tomarse fotos junto a él, se lo observó robusto y fortachón.

En cambio, en el cruce de Mitre con Frey, auspiciando una chocolatería, había un Santa flacucho, como si en el Polo Norte hubiese seguido una dieta estricta, o bien que, al toparse con el calor del sur del mundo en esta etapa del año, hubiera sufrido una deshidratación extrema.

Es decir, con seis cuadras de diferencia, se pudieron ver postales diferentes de Santa… Algo así como el antes y el después, pareciendo que San Nicolás hubiese pasado en medio por la Clínica Cormillot.

Reflejo turístico.

Más allá de esos detalles, la calle Mitre fue escenario, entonces, de un andar sobre todo turístico, aunque también barilochenses acudieron en busca de algún artículo en particular.

Y, entre las ofertas, aparte de la de los comercios, estuvieron las de los vendedores que habitualmente colocan sus productos en la vereda, en especial, artesanías, que en esta etapa del año buscan acrecentar las ventas.

Mantas exhibidoras en Mitre.

Entre ellos, Ariel Bistagnino, el escritor que ofrece sus novelas, y también cuentos –en formato de minilibros artesanales–, en la intersección con Villegas.

Para Ariel, según comentó, comienza un momento donde la venta aumenta, ya que en el verano, de acuerdo a lo que percibe, la gente suele prestarle más atención a la literatura, quizá porque muchos entran en época de vacaciones y se toman más tiempo para leer.

Artesanías en el centro.

En Onelli, en tanto, también se notó una gran cantidad de vendedores en las veredas, pero ya no apuntando a souvenirs, sino a la comercialización de productos como cremas corporales o medias, habitual en esa zona, o bien otros que ofrecían manufacturas propias que, dada la fecha, consideraron que podrían tener mayor salida previa la Nochebuena.

Percheros afuera de los locales.

Además, las veredas fueron ocupadas por percheros y cajas exhibidoras pertenecientes a los propios negocios de esa parte de la ciudad, que sacaron sus productos “a la calle”, para que la gente pudiera observarlos al paso, mientras realizaba el resto de las compras para la cena navideña.

Cerezas, frutillas y tomates cherry.

Y, justamente, pensando en la mesa de Navidad, quizá en un postre dulce, muchos pararon a comprar frutillas y cerezas que –sumadas a los tomates cherry para la cena– se ofrecían en Onelli y Moreno.

Vendedor de cuchillos.

Debe recalcarse que, precisamente, Onelli, el 24 por la mañana, al mediodía y durante las primeras horas de la tarde, mostró una cantidad de gente superior a la que se vio en Mitre.

Ofertas en la vereda.

Aparte de los transeúntes, se apreció un tráfico vehicular importante.

Y, claro, la mayoría, que en este caso equivaldría a un “casi todos”, eran habitantes de la ciudad.

Muchos buscaban el mejor precio, la oferta o, simplemente, iban a comprar a aquel vendedor que conocen desde “siempre”.

Almohadones navideños.

En definitiva: Onelli y Mitre, pueblo y turismo… mezclados, pero no tanto.

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